A Borja de Blas

Recuerdo los primeros años de universidad. Borja de Blas y servidor quedábamos para ir juntos en su coche (y más tarde también en mi flamante Renault 19) a esas vespertinas clases, la mayoría de ellas soporíferas y a la postre bastante inútiles, que constituían la carrera de periodismo. Recuerdo con gran cariño esos viajes de automóvil en los que muchas tardes de Blas y yo comentábamos entre risas que si hubiera una cámara en el coche grabando nuestras conversaciones saldríamos ambos escaldados. También su empecinamiento en poner la música de Sabina todos los santos días y mi obcecación, tras un viaje de ecuador de carrera a Punta Cana, en irritar sus oídos con las mismas canciones caribeñas jornada tras jornada.

Pequeños momentos que amenizaban el camino a esas ‘lecciones’ que en un futuro no nos servirían para nada. Pero si bien, la mayoría nos escapábamos a la cafetería a jugar al mus y hacer el idiota, Borja se quedaba estoico e inasequible al desaliento (expresión que aprendí de él, en nuestras tardes domingueras en Radio Laguna) en esas clases mortales de Paco Pepe o Margarita, para después además dejar que fotocopiáramos sus apuntes. Un jodido grande.

Hablo en pasado recordando momentos vividos con mi amigo Borja de Blas, como si este hubiera muerto. Pero no es así. Es más, probablemente hoy empiece a estar más vivo que nunca. Los que sí que se pueden dar por muertos, profesionalmente hablando, son los directivos que en el día de hoy han decidido despedir a mi amigo de su trabajo en Castilla y León Televisión. Ya hay que ser idiota. Primero fue Santiago Burgoa, otro gran compañero de esa infame carrera de la Universidad de Valladolid, el mítico Putas, con un carisma y una cara que muchos otros profesionales querrían para sí, y hoy de Blas, el único de todos nosotros que a mi entender venía teniendo, ya nada más empezar la carrera, verdadera vocación de periodista.

Como digo, no te preocupes demasiado de Blas, solo lo justo. Probablemente hoy empiece de verdad un camino que desde nuestros años mozos universitarios viene marcado con una estrella periodística. Si de verdad queda alguien en nuestro siniestro país de pandereta al que aún le importa la profesión, tendrás trabajo en menos tiempo de lo que tarda Seno en guiñar un ojo.

Ánimo de Blas. Desde las pérfidas tierras inglesas te mando un fuerte ‘Aufbrazo’.

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