Decadencia de un sábado noche

Van a dar las nueve y ya hace cuatro o cinco horas que es noche cerrada. Para los que no estén acostumbrados, la verdad es que caminar por las calles oscuras de este país te llega a producir un sentimiento de intranquilidad. Por lo menos a mí. Da igual que te cruces con familias que llevan a los niños en el carrito. A veces da la sensación que algún cabrón te puede salir en cualquier momento y mangarte alguna.

Estoy en el tren de camino a mi pueblo. Sábado noche que se va al carajo. Al menos me he podido escapar y mañana podré dormir a gusto hasta que quiera. Otro fin de semana perdido por la zorra de mi jefa. En fín, estoy pensando en comprar una botella de vino para beberme una copa o dos cuando llegue a mi habitación. A relajarse un poco que llevo todo el día encabronado. 

Escribo esto, mitad por desahogo, mitad porque estoy leyendo Trópico de Cáncer, y salvando las distancias, esta es una noche para dejarla plasmada, por solitaria y decadente, no por otra cosa. Ya podía yo estar en el París de los años 20, aún medio muerto de hambre, pero al menos con gente interesante alrededor, aunque fueran putas, como las del amigo Miller.

“No tengo dinero, ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo” Trópico de Cáncer, Henry Miller

No, yo aquí, de camino a un pueblo perdido en el medio de la nada, que además es donde vivo, y encima sólo. Aunque mejor sólo que con gente que no me aporte  nada. No hay peor soledad que esta, la de estar solo y rodeado de gente a la vez.

21:25 – Parado en la estación de Olomouc. Las tiendas ya están cerradas. He ido en busca de una de 24 horas para comprar el vino, pero no he encontrado ninguna. Al final me he tenido que conformar con dos cervezas, lo único que había en la tienda de la estación…

23:12 – Juro que me habría ido a la cama, pero me he sentido obligado, inducido por las circunstancias, a terminar estas líneas en un bar, a la sombra dorada de una rubia espumosa. Lo suyo habría sido haber ido a un garito de mala muerte, y no es que no los haya, pero me he dicho a mi mismo que al menos mis ojos se fueran contentos a la cama y el otro día me quedé con la cara de una camarera del pub donde estoy. Mala idea. Esta lleno de gente, la misma que no veo nunca por estas putas calles. Parece que se han confabulado para venir hoy aquí.

No, me habría tenido que ir al garito de mala muerte para así hacer justicia a esta noche que aún no es noche porque aquí el sol se pone para la siesta y ya no  remonta hasta la mañana siguiente.

No soy ningún Bukowski, ni ningún beatnik, ni tampoco Henry Miller, pero una gran parte de mí querría serlo y así saborear el amargo y real gusto de más noches como esta: de tristeza, soledad y decadencia.

It is going to be 9 pm, and it is already dark for four or five hours. For those who are not used to it, the truth is that walking through the dark streets of this country produce to oneself a feeling of uneasiness. At least to me. Never mind that you can see also some families whit children walking around. It’s just like at anytime some bastard will appear and do something to you.

I am on the train in my way to my village. One more saturday night that goes to  hell. At least i could run away and tomorrow morning I will be able to sleep as long as I want. Another weekend lost because the bitch of my boss. Anyway, I am thinking to buy a bottle of wine and drink a cup or two when I will arrive to my room. Relaxing a little bit because I have been all the day pissed off.

I write this, half to unburden myself, half because I am reading Tropic of Cancer, and overcoming the differences, this is a night to write about, just because lonely and decadent, not for other reason. I wish I would be in París during the 20s, even half -starved to death, but at least with some interesting people around, althought they were whores, as in the book of Miller.

“I don’t have money nor resources nor hopes. I am the happiest man in the world” Tropic of Cancer, Henry Miller

But not, I am here, on my way to a village in the middle of nothing, that is were I live and, furthermore, alone. Anyway better being alone that with people that does not contribute with anything interesting. There is not worse loneliness that this one, to be alone and surrounded by people at the same time.

21:25 – I am in Olomouc train station. Shops are already closed. I went to look for a 24 hours shop to buy the wine but I could not find any. So I have to resign with couple of beers I bought in the shop of the station…

23:12 – I swear I would have gone to bed, but I felt compelled, induced by circumstances to terminate these lines in a bar, by the golden shade of a frothy blonde. I should have gone to a lousy joint, and there are some here, but I told to myself that at least my eyes should go happy to bed, and the other day I kept in my mind the face of one waitress from the pub where I am now. Bad idea. It is crowded. Crowded of that people that I do not never see aroudn this fucking streets. It seems like everybody conspired to come here today.

No, I should go to the lousy joint just to commemorate this night that is not even night because here sun sets at siesta time and then do not come back until the next morning.

I am not any Bukowski, nor a beatnik, nor Henry Miller, but I would really like to be like them and then be able to savor the bitter and real taste of more night like this one: of sadness, loneliness and decadence.

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