Cierto día cualquiera…

Tirorarirorariro, tirorarirorariro,… Sobresalto.

4:10 AM. Alcanzo el móvil a mi derecha y apago la alarma. Me cago en la santísima madre del inventor del café, en la reina de Inglaterra y en el rey de España mientras una ligera claridad se entromete por las arrugas de la cortina bajada de mi ventana, que da al número 67 de la calle Tottenham lane en lo alto de una calle en cuesta que por la izquierda va a dar al barrio de Crouch End y por la derecha, a unos 15 minutos andando o exactamente a 4 paradas del bus rojo de dos pisos de la línea regular número 41, a la estación de metro de Turnpike lane, zona 3, en la línea Picadilly de color azul oscuro en los mapas, para más señas.

Poso los pies en mi alfombrilla gris de pelos suaves que le compré por 7 libras a un árabe en una tienda de Wood Green Avenue ante la sensación de malestar que me proporcionaba el levantarme por las mañanas a horas similares y pisar directamente el frío y crujiente suelo de madera de mi habitación. Me pongo mis alpargatas del Primark y voy al baño, viendo que un día más afuera está lloviendo ya que hay un pequeño charco en el hall de mi casa, producido por una gotera que cada día tiene peor color y aspecto ya que el dueño de mi casa hace oídos sordos a las insistentes demandas de mi compañero de piso de que suba y eche un vistazo. O al menos eso dice mi compañero de piso.

Entro en el baño y hago de vientre mientras miro los azulejos con forma de cara de las paredes. Me lavo la cara. Me amaso el quiqui del pelo, que vuelve a su estado inicial nada más quitar la mano. Vuelvo a la habitación, me visto, meto en la mochila todas las nóminas de los meses pasados ya que hoy planeo ir a la oficina de Revenue and Customs para que me digan si me pertenece alguna devolución de tasas y en ese caso hacerla efectiva, porque la pela es la pela. Desayuno un smoothy, un yogur de chocolate y dos galletas, todo ello traído a casa por uno de mis compañeros de piso. Hago una nota mental de comprar más galletas porque me siento culpable ya que se las estoy acabando, aunque previamente hemos quedado en que todo es de todos menos mi jamón serrano, mi lomo y mi chorizo, los cuales están prohibidos para todo el mundo excepto en los días que me siento generoso.

Salgo de casa y espero 4 minutos al autobús 41 que me lleva camino a la parada de Archway. Escucho en ipod dos canciones de The Specials que me descargué ayer porque uno de mis clientes de la cafetería con el que me llevo bien y que es bastante majete es el batería de dicho grupo. Me bajo en Archway y espero 11 minutos al autobús N20 que me lleva camino a la parada de Camden Town. Me bajo en Camden Town stop S y camino 1 minuto hasta Camden Town stop X donde espero 5 minutos hasta que llega el bus 31 que me lleva camino a la parada Primrose Hill Road, donde me bajo. Camino otro minuto y llego al Starbucks donde trabajo, donde espero otros 3 minutos a que llegue mi compañera que tiene las llaves.

Han pasado una hora y veinte minutos exactamente desde que me levantara y ahora empiezo a trabajar. Después de preparar la tienda, las puertas se abren a las 6:00 AM. Comienzan a llegar clientes que van de camino al trabajo. Un gilipollas va de camino al gimnasio. La rutina es la siguiente: Good morning, ¿qué le pongo? – Un café con leche. – ¿What size do you want? – Emm, Grande.- Ok ¿Quiere probar el nuevo café de Kenia que tenemos? – No. El café de siempre.- Ok, señor. ¿Lo toma aquí o para llevar? – Emm, para llevar.- OK ¿Me puede decir su nombre? – Emmm, Gareth.-  Thank you Gareth, ¿Quiere algo más, para desayunar? – Emm, ponme un Blueberry Muffin.- Ok en total van a ser 4 libras con 40. Gracias. Y esta es la rutina con pocas preguntas. Nota mental, si yo fuera un cliente que por alguna siniestra razón viene a las 6 de la mañana a tomar un café y me avasallan con todas las mismas preguntas que me veo obligado a recitar, les mando a tomar por culo y me vuelvo a la cama.

Pasan las horas y van desfilando personajes variopintos. No falta gente maja, tocacojones, clientes regulares que te sorprenden de repente llamándote por tu nombre, el cual, todo hay que decirlo, lo voy mostrando en la chapita negra que cuelga de mi delantal verde. No falta el niño que llora, la torpe que derrama el café en el suelo, la que se lleva el café de otro y hay que repetirlo, Tim Burton afuera caminando cabeza baja mirando al suelo, Toni, el viejete pesado que me habla de fútbol, Brian, un tipo majete que me llama irónicamente Happy David, Frank que al How are you siempre contesta Always Good, Darsi, la niña mimada que para hacerse la interesante toma Cappuccino one and a half shot of coffee, soya milk wet. En fin, no falta nadie.

Ahora ya son las 11:30 y acabo de currar. Me cambió y me voy. Salgo camino de la Oficina de Revenue and Customs, para lo cual tengo que andar 15 minutos y luego coger el bus 24 hasta Warren Street. Me bajo una parada antes porque me confundo. Me jode. Ando y me dirijo al susodicho edificio. Entro, pregunto y no es aquí es la puerta del al lado. Gracias. Salgo. Entro en la puerta de al lado. A la izquierda una hilera de compartimentos abiertos casi todos ocupados por gente hablando por los teléfonos que hay en cada uno de ellos. A la derecha dos mujeres negras sentadas en dos sillas hablando de sus cosas. Hola buenos días, vengo a preguntar si todo está en orden con mis nóminas y si me pertenece una devolución de tasas. La señora me da un papelito en el que está escrito en letras grandes y negras: *191. Me señala la hilera de compartimentos y me dice que vaya a uno vacio y marque el código en el teléfono. Lo hago y se pone un paisano que me da los buenos días y me pregunta qué quiero. Vuelvo a explicar lo que quiero. Me hace varias preguntas más intentando comprobar que digo ser quien soy. Me dice que vale que todo en orden, que me espere un momento que va a comprobar si esta todo en regla con mis tasas. 5 minutos de musiquita.  Me dice que todo en regla con mis tasas y que no me pertenece ninguna devolución. Le doy las gracias y me voy. Nota mental: he tenido que venir a una oficina en el centro para llamar a un teléfono para que un tío me diga que todo en orden. Bien.

Cojo el autobús 134 de camino a Archway. Me siento en el piso de abajo al fondo y se me cierran los párpados. Abro los ojos y una señora mayor se ha sentado en frente. Me mira. Me da igual. Sigo dando cabezadas hasta que llego a Archway station. Me bajo. Veo que aún no viene el bus 41. Cruzo la calle y entro en el supermercado. Compro las galletas, naranjas y plátanos porque hay que comer sano y dos tubos de patatas Pringels porque están de oferta y si compras uno el otro sale gratis. Pago y salgo. Espero al bus 41. Cuando llega me monto, abro uno de los tubos de Pringels y como alguna. Pienso si cuando llegue a casa me voy a echar la siesta directamente o voy a comer primero. Cuando llego a casa finalmente como primero dos envases de pasta con chorizo que mi compañero de piso trajo ayer de su tienda, porque le dejan llevarse comida que va a caducar.

Termino de comer. Me voy a mi habitación. Me pongo el pijama y me duermo. Son las 2 PM. Me despierto a las 5 PM. Me quedo en la cama, enciendo el ordenador y veo una película. Acaba la película, me levanto y me voy al sofá con el ordenador.

Son las 20:04 PM. Acabo de escribir esto. Abro una cerveza.

Tirorarirorariro, tirorarirorariro, Startle.

4:10 AM. I reach the phone at my right and I turn off the alarm. Fuck the blessed mother of the inventor of coffee, the queen of England and the King of Spain while some light intrudes by the wrinkles of the curtains of my window, which overlooks the number 67 of Tottenham lane in the top of a street that on the left faces Crouch End neighborhood and on the right, about 15 minutes walk or just 4 stops of the red double decker bus of the regular line number 41, the underground station Turnpike lane, zone 3, on the Picadilly line dark blue colour on the maps, to be exact.

I step in my grey soft custom rug that ties the room together which I bought for £7 to an Arab in Wood Green Avenue just because the feeling of unease that I use to feel some similar mornings when I directly step on the cold and crispy wood floor of my room. I wear my sandals from Primark and I go to the bathroom, seeing that today it’s raining outside as there is a small puddle in the hall of my house, produced by a leak that each day has worse color and appearance as the owner of my house is deaf to the insistent demands of my flatmate to come up and take a look. Or so says my flatmate.

I go into the bathroom and shit while I look to the face shapes of the walls. I wash my face. I try to comb my messy hair, which returns to its initial state immediately after I remove my hand. I return to the room, get dressed, put in the backpack all payrolls of the past months because today I am planning to go to the office of Revenue and Customs to ask if I have any tax refund and then make it effective, because money is money. For breakfast I have a smoothy, a chocolate yogurt and two chocolate cookies, all brought home by one of my flatmates. I make a mental note to buy more cookies as I feel guilty because im finishing with them, although we have previously stayed that everything belongs to everybody but not my jamon serrano, my lomo ibérico and my chorizo, which are banned for everyone except the days I’m feeling generous.

I leave home and I wait four minutes to bus 41 which takes me to Archway. I listen two songs from The Specials im my ipod which I downloaded yesterday because one of the customers with whom I get along well and is quite nice guy is the drummer of the band. I wait for another 11 minutes in Archway to the N20 bus that takes me to Camden Town. I get off the bus on Camden Town stop S and walk 1 minute to Camden Town stop X where I wait 5 minutes more until the bus 31 comes and takes me to Primrose Hill Road, where I get off again and walk 1 minute to the coffee shop where I work. Then I wait 3 more minutes for my colleague as she has the keys.

Exactly an hour and twenty minutes after I got up I start working. After preparing the store, the doors open at 6:00 AM. Customers start coming on their way to work. An asshole is on his way to the gym. The routine is as follows: Good morning, what would you have? – A latte. – What size do you want? – Emm, Grande -. Okay Want to try the new Kenyan coffee we have? – No. The usual coffee-. Okay, sir. Do you take it here or to go? – Emm, take away -. OK. Can you tell me your name? – Um, Gareth -. Thank you Gareth, would you like anything else for breakfast? – Emm, get me a Blueberry Muffin -. Ok total will be 4 pounds 40 Thanks. And this is the routine with few questions. Mental note, if I were a customer that for some strange reason comes at 6 am in the morning for coffee and I am overwhelmed with all the same questions I am compelled to recite, I would say fuck you all and would go back to sleep.

Time flies and characters pass by. Nice folks, ‘balls breakers’, regular customers that surprise you suddenly calling you by your name, which, I must say, I’m showing hanging from my green apron. Some child crying, awkward guy spilling coffee on the floor, the one who takes the wrong coffee, Tim Burton walking out head down looking at the floor, Toni, old nice fella talking about football, Brian, a cool guy who calls me ironically Happy David, Frank who always answers to my ‘How are you’ with an ‘always Good’, Darsi, the spoiled girl that just to feel herself more interesting asks for a Cappuccino, one and a half shot of coffee, soya milk, wet. Everybody is there.

So now is already 11:30 and I finish. I change my clothes and leave. I go to the Revenue and Customs Office, for which I have to walk 15 minutes and then take bus 24 to Warren Street. I stop in the previous stop. It sucks. I walk into the building. I ask in reception and this is not the place, is the next door. Thank you. I go next door and get inside. To the left a row of open compartments almost all occupied by people talking on phones that are in each one of them. To the right two black women sitting on two chairs talking about their lifes. Hi, good morning , I come to ask if everything is in order with my payroll and if I should ask for a tax refund. The lady hands me a slip of paper on which is written in big black letters: * 191. She points her finger to the row of compartments and tells me to go to an empty one and enter the code on the phone . I do so and suddenly a guy start talking and asks me what I want. Again I explain what I want . He makes ​several more questions trying to verify my identity, then tells me to wait so he will check if everything is ok with my payrolls. Music sounds for 5 minutes. Finally he tells me everything is in order with my taxes and I do not have right to any tax refund. I thank him for the info and leave. Mental note: I had to come to an office in the center to make a phone call so a guy can tell me that everything is in order with my taxes. Interesting.

I take the 134 bus to Archway Road. I sit down at the bottom of the down floor and my eyelids start getting tired. I open my eyes and an old lady is sitting in front of me. She looks at me. I do not give a shit. I keep nodding until I get to Archway station. I get off. I see that the bus 41  is not there yet. I cross the street and walk into the supermarket. I buy cookies, oranges and bananas because you have to eat healthy and two tubes of Pringels because are on sale and if you buy one the other is for free. I pay and leave. I wait for the 41 bus. It arrives and I get in. I start thinking wether when I get home I’m going directly for a nap or I’ll eat first. When I get home finally I eat two packages of pasta with chorizo that my flatmate brought yesterday.

I finish eating. I go to my room. I wear pijamas and I sleep. It’s 2 PM. I wake up at 5 PM. I stay in bed, I turn on the computer and watch a movie. Finish the movie, I get up and go to the couch with the computer.

Is already 20:04 PM. I finish writing this bullshit. I drink a beer.

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