Vamos a generalizar…

Ha llegado la hora de generalizar. Sí, eso que a nadie gusta pero que al final todos terminamos haciendo. Y si hace unos meses era yo mismo quien escribía esto: “…con los prejuicios inherentes que todos llevamos con nosotros y que jamás podremos llegar a dejar atrás, aunque quizás sí puede uno llegar a olvidarse de ellos durante un tiempo, como me pasa cuando viajo. […]”. Soy ahora yo mismo otra vez quien se dispone a despotricar de manera zafia y variada sobre las diferentes nacionalidades que me he ido encontrando por el camino.

Pero esto no son prejuicios. Esto son hechos, amigas y amigos. Hechos objetivos desde mi punto de vista que he ido recolectando de primera mano, muchas veces teniendo por el camino que aguantar a la más atroz de las calañas que forman parte de ese degenerado género humano que habita este planeta.

Y aquí vamos.

Vamos a empezar por los estadounidenses (no hay americano que valga, ni que el puto continente les perteneciese). Los estadounidenses no se callan la puta boca. Estaba yo hace escasos minutos sentado en la azotea del hostal leyendo apaciblemente bajo los últimos rayos de sol de la tarde cuando han aparecido un yanqui y un australiano y se han puesto a dialogar, rompiendo mi paz interior. No habría mayor problema, pero es que los estadounidenses siempre que hablan lo hacen para referirse a ellos mismos y lo guays que son allá en América, cosa que me rompe las pelotas.

Había el otro día un ‘pelos’ en bata aquí en la recepción (nada que ver con el gran Lebowski), con las uñas pintadas y maquillaje a medio desmaquillar (la noche anterior había aparecido vestido de mujer porque iba a una fiesta de drag queen a dar el cante, pero vamos a obviar todo esto). Pues bien, estando yo en la recepción a eso de las diez de la mañana dedicándome a mis asuntos, sin molestar a nadie, apareció el susodicho con las susodichas pintas y con su voz de jodido barítono para empezar a hablar con otro yanqui durante dos horas sobre lo interesante que era su puta vida allí y sus putos estudios en una de las más guays universidades de esa jodida tierra prometida que todo el mundo piensa que es California. Dios, que mala hostia me levantó.

O estando otro día concentrado en unos datos que tenía que meter en el ordenador, una paisana oriunda de Chicago tuvo la feliz idea de bajar a la recepción a contar a todo el mundo que aparecía lo guay que era por haber hecho una ruta en bici por Corea durante cuatro días y lo bien que se sentía de estar ya en la treintena, con la misma energía física de cuando era una jodida veinteañera pero con más seguridad en sí misma y patatín y patatán, la muy pedante. Y así con todos eh, tooodos y cada uno de los personajes que pasaron por la recepción aquel día se fue a la cama con ese nuevo conocimiento vital.

Pasemos a los vietnamitas. Ya os podréis imaginar mi opinión al respecto. Odio a los jodidos vietnamitas. Ruidosos, usureros con aires de superioridad, gitanos del sudeste asiático que me timaron y tocaron los cojones una y otra vez en mi visita a su país. Esta mañana había un grupo de vietnamitas en la recepción del hostal. Tenían un problema y es que se habían presentado en el aeropuerto con su viaje ya comprado a Japón, pero una de ellos no tenía el visado necesario, cosa que no se habían parado a pensar debido a esos aires de superioridad que les da el ser súbditos del tío Ho Chi Minh. No me he dignado a dirigirles la palabra. No me he interesado ni lo más mínimo por su problema. Por muy ruin que todo esto pueda sonar, aún tengo las cicatrices de esa guerra personal con Charlie demasiado frescas como para que alguno de ellos me parezca simpático o al menos no me parezca un hijo de puta.

Por su parte, han sido dos los malayos con los que he coincidido aquí en el hostal. Ha dado la casualidad de que ambos roncaban como osos y para más inri, las dos veces dormían en la litera encima de mí. Ambas noches me dejé los nudillos dando guantazos al colchón para que dejasen de roncar. De las malayas con velo mejor no hablamos. Pero hay un dicho español, eres más feo que un callo…

Los chinos. Los chinos son extraños y como turistas, cuando van en manada, son las personas más odiosas que te puedas echar a la cara. Son vietnamitas elevados a la enésima potencia. Por mi cabeza había pasado la posibilidad de visitar China en verano, pero después de informarme con opiniones varias, creo que no sería capaz de lidiar con los chinos en su propio país.

Conozco a gente rusa y algunos son incluso amigos. Cosa que no quita que los rusos sean unos bordes. El humor ruso está fuera de mi rango de comprensión e incluso diría que del rango de comprensión de muchos otros europeos. Y es que tiene sentido que Putin sea su presidente. Como tiene sentido que Berlusconi lo fuera de los italianos. Y no digo más.

Pero no preocuparse, también hay opiniones y generalizaciones buenas en este texto que puede que me cueste alguna que otra amistad.

Hasta el momento sólo puedo decir buenas palabras sobre los coreanos. También hay que tener en cuenta que pasar de Vietnam a Corea del Sur fue para mí, como en la Divina Comedia de Dante Alighieri, pasar del infierno directamente al cielo.

Los ingleses. Después de mi estancia en Londres he llegado a entender e incluso puedo decir que me gustan los ingleses.

Respecto a los franceses hace ya mucho que cambié de opinión y pasaron de desagradarme bastante a gustarme. Y las mujeres francesas no tienen pelos en los sobacos. Bueno, haberlas las habrá, pero yo creo que es más una leyenda urbana de la España franquista…

He tenido la suerte de que la mayoría de españoles con los que me he cruzado durante este viaje han sido vascos. Y los vascos son sanotes, son gente campechana y honesta. Los vascos molan mucho.

Y los colombianos me siguen pareciendo de lo mejor. Sin duda.

Espero que nadie se tome a mal las opiniones personales de este texto exagerado, humorístico y sarcástico. Excepto por los vietnamitas, que me dan igual y se pueden ir al carajo.

The time has come to generalize. Yes, that that nobody likes but ultimately all end up doing. And if a few months ago it was me who wrote this: with the inherent prejudices we all carry with us and we can’t leave behind, though one can forget about them for a while, as it happens when I travel. […] “. I am now myself again who is about to rant in a very boorish and varied way about all the nationalities I’ve been meeting on the road.

But these are not prejudices. These are facts, my friends. Objective facts from my point of view I have been collecting firsthand, often having to put up with the most atrocious kind of the degenerate human race who inhabits this planet.

And here we go.

Let’s start with Americans (people from USA, which I will call American in English, although they do not fucking own the continent). Americans wouldn’t shut the fuck up. A few minutes ago I was sitting on the roof of the hostel reading peacefully under the last rays of sun in the afternoon when have appeared a Yankee and an Australian to start talking, breaking my inner peace. There would be no big deal, but is that Americans do always talk about themselves and how cool they are there in America, which pisses me off.

There was the other day a ‘deadbeat’ in a robe here at the reception (nothing to do with the big Lebowski), with painted nails and still some makeup in his face (the night before he had appeared dressed as a woman because he was going to a drag queen party to stick out like a sore thumb, but let’s ignore these). Well, when I was at the reception at about ten o’clock in the morning dedicating myself to my own business without disturbing anyone, appeared the aforementioned with his look and his fucking baritone voice to start talking with another Yankee for two hours about how interesting was his fucking life and his fucking studies there in one of the coolest universities of that fucking promised land that everybody think is California. Bloody hell!

Or another day when being focused on some data that had to get into the computer, a Chicago-born compatriot of the deadbeat had the bright idea to go down to reception to tell everyone how cool she was because she had made a route by bike through Korea for four days and how good it felt to be in her thirties, with the same physical energy when she was in her fucking twenties but with more self-confidence and a so pedantic on. And so with all the people, each one of the bloody persons who passed by the reception that day went to bed with this new vital knowledge.

And now let’s go with the Vietnamese. And you can imagine my opinion here. I hate the fucking Vietnamese. Loud, condescending usurers, gypsies from Southeast Asian that ripped me off and broke my balls again and again on my visit to their bloody country. This morning there was a group of Vietnamese at the reception of the hostel. They had a problem. They went to the airport with an already purchased journey to Japan, but one of them did not have the necessary visa, probably because of these airs of superiority given to them by the fact of being subjects of uncle Ho Chi Minh. I have not deigned to talk to them. I have not had the slightest concern about their problem. However mean that all this may sound, yet I have the scars of that personal war with Charlie too fresh for some of them to seem sympathetic to me or at least don’t seem as motherfuckers.

On their behalf, there have been two Malaysians I have met here at the hostel. It has happened that both were snoring like bears and to make matters worse, both times they slept in the bunk above me. Both nights I graze my knuckles punching the mattress above me so that they would stop snoring. Of Malaysian women with veil we better shouldn’t talk. But there is a Spanish saying that starts with, you’re uglier than…

Chinese. The Chinese people are strange and as tourists, when they go in hordes, are the most hateful people you could face. They are Vietnamese elevated to the nth power. Lately I was thinking to visit China in the summer, but after gathering various opinions, I think I would not be able to deal with the Chinese people in their own country.

I know Russian people and some are even friends, which does not prevent the Russians to be boor people. Russian humor is out of my range of understanding and I would even say out the range of understanding of many other Europeans. And it makes sense that Putin is their president. As it makes sense that Berlusconi was the President of the Italians. And I say no more.

But don’t you worry; there are also good reviews and generalizations in this text that may cost me some friends.

So far I only can say good words about Korean people. Coming from Vietnam to South Korea was for me like in the Divine Comedy of Dante Alighieri to pass from Hell straight to Heaven.

The Brits. After my stay in London I have come to understand and I can even say that I like the Brits.

Regarding the French, it has been long since I changed my mind and went from dislike them to like them a lot. And the French women do not have hairy armpits. Well, some may have, but I think it’s an urban legend from the time of Franco…

I’ve been lucky that most Spaniards with whom I have come across during this trip were Basques. And Basque people are wholesome, cheerful and honest. The Basques are cool a lot.

And Colombians still seem to me the best. Definitely.

I hope nobody will take these opinions as a personal offense, as they are kind of exaggerated and sarcastic. Except for the Vietnamese, whom I don’t care and they can go and fuck themselves.

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Un Comentario

  1. Nekane

    Ahí va la hostia pues!
    Me he reído un rato con este post y me recuerda alguna reflexión que también he hecho sobre las distintas nacionalidades que me he ido encontrando y las diferencias en los caracteres. Porque cuando viajamos por muy abiertos de mente que estemos y seamos o intentemos ser tolerantes, a quién vamos a engañar, todos en algún momento hemos hecho algún comentario de este tipo ;). Entrando a generalizar también y siguiendo el mismo tono de tu post; con los chinos, yo he notado una brecha bastante grande, me ha resultado siempre muy difícil llegar a ellos. En cuanto a los estadounidenses, no sé, a mí personalmente me revienta cuando responden “American” cuando se les pregunta de donde son. Coño, pero de qué parte de tooooooooooodo el continente….

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