Un vistazo al pasado

Estoy sentado en una terraza con vistas a la Seúl Tower, sin saber muy bien, como de costumbre, cuáles han sido los pasos ya caminados que me han traído hasta aquí.20150524_141729

Un rayo de sol me hace parpadear y de repente me encuentro en Valladolid, en la facultad de Filosofía y Letras, una tarde de hace ya más tiempo del que querría imaginar. En la mesa conmigo hay un grupo de chavales de esos que un buen día la vida pone en el mismo camino que el tuyo y por lo que después hay que estar agradecido.
 
Haciendo el imbécil y jugando al mus. Así recuerdo los días de facultad ahora que estoy aquí otra vez sentado con ellos. Lo demás es secundario.
 
Entre las trampas de Seno y Escorial y los órdagos a pares y a juego se van sucediendo comentarios sobre fútbol y mujeres mayormente y también se van haciendo cábalas: quién será el que llegue mas lejos en este mundo del periodismo para el que se supone nos estamos preparando entre raciones de bravas y juegos de cartas o quién será el primero del grupo en casarse y por ende, quién va a ser el que más se va a emborrachar en la boda o qué tipo de espectáculo (…) se preparará para la virtual despedida de soltero.
 
Fijo la vista en la ventana por un instante y cuando vuelvo a la realidad estoy de nuevo en el presente. Joder. Lo que daría por estar un ratito más allí sentado riéndome con las interminables bobadas que en el futuro acabaremos echando de menos.
 
Pero estoy aquí otra vez, viéndolo todo desde la distancia en el espacio y el tiempo con una perspectiva demasiado extraña.
Veo a todos esos simpáticos imbéciles haciéndose mayores, tropezando (sin que tropezar connote algo negativo) o escogiendo azares dispares que no habíamos previsto aquellas lejanas tardes.
 
Lo veo como si estuviesemos todos en una gran autopista, destino a un futuro que nadie conoce, cada uno en un carril, corriendo todos a diferentes velocidades y parando a veces en la misma estación de servicio para encontrarnos y ponernos al día. Es como si yo observara todo esto desde el arcén de esa autopista, por el que avanzo caminando, poco a poco, saltándome el guardarrail de vez en cuando para echar una ojeada fuera de la carretera. Y desde este arcén a veces no entiendo y muchas otras envidio a esos chavales de antaño que sin darnos cuenta se han ido convirtiéndo en hombres.
 
Y me pregunto con inquietud a dónde nos lleva esta calzada y que más sorpresas nos depara, mientras espero con anhelo la siguiente estación de servicio donde volver a encontrarnos.

I am on a terrace overlooking the Seoul Tower, without really knowing, as usual, how I ended up here.

A ray of sun makes me blink to suddenly find myself in Valladolid, in the Faculty, an evening more time ago than I would like to imagine. At the table with me there is a group of kids from those who one day life puts in the same way as yours and you have to be grateful for it.

Making stupid things and playing mus. So is how I remember those days right now that I’m here sitting with them again. Everything else is secondary.

While Seno and Escorial are trying to cheat on us and the game is going on, we talk about football and women mostly and we also speculate about who will become an important person in this world of journalism for which it is assumed we are preparing ourselves between patatas bravas and card games, or who will be the first of the group to marry and therefore who will be the more drunk at the wedding or what kind of show (…) will be prepared for a virtual bachelor party.

I stare to the windows for an instant and when I come back to the reality I am already back in the present. Fuck. I would give a kidney to be there a little while laughing with all those silly things that we will miss in future.
But I’m here again, seeing everything from the distance in space and time with a really strange perspective.
I see all these nice assholes getting older, stumbling (connoting nothing negative) or choosing disparate ways we had not expected back then in those afternoons.

I see it as if we were all on a major highway, bound for a future that no one knows, each in a lane, all running at different speeds and stopping sometimes in the same service station to meet and catch up. It is as if I observe all this from the side of the highway, where I go by, walking slowly, skipping the guardrail occasionally to glance off the road. And from the side of the road sometimes I do not understand and many others I envy those kids of yesterday who inadvertently have become men.

And I wonder anxiously where is this road taking us and which kind of surprises are still coming, while I look forward to arrive to the next service station where we can meet again.

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