Recuerdos de odiseas

Odisea de camino a California (19 Febrero, 2011)Seattle

Empecemos por el principio. Hay una página web llamada craigslists, en la que, entre otras cosas, la gente ofrece sitio en su coche para realizar viajes entre ciudades de Estados Unidos a cambio de compartir gastos de gasolina.

Pues bien, el otro día me puse en contacto con una chica y finalmente quedamos el jueves para salir hacia San Francisco.El miércoles por la tarde la misma chica me dice que se ha rajado uno de los que venía pero que se apunta otra chica, el problema es que viaja con un cachorro (cito textualmente) de 14 meses y que si soy alérgico o me importa. La digo que por mí no hay problema.

El jueves por la mañana al llegar al lugar citado me encuentro con la dueña del coche en cuestión (una punky simpática), otra chica (que de primeras me parece un chico por no decir un monstruo, y mira que me jode faltar o juzgar a la gente por sus pintas pero si os quiero contar esto lo más verazmente posible, no puedo obviar mis sensaciones) punky pero esta a lo exagerado, con rastas cortas llenas de mierda, en muchas de ellas tiene pegadas chapas, cascabeles y movidas, pantalones todo rotos, chaqueta de pintas, bueno en fin, me imagino que os haréis a la idea. Lo que comúnmente se conoce como una “perro-flauta”. Y como no, para corresponder a esa definición, la punky viaja con su “cachorro” de 14 meses, un pitbull gigante, aunque si bien es cierto que bastante tranquilo.

Bueno, con estas arrancamos, salimos de Seattle y nos dirigimos hacia Olympia, la capital del estado de Washington, donde al parecer se va a montar otra persona.

Yo ya no sé lo que esperar.

Llegamos a la ciudad y tras esperar 10 minutos aparece el individuo en cuestión. A primera vista nada del otro mundo, un “hipster”, lo que en España calificaríamos como un “gafapasta”. Parece un tío normal, quitando que al presentarme y tenderle la mano, pasa de ella y me da un cordial abrazo. Un poco extraño pero bueno, aquí debe ser lo normal. Más tarde confirmaría que al nuevo amigo es, sin andarnos con rodeos, TONTO.

En fin, que con estas, este grupo del que involuntariamente formo parte y del que, ya tienen que estar las cosas raras de por sí, soy el miembro más normal, parte hacia el sur con destino a California.

El viaje se va dando decentemente, exceptuando las extrañas conversaciones sobre los sueños (parece ser que gafapasta es experto en el tema), diferentes tipos de drogas y sus reacciones en la mente humana (la punky monstruosa resulta ser un camello que se dedica a viajar por los EEUU proporcionando sustancias psicotrópicas, ah, y además resulta que pese a ser un mastodonte tiene 19 años, ahora entiendo eso que dicen que los perros se parecen a sus amos) y demás hablares de los que yo me autoexcluyo.

Tras 16 horas de viaje, a eso de las 5 de la mañana, llegamos al destino del gafapasta, el cual me ha hecho el relevo y está ahora conduciendo. Se supone que tiene que ir a una urbanización a las afueras de San Francisco, la cual se encuentra en un monte, que ríetete tú de los laberintos para ratas. De noche, lloviendo y cuatro personajes y un perro (que no se si parece que hemos salido de un circo o de la cárcel) dando mil vueltas en busca de una calle que no aparece. Mis compañeros de viaje parece que no son vulnerables al tiempo que va pasando, y mientras buscan la callejuela siguen con sus cigarrillos de liar, con sus conversaciones de alternativos, mientras a servidor se le van hinchando los huevos de manera notable.

A la hora y media ya por fin el amigo gafapasta cede y opta por que le dejemos en una cafetería del pueblo.
Así pues las punkys y yo continuamos nuestro camino.

Llegamos a San Francisco, donde entramos por el mítico Golden Gate, y buscamos un parque donde la punky-monstruo nos ha dicho que es fácil aparcar (bueno, también nos cuenta que se puede dormir en él sin problemas, dónde están los baños públicos, etc etc. Sus conocimientos de persona sin techo).
Efectivamente, después de un par de vueltas de rigor, encontramos aparcamiento y salimos del coche, yo deseoso de estirar las piernas y tomarme un café lo antes posible.

Pues bien, las punkys optan por fumarse un poquito de marihuana que la camello lleva, y sin la cual se ve que no pueden sobrevivir a este mundo sádico y cruel. Y allí, en el mismo parque, se saca la tía una pipa de los más yonqui y se pone a darle al peta. Todo ello en un contexto de frío invernal en el que yo me estoy quedando pajarito.
Dejo a la imaginación de cada cual los pensamientos que en ese momento se me pasaban por la cabeza.
Al final nos vamos a una cafetería de un barrio hippy de San Francisco. Y cuando digo hippy, es pero que muy hippy. Mucho viejo con coleta, barbas y pintas. Hippys de la vieja escuela. 

Golden Gate

Como los de ese capítulo de los Simpson.
Nos da tiempo a que uno nos cuente que hace poco han pegado un tiro a un amigo suyo por desavenencias con el dueño de una tienda que al parecer además, es un conocido del barrio de toda la vida. 

En los EEUU los vecinos arreglan sus problemas a su manera…

En fin, que una odisea más para la colección.

Me voy al catre que todavía no he dormido. Otro día, cuando lo conozca, os cuento como es San Francisco.
Buenas noches.

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