Categoría: Divagaciones

Bueno será recordar

Estoy cansado. No es nada malo. Tan solo cansado. Estado, más mental que físico, en algún lugar que no sé my bien como describir.

Me gustaría contar tantas cosas… Tratar de explicarlas con palabras que no encuentro y que si encontrase, de todas formas, dudo que alguien las entendiera.

Dejo un azul perfecto. Dejo un blanco-amarillento perfecto. Dejo un verde perfecto. Dejo la perfección hecha personas e instantes.

Estoy feliz, pero es una felicidad confusa. Felicidad de matices. Felicidad mezclada. Felicidad extraña.

Decía que volví a buscar preguntas sin respuesta y encontré algunas respuestas pero su certeza es banal y temporal y temo que desaparecerá o terminará escondiéndose en los pliegues que dejará el paso de los meses.

Y todo seguirá confuso y yo seguiré vagando por los rincones del mundo buscando algo que quizás no existe para mí.

Probablemente, fuera de mi mente, todo esto que escribo no tendrá mucho sentido para el que lo lea y yo seré tan solo alguien con muchos ratos libres, un vago dirán algunos, escribiendo boludeces para parecer más interesante.

Puede ser. Es algo fácil de decir y a mí ya me da igual lo que se diga.

Continúo. Me centro en esa felicidad extraña y continúo. Porque ni el cansancio es suficiente para pararme.

Pienso en el siguiente destino mientras un puntito de tierra se difumina tras la calima que deja una lluvia débil y va quedando poco a poco atrás.

Fue bueno venir. Fue bueno volver. Bueno será recordar.

I am tired. It’s not bad. I’m just tired. A state, more mental than physical, situated somewhere I don’t really know how to describe.

I would like to tell you so many things… Try to explain you with words that I cannot find and if I found, anyway, I doubt someone would understand them.

I leave a perfect blue. I leave a perfect yellowish-white. I leave a perfect green. I leave perfection made of persons and instants.

I am happy but is a confuse happiness. Happiness with hints. Well-mixed happiness. Strange happiness.

I said that I came back to look for questions with no answer and I found some, but its certainty is banal and temporary and I am afraid that it will end up banishing or hiding in the folds made by the months passing by.

And everything will be still confused and I will be still wandering by the hideouts of this world, searching for something that maybe does not exist for me.

Probably, out of my mind, all of this I am writing is not making any sense for the people that are reading it and I am just someone with a lot of free time, a bum some will say, writing bullshit to look more interesting.

It could be. Is something easy to say and I actually don’t care about what it is said.

I keep going. I focus on that strange happiness and keep going. Because tiredness is not enough to stop me.

I already think in the next destination while a small dot of land becomes blurry under the haze that a weak rain leaves and slowly I left it behind.

It was good to come. It was good to come back. And good will be to remember.

Historia de una isla

“In watermelon sugar the deeds were done and done again as my life is done in watermelon sugar”

Iba a intentar narrar las experiencias vividas en una isla de Malasia en la semana que he estado en ella. Iba a decir que me he reencontrado con ese yo que me gusta y me he reconciliado con el género humano gracias a la buena gente que he conocido. Iba a decir que he visto tortugas, peces de colores y tiburones, como llegaban tormentas y luego se iban, el mundo al revés tumbado en un kayak y un futuro que me gustaba a través de burbujas de oxígeno debajo del agua. Iba a contar muchas cosas pero hay tantos detalles y matices que lo que contara no se reflejaría bien ni en mil páginas en prosa. Sin embargo el otro día sentado en un sofá, sin otra cosa que hacer que mirar al mar, me salió esta especie de poema. Espero que os hagáis a la idea.

Oteando fijamente el horizonte
los azules del cielo y el mar ya no se distinguen uno del otro.
Las dimensiones pierden todo el sentido que algún día tuvieron
y las locuras se esconden, algo calmadas,
para aparecer solo en sueños extraños que te recuerdan
que la realidad sigue ahí fuera acechando y esperando a atacar de nuevo
con golpes de sensatez y estúpido sentido común.

Y yo quiero seguir aquí, en esta nube que todo lo envuelve.
Sin saber.
Sin querer saber.
Sin la necesidad de saber.
Tan solo estar.
Tan solo ser.
Ser una nada en la nada del todo.
Al menos un ratito más.

“In watermelon sugar the deeds were done and done again as my life is done in watermelon sugar”

I wanted to explain the experiences I have lived in an island in Malaysia in the week I have spent in there. I was going to say that I have been reunited with the self I like and I have reconciled with the mankind through the good people I’ve met. I was going to say I’ve seen turtles, colorful fish and sharks, as storms came and then went away, I saw the world upside down lying in a kayak and a future that I liked through oxygen bubbles underwater. I wanted to tell lots of things but there are so many little details and hints that couldn’t be properly explained, not even in thousand pages. Anyway, the other day sitting on a sofa, with no more to do than look to the sea; it came to my mind this kind of poem. Hope you can imagine.

Staring the horizon
the blue from the sea and the sky cannot be distinguished anymore one from the other.
Dimensions loose all the meaning they had once
And craziness hides, little bit chilled,
to only appear again in weird dreams that remind you
that reality is still out there stalking and waiting to hit again with punches of
judgment and stupid common sense.

And I just want to be here in this cloud that covers everything.
Not knowing.
Not wanting to know.
With no need to know.
Just being here.
Just being.
Being nothing in the nothingness of everything.
At least for a little while.

Hormigas

Vago por ciudades que no conozco observando a gentes dispares caminar a mi lado. Y cuanto más camino y observo más convencido estoy de que todo esto no tiene ningún sentido y somos una plaga de animalillos asustados sin ninguna razón de ser.

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Y de repente una mirada me hace dudar.

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I wander around cities I don’t know, observing disparate people walking at my side. And the most I walk and observe, the most I am convinced that all this doesn’t make any sense and we are a plague of little scared animals without any purpose.

And suddenly a woman’s glance makes me wonder.

Por allí enfrente sale el sol

Susurros. Voces que vienen a la mente desde algún remoto lugar. Temblor que comienza en los tobillos y me sube por todo el cuerpo. Y ahí está, una vez más, la carretera, tan sensual y atractiva como siempre, haciendome señas con el dedo para que me acerque. Y yo tengo que hacer caso. No queda otra. Soy un esclavo de la libertad que me proporciona

Sobre Seúl, ahora que me voy, tan solo parafrasearé a Kundera. 

” …No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos…”

Y ahora, el camino lógico al seguir la luna toda la noche me lleva hasta un sol naciente que promete más aventuras. Japón, ahí vamos.

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Whispers. Voices that come to my mind from some remote plances. A tremor that begins at my ankles and goes up throughout my entire body. And there it is, once again, the road, so sensual and sexy as usual, beckoning with her finger for me to come. And I have to go. There is no other way. I am a slave of the freedom she gives me.

About Seoul, now that I am leaving, I will just paraphrase Kundera:

“…it is not necessity but chance which is full of charm…”

And now, the logical way after following the moon all night takes me to a rising sun that promises more adventures. Japan, here I go.

Una tarde interminable

Empiezo a currar a las cinco de la tarde. Hoy toca recepción. A priori espero un día tranquilo. Viene un grupo grande de gente y dos o tres personas más. Lo demás será sentarse en frente del ordenador y esperar a que pase la tarde.

Me preparo el cafelito, tuerzo el cuello hasta que oigo los cracks de rigor, me siento frente a la pantalla y comienzo la jornada con las noticias (el mundo sigue igual de jodido que ayer).

He de confesar que normalmente cuando estoy currando pongo el CCTV, que vienen a ser las cámaras de seguridad en los pasillos del hostal, y observo a la fauna que se hospeda con nosotros cual documental de la dos.

En esto que de repente veo movimiento. Un grupo grande de coreanos se aproxima. La manada se para, observa el edificio y acto seguido entra directamente en los pasillos sin pasar por la recepción, la cual está en el sótano y a la que se entra por una puerta a parte en cuya entrada hay un letrero luminoso con las palabras “RECEPTION”. Pues bien, ningún miembro de la manada capta el mensaje luminoso y yo me digo a mi mismo – “les va a ir a buscar su puta madre, ya lo encontraran”.

Sigo pendiente del monitor cuando para mi sorpresa en la entrada secundaria aparece otro personaje que pronto se une a la manada en busca de ese santo grial que ahora es la Recepción, donde mientras tanto un dios cabrón que todo lo ve (que viene a ser un servidor) se está descojonando mirando la confusión que reina en el lugar.

El nuevo paisano se da una vuelta por todos los pisos y finalmente baja hasta la planta baja, sale del edificio, se para frente a la puerta de la recepción con el letrero, mira al edificio otra vez y se vuelve a encaminar hacia él. Mientras en la recepción se oye un sonoro ¡Uuuuui!! (soy yo).

Pasados como 5 o 7 minutos la cosa deja de ser divertida y me digno a salir de la recepción en busca de la manada y, como una especie de mesías, les muestro el santo camino para que se registren. El grupo coreano ocupa seis habitaciones. Una ya no la quieren y tampoco quieren pagar hasta mañana, imagino que para negociar el precio con el dueño. Pues vale.

Una vez registrado el grupo le toca al otro paisano. Un americano. Comienza bien la cosa… “Vengo de Ucrania…bueno…de Crimea…y estoy un poco confundido con el idioma….
¿me entiendes si hablo rápido no?…” (- _ -) Me dice que tiene una reserva. Lo compruebo y veo que no. Lo compruebo tres veces más y nada. Me dice que sí, que ha reservado para cuatro noches en una habitación individual y que el total de la reserva es de 50 dólares. Le digo que nones, que ese es el precio por una noche y que me enseñe e email de confirmación, que por supuesto no tiene. Me empieza a regatear y me dice que es mochilero y que le haga un buen precio. Le digo el precio para una habitación compartida de 6 camas. Le digo que le voy a hacer el 10% de descuento. Pero no se lo hago. El dios cabrón hace lo que quiere.

Bueno, parece que vuelve la normalidad a la tarde. Me vuelvo a sentar y mi paz solo se ve alterada por algunas coreanas de la manada que vienen a preguntar por platos, vasos, servilletas, tijeras… Cada cosa de una vez. Lo último que me piden es una carpa, pues están haciendo una barbacoa en la azotea y está empezando a llover. Algún otro dios cabrón riéndose en alguna parte.

Y en esto que llega otro individuo coreano a la recepción, huésped desde hace ya varios días, y mi sentido arácnido se pone en alerta y me dice “este te va a tocar los cojones”. Y efectivamente. (El otro día subí a la azotea a tomarme una cerveza y este elemento estaba allí, algo mamado. Me empezó a preguntar que de dónde era y qué hacía aquí. Al contestarle que estaba trabajando por alojamiento y comida en el hostal va y, mientras se empieza a partir el culo, me salta “entonces eres un esclavo. Jajaja.” No sé bien que cara de mala hostia debí de poner, porque tras quedarme mirándole fijamente sin decir nada, el imbécil este se dejó de reir secamente y me dijo que no, que estaba bromeando. Pues vale.)

En fin, que primero va y me pregunta que cómo se usa la máquina de café (lo cual ya le expliqué). Botón de ON y botón de Café. Luego se pone a cocinar unos noodles y, al intentar echar agua caliente, se confunde y da al botón de echar hielos. Y ahora hay hielos por todas partes. Luego va y me pregunta que si puede encender la televisión. Le paso el mando, la enciende, pone el volumen alto, se sienta 1 minuto a verla y luego se va a un ordenador y empieza a mirar algo en internet. Le digo que si no la va a ver la apago. Vale. La apago. Se va. Vuelve a los 5 minutos. Me vuelve a pedir encender la tele. La enciende y esta vez sí que se queda un rato más largo viéndola.

Intento abstraerme del pelmazo. Viene un nuevo huésped. Brasileño. Le registro y le llevo a la habitación. Vuelvo y han venido otras dos coreanas simpáticas. Las registro también y las llevo a la habitación.

De camino de vuelta a la recepción veo que el cubo de la basura de mi habitación está afuera en el pasillo, cerrado con la tapa y con una nota encima “he vomitado en el cubo. Lo siento”. Me acuerdo que hay una americana en mi habitación que lleva todo el día en la cama.

Vuelvo a la recepción. El pelma sigue viendo la tele. Ahora vuelve otra vez el brasileño. Que si le puedo cambiar de habitación porque no le funciona el agua caliente. Me acuerdo que había algún problema en todo el segundo piso y que no está arreglado. Le digo que se espere y lo arreglo. Llamo al jefe y nos tiramos un rato para dar con el problema pero al final lo arreglamos.

Al volver a la recepción las dos coreanas que acaban de registrarse nos esperan. Que si se pueden cambiar de habitación que hay como arenilla en una de las camas. Parece ser que ha caído del techo. Nada, sin problema, a las coreanas majas lo que quieran.

Vuelvo a la recepción. Estoy hablando un poco con el jefe cuando aparece la americana de mi habitación con un ojo morado (ayer se fue de fiesta con un señor llamado ‘Tequila’ y debió de volver con hambre porque se comió el lavabo con la cara). Nos dice que cree que tiene que ir al hospital porque está vomitando sangre… Al final llama a una amiga que tiene un conocido que es médico (o algo así, porque yo a estas alturas ya estoy muy perdido) y este le dice que se calme y se vaya a descansar otro rato. Se vuelve a la cama.

Yo creo que ya por hoy es suficiente. Me quiero ir a la cama pero el cuerpo me pide una cerveza. Abro el frigorífico y encuentro una litrona que ayer unos huéspedes se olvidaron en el congelador y que esta mañana cambié de sitio. La abro y algún misterioso efecto químico ajeno a mis conocimientos hace que empiece a salir cerveza a raudales y ponga el suelo perdido. Lo limpio, me sirvo un vaso con brumos de hielo y me dispongo a empezar a escribir estas líneas cuando aparece un holandés mamao. “Deiviiiiddd, how are youuuuu mi amigo?…” Y me empieza a contar como ha sido su día… Cuando acaba se marcha, no sin antes ofrecer compartir conmigo sus alitas de pollo y decirme que me vaya de fiesta con él porque es su última noche. Le digo que no.

Son las 12 de la noche. Ya debería haber cerrado la recepción pero quiero terminarme la cerveza. Me dispongo a dar otro sorbo de birra cuando aparece un español que vuelve al hostal tras pasar dos días en la playa. No sabe que debe registrarse en el otro edificio y, por supuesto, tampoco sabe dónde está el otro edificio, así que me toca dejar la cerveza ya por imposible, cerrar la recepción y acompañarle bajo la lluvia. Por el camino nos encontramos con el holandés que también le ofrece irse de fiesta con él. Le dice que sí.

Ahora mismo estoy ya en la cama, terminando de escribir esto. La americana se encuentra mejor. No ha vuelto a vomitar sangre. En mi litera de arriba duerme un mexicano, pero ahora mismo no está. Esta tarde me dijo que se iba de fiesta. Tiene un vuelo a las 7 de la mañana así que estoy seguro de que va a volver borracho perdido haciendo ruido, hará la maleta y se irá. Y por su puesto en ese proceso me despertará y me cagaré en todo.

Eso si no ha salido con un señor llamado Tequila…

I start working at five in the afternoon. Today it’s reception work. A priori I expect a quiet day. It just has to come a large group of people and two or three other guests. I will spend the rest of the time in front of the computer, waiting the afternoon to pass.

I prepare my coffee, I twist my neck until I hear some ‘cracks’, I sit down in front of the screen and start the day with the news (the world is just as fucked up as yesterday).

I must confess that sometimes while working I check the CCTV in the corridors of the hostel, and observe the behavior of the guests walking in the corridors as if I would be watching a wildlife documentary.

Suddenly I see movement. A large group of Korean people approaches to the reception. The herd stops, looks at the building and immediately enters directly into the hall without going through the reception, which is in the basement and in the entrance there is a big illuminated sign with the words “RECEPTION “.

Well, it looks like no member of the herd find the luminous message and meanwhile I say to myself – “shit, I am not going to take them in.”

I am still looking to the screen when, to my surprise, in the secondary entrance it appears another new guest who soon joins the herd in the search of the Holy Grail that now has become the reception, where an evil god who sees everything (which is me) is laughing while looking all the confusion that reigns in this place.

The new guy checks every floor with no luck and finally comes down to the ground floor and out of the building, stands in front of the reception door with the sign and walks away from the it and inside the building again. Meanwhile the evil god is still laughing.

After about 5 to 7 minutes the thing ceases to be fun and I make the effort and leave the desk in search of the herd and, as a kind of messiah, I show them the holy path to the check in. The Korean group occupies six rooms. They no longer need one of them and they want to pay tomorrow morning. I guess this is to negotiate the price with the owner. Well, okay.

Once I check in the group now is the turn for the other guy. An American … And he starts being weird. “I come from Ukraine, well, actually Crimea … and…well … I’m a little confused with the language … Do you understand me if I speak fast … “? (- _ -) He says he has a reservation. I check it and see he has not. I check it three times more, just in case, and he has not. Then he says he booked for four nights a single room and that the total reservation is $ 50. I almost say to him that that is bullshit as that price in that room is just for one night. I ask him for the reservation email. He has not. Then he starts to haggle and tells me that he is a backpacker and asks me to give him a good price. I tell him the price for a 6 bed dorm. I also tell him I will give him a 10% discount. But I do not. The evil God…

Well, it seems the afternoon returns to normality. I sit down again and my peace is disturbed only by some of the herd members that are coming to ask for plates, glasses, napkins, scissors … but not everything at once. The last thing they ask me is a canopy because they are doing a barbecue on the roof and it’s starting to rain. I imagine another evil god laughing somewhere.

And here it comes another Korean guy to the reception, a guest for several days already, and something inside myself tells me “this guy is going to break your balls”. And indeed he does. (The other day I went up to the roof to have a beer and this guy was there, drunk. He asked me what I was doing here. In told him that I am working for accommodation and food and he just began to laugh his head off and then he told me “then you are a slave, hahaha.” I’m not sure how my face was at that moment but I just kept starting very serious at him, and the idiot quickly stopped laughing, apologized and told me he was just joking. Well, okay.)

Anyway, first he asks me how to use the coffee machine (which I already explained to him the other day). Switch it ON and press coffee button. Then he starts to cook some noodles and try to pour some hot water in the pot but he gets confused and pushes the ice button. So now there is ice everywhere. Then he asks me if he can turn the TV on. Ok. He turns it on, watches it for one minute and then goes in front the computer and starts looking something in the internet. I tell him I am turning it off if he is not going to watch it, which I do. He leaves and after 5 minutes comes back and asks me to turn the TV on again. Well, okay.

I attempt to abstract myself from him. Then here comes a new guest, a Brazilian guy. I check him in and led him to the room. When I come back there are two new and nice Korean girls to check in too which they do.

On the way back to the reception I see the trash bin of my room in the corridor, with the lid on and on top a note that says “I vomited in the bin. Sorry “. I remember that there is an American girl in my room that has been all day in bed.

Back in the reception, the tedious Korean guy is still watching TV. Now it comes back the Brazilian guy. He asks me if he can change his room as the hot water is not working there. I remember there was a problem in the entire second floor and it has not been fixed yet. I tell him to wait so I will fix it. I call my boss to help me and after a while we finally do it.

When I return to the reception the two Korean girls who just checked in are there. They ask me if they can change their room as there is some grit on one of the beds. It looks like is falling from the ceiling. No problem. Nice Korean girls will have whatever they want.

I come back to the reception. I’m talking now a little bit with my boss when the American girl from my room appears with a black eye. (Yesterday she went partying with a man called ‘Tequila’ and when she came back she found the sink to close to her face.) She says she thinks she has to go to the hospital because she is vomiting blood. Shit. She finally calls a friend who knows a doctor (or something like that because, to be honest, right now I am already very lost) and he tells her to calm down and go rest again. So she goes back to bed.

I already think it is enough for today. I want to go to bed but my body asks me for a beer. I open the refrigerator and find one bottle that some guests forgot yesterday in the freezer and I changed this morning to the fridge. I open it and a mysterious and unknown chemical effect makes the beer start to come out crazily so now everything is full of beer. I clean it, pour myself a glass with ice included and I am about to start writing these lines when a drunk Dutch suddenly appears. “Deiviiiiddd, how are you my friend? …” And he starts telling me how was his day… He finishes his story and leaves, but before he offers to share some chicken wings with me and asks me to go partying with him tonight, which I refuse.

Now is 12 AM. I should have closed the reception already but I want to finish my beer. I am about to take another sip of beer when a Spanish guy, returning to the hostel after spending two days at the beach, comes back to check in again. He actually should go to our other building but he doesn’t know it and, of course, he doesn’t know how to get there neither. So I just leave my beer, close reception and go walk with him under the rain. Along the way we meet the drunk Dutch who also offers to go partying to the Spanish guy. He accepts.

Right now I’m already in bed, finishing these lines. The American girl feels better. She has not vomit blood again. In my top bunk should be sleeping a Mexican guy, but he is not there. This afternoon he told me he was going to party today. He has a flight at 7 AM so I’m sure he will come back drunk and making noise, will take his backpack and leave. And of course in the process he will wake me up.

That will happen only if he didn’t go partying with a man called ‘Tequila’…

Vamos a generalizar…

Ha llegado la hora de generalizar. Sí, eso que a nadie gusta pero que al final todos terminamos haciendo. Y si hace unos meses era yo mismo quien escribía esto: “…con los prejuicios inherentes que todos llevamos con nosotros y que jamás podremos llegar a dejar atrás, aunque quizás sí puede uno llegar a olvidarse de ellos durante un tiempo, como me pasa cuando viajo. […]”. Soy ahora yo mismo otra vez quien se dispone a despotricar de manera zafia y variada sobre las diferentes nacionalidades que me he ido encontrando por el camino.

Pero esto no son prejuicios. Esto son hechos, amigas y amigos. Hechos objetivos desde mi punto de vista que he ido recolectando de primera mano, muchas veces teniendo por el camino que aguantar a la más atroz de las calañas que forman parte de ese degenerado género humano que habita este planeta.

Y aquí vamos.

Vamos a empezar por los estadounidenses (no hay americano que valga, ni que el puto continente les perteneciese). Los estadounidenses no se callan la puta boca. Estaba yo hace escasos minutos sentado en la azotea del hostal leyendo apaciblemente bajo los últimos rayos de sol de la tarde cuando han aparecido un yanqui y un australiano y se han puesto a dialogar, rompiendo mi paz interior. No habría mayor problema, pero es que los estadounidenses siempre que hablan lo hacen para referirse a ellos mismos y lo guays que son allá en América, cosa que me rompe las pelotas.

Había el otro día un ‘pelos’ en bata aquí en la recepción (nada que ver con el gran Lebowski), con las uñas pintadas y maquillaje a medio desmaquillar (la noche anterior había aparecido vestido de mujer porque iba a una fiesta de drag queen a dar el cante, pero vamos a obviar todo esto). Pues bien, estando yo en la recepción a eso de las diez de la mañana dedicándome a mis asuntos, sin molestar a nadie, apareció el susodicho con las susodichas pintas y con su voz de jodido barítono para empezar a hablar con otro yanqui durante dos horas sobre lo interesante que era su puta vida allí y sus putos estudios en una de las más guays universidades de esa jodida tierra prometida que todo el mundo piensa que es California. Dios, que mala hostia me levantó.

O estando otro día concentrado en unos datos que tenía que meter en el ordenador, una paisana oriunda de Chicago tuvo la feliz idea de bajar a la recepción a contar a todo el mundo que aparecía lo guay que era por haber hecho una ruta en bici por Corea durante cuatro días y lo bien que se sentía de estar ya en la treintena, con la misma energía física de cuando era una jodida veinteañera pero con más seguridad en sí misma y patatín y patatán, la muy pedante. Y así con todos eh, tooodos y cada uno de los personajes que pasaron por la recepción aquel día se fue a la cama con ese nuevo conocimiento vital.

Pasemos a los vietnamitas. Ya os podréis imaginar mi opinión al respecto. Odio a los jodidos vietnamitas. Ruidosos, usureros con aires de superioridad, gitanos del sudeste asiático que me timaron y tocaron los cojones una y otra vez en mi visita a su país. Esta mañana había un grupo de vietnamitas en la recepción del hostal. Tenían un problema y es que se habían presentado en el aeropuerto con su viaje ya comprado a Japón, pero una de ellos no tenía el visado necesario, cosa que no se habían parado a pensar debido a esos aires de superioridad que les da el ser súbditos del tío Ho Chi Minh. No me he dignado a dirigirles la palabra. No me he interesado ni lo más mínimo por su problema. Por muy ruin que todo esto pueda sonar, aún tengo las cicatrices de esa guerra personal con Charlie demasiado frescas como para que alguno de ellos me parezca simpático o al menos no me parezca un hijo de puta.

Por su parte, han sido dos los malayos con los que he coincidido aquí en el hostal. Ha dado la casualidad de que ambos roncaban como osos y para más inri, las dos veces dormían en la litera encima de mí. Ambas noches me dejé los nudillos dando guantazos al colchón para que dejasen de roncar. De las malayas con velo mejor no hablamos. Pero hay un dicho español, eres más feo que un callo…

Los chinos. Los chinos son extraños y como turistas, cuando van en manada, son las personas más odiosas que te puedas echar a la cara. Son vietnamitas elevados a la enésima potencia. Por mi cabeza había pasado la posibilidad de visitar China en verano, pero después de informarme con opiniones varias, creo que no sería capaz de lidiar con los chinos en su propio país.

Conozco a gente rusa y algunos son incluso amigos. Cosa que no quita que los rusos sean unos bordes. El humor ruso está fuera de mi rango de comprensión e incluso diría que del rango de comprensión de muchos otros europeos. Y es que tiene sentido que Putin sea su presidente. Como tiene sentido que Berlusconi lo fuera de los italianos. Y no digo más.

Pero no preocuparse, también hay opiniones y generalizaciones buenas en este texto que puede que me cueste alguna que otra amistad.

Hasta el momento sólo puedo decir buenas palabras sobre los coreanos. También hay que tener en cuenta que pasar de Vietnam a Corea del Sur fue para mí, como en la Divina Comedia de Dante Alighieri, pasar del infierno directamente al cielo.

Los ingleses. Después de mi estancia en Londres he llegado a entender e incluso puedo decir que me gustan los ingleses.

Respecto a los franceses hace ya mucho que cambié de opinión y pasaron de desagradarme bastante a gustarme. Y las mujeres francesas no tienen pelos en los sobacos. Bueno, haberlas las habrá, pero yo creo que es más una leyenda urbana de la España franquista…

He tenido la suerte de que la mayoría de españoles con los que me he cruzado durante este viaje han sido vascos. Y los vascos son sanotes, son gente campechana y honesta. Los vascos molan mucho.

Y los colombianos me siguen pareciendo de lo mejor. Sin duda.

Espero que nadie se tome a mal las opiniones personales de este texto exagerado, humorístico y sarcástico. Excepto por los vietnamitas, que me dan igual y se pueden ir al carajo.

The time has come to generalize. Yes, that that nobody likes but ultimately all end up doing. And if a few months ago it was me who wrote this: with the inherent prejudices we all carry with us and we can’t leave behind, though one can forget about them for a while, as it happens when I travel. […] “. I am now myself again who is about to rant in a very boorish and varied way about all the nationalities I’ve been meeting on the road.

But these are not prejudices. These are facts, my friends. Objective facts from my point of view I have been collecting firsthand, often having to put up with the most atrocious kind of the degenerate human race who inhabits this planet.

And here we go.

Let’s start with Americans (people from USA, which I will call American in English, although they do not fucking own the continent). Americans wouldn’t shut the fuck up. A few minutes ago I was sitting on the roof of the hostel reading peacefully under the last rays of sun in the afternoon when have appeared a Yankee and an Australian to start talking, breaking my inner peace. There would be no big deal, but is that Americans do always talk about themselves and how cool they are there in America, which pisses me off.

There was the other day a ‘deadbeat’ in a robe here at the reception (nothing to do with the big Lebowski), with painted nails and still some makeup in his face (the night before he had appeared dressed as a woman because he was going to a drag queen party to stick out like a sore thumb, but let’s ignore these). Well, when I was at the reception at about ten o’clock in the morning dedicating myself to my own business without disturbing anyone, appeared the aforementioned with his look and his fucking baritone voice to start talking with another Yankee for two hours about how interesting was his fucking life and his fucking studies there in one of the coolest universities of that fucking promised land that everybody think is California. Bloody hell!

Or another day when being focused on some data that had to get into the computer, a Chicago-born compatriot of the deadbeat had the bright idea to go down to reception to tell everyone how cool she was because she had made a route by bike through Korea for four days and how good it felt to be in her thirties, with the same physical energy when she was in her fucking twenties but with more self-confidence and a so pedantic on. And so with all the people, each one of the bloody persons who passed by the reception that day went to bed with this new vital knowledge.

And now let’s go with the Vietnamese. And you can imagine my opinion here. I hate the fucking Vietnamese. Loud, condescending usurers, gypsies from Southeast Asian that ripped me off and broke my balls again and again on my visit to their bloody country. This morning there was a group of Vietnamese at the reception of the hostel. They had a problem. They went to the airport with an already purchased journey to Japan, but one of them did not have the necessary visa, probably because of these airs of superiority given to them by the fact of being subjects of uncle Ho Chi Minh. I have not deigned to talk to them. I have not had the slightest concern about their problem. However mean that all this may sound, yet I have the scars of that personal war with Charlie too fresh for some of them to seem sympathetic to me or at least don’t seem as motherfuckers.

On their behalf, there have been two Malaysians I have met here at the hostel. It has happened that both were snoring like bears and to make matters worse, both times they slept in the bunk above me. Both nights I graze my knuckles punching the mattress above me so that they would stop snoring. Of Malaysian women with veil we better shouldn’t talk. But there is a Spanish saying that starts with, you’re uglier than…

Chinese. The Chinese people are strange and as tourists, when they go in hordes, are the most hateful people you could face. They are Vietnamese elevated to the nth power. Lately I was thinking to visit China in the summer, but after gathering various opinions, I think I would not be able to deal with the Chinese people in their own country.

I know Russian people and some are even friends, which does not prevent the Russians to be boor people. Russian humor is out of my range of understanding and I would even say out the range of understanding of many other Europeans. And it makes sense that Putin is their president. As it makes sense that Berlusconi was the President of the Italians. And I say no more.

But don’t you worry; there are also good reviews and generalizations in this text that may cost me some friends.

So far I only can say good words about Korean people. Coming from Vietnam to South Korea was for me like in the Divine Comedy of Dante Alighieri to pass from Hell straight to Heaven.

The Brits. After my stay in London I have come to understand and I can even say that I like the Brits.

Regarding the French, it has been long since I changed my mind and went from dislike them to like them a lot. And the French women do not have hairy armpits. Well, some may have, but I think it’s an urban legend from the time of Franco…

I’ve been lucky that most Spaniards with whom I have come across during this trip were Basques. And Basque people are wholesome, cheerful and honest. The Basques are cool a lot.

And Colombians still seem to me the best. Definitely.

I hope nobody will take these opinions as a personal offense, as they are kind of exaggerated and sarcastic. Except for the Vietnamese, whom I don’t care and they can go and fuck themselves.

Un vistazo al pasado

Estoy sentado en una terraza con vistas a la Seúl Tower, sin saber muy bien, como de costumbre, cuáles han sido los pasos ya caminados que me han traído hasta aquí.20150524_141729

Un rayo de sol me hace parpadear y de repente me encuentro en Valladolid, en la facultad de Filosofía y Letras, una tarde de hace ya más tiempo del que querría imaginar. En la mesa conmigo hay un grupo de chavales de esos que un buen día la vida pone en el mismo camino que el tuyo y por lo que después hay que estar agradecido.
 
Haciendo el imbécil y jugando al mus. Así recuerdo los días de facultad ahora que estoy aquí otra vez sentado con ellos. Lo demás es secundario.
 
Entre las trampas de Seno y Escorial y los órdagos a pares y a juego se van sucediendo comentarios sobre fútbol y mujeres mayormente y también se van haciendo cábalas: quién será el que llegue mas lejos en este mundo del periodismo para el que se supone nos estamos preparando entre raciones de bravas y juegos de cartas o quién será el primero del grupo en casarse y por ende, quién va a ser el que más se va a emborrachar en la boda o qué tipo de espectáculo (…) se preparará para la virtual despedida de soltero.
 
Fijo la vista en la ventana por un instante y cuando vuelvo a la realidad estoy de nuevo en el presente. Joder. Lo que daría por estar un ratito más allí sentado riéndome con las interminables bobadas que en el futuro acabaremos echando de menos.
 
Pero estoy aquí otra vez, viéndolo todo desde la distancia en el espacio y el tiempo con una perspectiva demasiado extraña.
Veo a todos esos simpáticos imbéciles haciéndose mayores, tropezando (sin que tropezar connote algo negativo) o escogiendo azares dispares que no habíamos previsto aquellas lejanas tardes.
 
Lo veo como si estuviesemos todos en una gran autopista, destino a un futuro que nadie conoce, cada uno en un carril, corriendo todos a diferentes velocidades y parando a veces en la misma estación de servicio para encontrarnos y ponernos al día. Es como si yo observara todo esto desde el arcén de esa autopista, por el que avanzo caminando, poco a poco, saltándome el guardarrail de vez en cuando para echar una ojeada fuera de la carretera. Y desde este arcén a veces no entiendo y muchas otras envidio a esos chavales de antaño que sin darnos cuenta se han ido convirtiéndo en hombres.
 
Y me pregunto con inquietud a dónde nos lleva esta calzada y que más sorpresas nos depara, mientras espero con anhelo la siguiente estación de servicio donde volver a encontrarnos.

I am on a terrace overlooking the Seoul Tower, without really knowing, as usual, how I ended up here.

A ray of sun makes me blink to suddenly find myself in Valladolid, in the Faculty, an evening more time ago than I would like to imagine. At the table with me there is a group of kids from those who one day life puts in the same way as yours and you have to be grateful for it.

Making stupid things and playing mus. So is how I remember those days right now that I’m here sitting with them again. Everything else is secondary.

While Seno and Escorial are trying to cheat on us and the game is going on, we talk about football and women mostly and we also speculate about who will become an important person in this world of journalism for which it is assumed we are preparing ourselves between patatas bravas and card games, or who will be the first of the group to marry and therefore who will be the more drunk at the wedding or what kind of show (…) will be prepared for a virtual bachelor party.

I stare to the windows for an instant and when I come back to the reality I am already back in the present. Fuck. I would give a kidney to be there a little while laughing with all those silly things that we will miss in future.
But I’m here again, seeing everything from the distance in space and time with a really strange perspective.
I see all these nice assholes getting older, stumbling (connoting nothing negative) or choosing disparate ways we had not expected back then in those afternoons.

I see it as if we were all on a major highway, bound for a future that no one knows, each in a lane, all running at different speeds and stopping sometimes in the same service station to meet and catch up. It is as if I observe all this from the side of the highway, where I go by, walking slowly, skipping the guardrail occasionally to glance off the road. And from the side of the road sometimes I do not understand and many others I envy those kids of yesterday who inadvertently have become men.

And I wonder anxiously where is this road taking us and which kind of surprises are still coming, while I look forward to arrive to the next service station where we can meet again.

Razones de sobra

En la distancia, a veces, solo puedo ofrecer mis palabras. Y como los abrazos, confío en que estas perduran. Cuando te vuelva a ver de todas formas te daré un fuerte abrazo. Ánimo Manu.

Cuando ya no importa la razón

y solo se oyen aullidos de dolor del corazón,

los buenos recuerdos se convertirán en razones de sobra.

Cuando cada bocanada de aire duele

y la jodida vida a mierda hiede,

antiguas sonrisas serán razones de sobra.

Cuando los ánimos desfayecen

y las ganas de seguir poco a poco perecen,

las imágenes de Lola en tu memoria serán razones de sobra.

Si es que algo de esto tiene sentido

y los que se fueron nos siguen viendo desde algún paraíso perdido,

cada rayo de sol,

cada gota de lluvia,

cada soplo de aire

y cada estrella fugaz en la oscuridad de la noche,

todo ello serán razones de sobra.

El pastel del espacio (Space Cake)

Estoy tumbado en la cama del hostal. Abro los ojos y todo da vueltas a mi alrededor. Me sorprende la claridad que entra por las ventanas aunque son las doce de la noche.

Intento incorporarme con dificultad pero al final opto por seguir tumbado. Mi cabeza da vueltas y además no deja de pensar en cosas raras. Me empiezo a dar cuenta de que me cuesta respirar. Bueno, no es que me cueste, sino que respiro muy lentamente. Una inspiración cada varios segundos que parecen eternos. Me tomo el pulso. El corazón late correctamente así que se supone que no hay problema.

Giro la cabeza hacia donde duermen mis compañeras de habitación. Parecen completamente dormidas así que no creo que se hayan dado cuenta de mis sonoras inspiraciones. En mi mente aparece la imagen de un bonito amanecer en estas islas a orillas del Mekong en el sur de Laos, mis compañeras que se despiertan tras una buena noche de descanso para encontrar mi cuerpo sin vida en la cama de al lado con una sonrisa irónica en la cara.

Desecho estos pensamientos. Me calmo. Me digo a mí mismo que no pasa nada, que finalmente el Space Cake (Pastel espacial) que me he tomado hace un rato y creí que no iba a hacer efecto ya está funcionando. Me viene a la mente mi amigo Killo en Ámsterdam, despotricando porque los ‘magic mushrooms’ (setas mágicas) que nos habíamos tomado eran un timo y no hacían efecto. Al rato el mismo Killo me entregaba su cartera porque ‘había visto’ a un hombre con una pistola y creía que se la iba a robar. Y un poco más tarde, Killo una vez más se acercaba a mí para decirme con una sonrisa de oreja a oreja ¡Jo Mon, yo quiero estar siempre así!

Me entra un escalofrío que me recorre el estómago. Este no ha estado mal, incluso da gustirrinín. Pero sigo mareado y me jode. Es más, no hay cosa que más me joda que estar mareado en la cama. Comienzo a pensar que igual si como algo dulce, algo con azúcar, se me pasan los efectos. Pero no tengo nada. Espera un momento, tengo chicle.

Abro un chicle y me lo meto en la boca. Un gran chicle púrpura parecido a los antiguos de Boomer. Y aquí estoy, tumbado en la cama de mi habitación, masticando sonoramente este pedazo gigante de chicle para ver si el azúcar ayuda a pasar el mareo. Giro una vez más la cabeza hacia mis compañeras. Siguen dormidas. Tampoco parecen oírme masticar. O quizás si me oyen y se preguntan qué hace este gilipoyas.

Pero me da igual. Todo sea que se pasen los efectos. Pero espera un momento. Me doy cuenta de que se me empiezan a cerrar los ojos por el sueño y viene a mi mente otra imagen: mis compañeras despertándose una vez más por la mañana y encontrándome en la cama de al lado con la cara morada, asfixiado. Me abren la boca con dificultad por el rigor mortis y encuentran una gran bola de chicle púrpura obstruyéndome la garganta.

Caguen la puta. Me saco el chicle de la boca y lo tiro a un lado de la cama. Vuelvo a cambiar de posición en la cama y me animo a mi mismo a tener paciencia, los efectos pasarán. En esto, una de mis compañeras se levanta al baño.

– Oye ¿Te ha hecho efecto esa mierda? pregunto.

– No sé, sí que me estaba emparanollando un poco ahí en la cama.

(Pues anda que si me ves a mi hace un momento masticando chicle como un poseso)

Abro los ojos una vez más para descubrir que ya ha amanecido. Sigo vivo. El único rastro que parece haber dejado el Space Cake es el recuerdo de la paranoia y la boca más seca que un zapato. Yo creo que a partir de ahora mejor seguir a cervezas.

I’m lying in the bed in my room. I open my eyes and everything is moving around me. I’m surprised the clarity that comes through the windows, although is twelve o’clock at night.

I try to sit up with difficulties but finally I opt to continue lying. My head is spinning and it doesn’t stop thinking about strange things. I start to realize that I can hardly breathe. Actually is not that I cannot breathe but I breathe very slowly. I take some eternal seconds for each inspiration. I take my pulse. The heart beats correctly so I guess everything is OK.

I turn my head to where my roommates are sleeping. They seem completely asleep so I don’t think they have realized my loud inspirations. In my mind appears the image of a beautiful dawn on these islands along the Mekong River in Southern Laos, my friends waking up after a good night’s rest to find my lifeless body on the bed next to them, with an ironic smile on my face.

I get rid of these thoughts and calm down. I tell myself that it’s just that finally the Space Cake I have taken a while ago and I thought it was not going to take effect is already running in my head. Suddenly comes to my mind my friend Killo in Amsterdam, complaining because the magic mushrooms we had taken were not working and we were ripped off. A while later Killo came to me and gave me his wallet because ‘he had seen’ a man with a gun and thought he was going to be robbed. And then, again Killo approached to me saying with a big smile, Hey man, I just want to be always like this!

A shiver runs down my stomach. But actually is not bad, I like it. But I still feel dizzy and I hate it. Indeed, there is nothing I hate more than been dizzy in bed. I start thinking that maybe if I eat something sweet, something with sugar, the effects may pass. But I got nothing. Wait a minute, I have gum.

I take a gum and stick it into my mouth. A huge purple gum. And here I am, lying on the bed in my room, chewing loudly this massive piece of gum to see if sugar helps pass the dizziness. I turn my face once again to check on my roommates. They are still asleep; neither seem to hear me chewing. Or maybe they hear it and wonder what this asshole is doing.

But I don’t care. I just want these fucking effects to pass. But wait a minute. I realize that I’m falling asleep slowly and suddenly another image comes to my mind: my roommates waking up again in the morning and finding myself in the bed next to theirs with my face completely black, suffocated. They open my mouth with difficulty because the rigor mortis and find a big ball of purple gum blocking my throat.

Fuck! I take the gum out of my mouth and throw it to the side of the bed. I change position in bed again and I encourage myself to be patient, the effects will pass. Then, one of my roommates gets up to the bathroom.

– Is that shit working on you? I ask her.

– Don’t know. I think I was getting little bit paranoid there in the bed, she replies.

(Well, is good you didn’t see me just a while ago chewing gum like a madman)

I open my eyes again to discover it has already dawned. I’m still alive. The only trace that seems to have left the Space Cake is the memory of paranoia and my mouth which is drier than a flip-flop. I think from now on I better just keep drinking beers.

Miscelanea

1

Estaba en Chiang Mai (ciudad que si leísteis algunos posts atrás sabréis que no me gusto por encontrarla bastante saturada de turistas) y para salir un poco del caos del centro me fui a dar una vuelta y a callejear por una zona un poco más alejada. Caminando por el arcén de una gran avenida de repente vi un templo y entré. Era una especie de complejo en el que un camino asfaltado separaba a ambos lados dos edificios que parecían destinados a viviendas, el templo estaba al frente al final de la calzada y al lado de este había un pequeño edificio que también parecía un templo pero que en su interior contenía un museo de reliquias de antiguos monjes.

Todo estaba tranquilo y quitando un monje sentado en unas escaleras en uno de los edificios laterales, yo era el único que andaba pululando por allí. Entré en el edificio del museo y estaba echando un vistazo a las reliquias cuando de repente me percato que hay una especie de estatua sentada en una esquina en posición de meditación. Al primer vistazo me pareció un muñeco de cera, totalmente quieto y con las facciones completamente relajadas, y me di cuenta que en el otro extremo había otra más, en la misma posición y también completamente quieta. Aquí es cuando empecé a dudar si eran muñecos de cera de un realismo exagerado o si de hecho eran personas de verdad. Me quedé un rato mirando, absorto, fijándome en su pecho y esperando que este diera muestras de respiración pero tras cinco minutos, ambos monjes no parecían respirar. Aquí es cuando dando un paso al frente para situarme mejor pisé una tabla del suelo que crujió y, sobresaltado, decidí salir del museo para no perturbar la meditación de los monjes.

Todavía dudo si eran muñecos de cera o personas de carne y hueso.

2

Hace dos días subía a contracorriente el río Nam Ou, desde Nong Kiau hasta Muang Ngoi Neua. En la barca la mayoría éramos falangs (turistas). Íbamos todos bastante apretados, sentados en unas tablas en el lateral de la barca, mirándonos unos a otros. Era algo incómodo pero el trayecto era de solo una hora, así que no había mayor problema. En frente de mí iba un señor mayor, más de sesenta años, y nada más arrancar empezó a mover las piernas, visiblemente incómodo. Una vez trató de levantarse pero el conductor le avisó de que se sentara hasta que pasásemos unos rápidos. Una vez pasados el hombre se levantó y se abrió paso con cierta dificultad hasta la proa de la barca, donde un hueco en el techo le permitía ponerse de pie. Me imaginé que debido a la edad le dolerían las articulaciones y no le di mayor importancia. Pasado un rato se sentó en el mismo sitio donde se encontraba ahora y me le quedé mirando un rato. De repente se puso blanco y se desvaneció, cayéndose hacia atrás contra algunas mochilas. Un chaval local que estaba a su lado y otro turista le incorporaron con dificultad y le empezaron a masajear el pecho hasta que volvió en sí. Mientras, el conductor de la barca paró en un banco de arena y el hombre ya con algo más de color empezó a vomitar por la borda. Se reanudó el viaje pero el hombre seguía hecho polvo y a ratos volvía a ponerse pálido. Su mujer, a mi lado, impotente y preocupada decía que era diabético pero que no creía que fuera un bajón de azúcar sino un golpe de calor.

Llegamos al pueblo y el hombre se quedó en la barca mientras el chaval local iba en busca de algún médico. Pasado un rato, fui a comer a un restaurante con vistas al rio desde el cual pude ver como el hombre aún seguía tumbado en la barca, que se le llevaba de vuelta río abajo.

Más tarde, en el mismo lugar y tomando un café, empecé a hablar con una chica que estaba en la terraza y que también era española. Resultó ser una enfermera (la única del pueblo) que estaba realizando un voluntariado para una ONG. Era la chica que había tratado al señor y que había aconsejado llevársele de vuelta a Luang Prabang (1 hora en barca más 3 en minibús), pues los síntomas eran de un pequeño infarto al corazón.

La chica me contó que en el pueblo tienen poquísimos recursos, por no decir ninguno. Si la gente enferma, se muere y punto. Tampoco es un problema mayor. La muerte es una parte más de la vida. Daba la casualidad que en el pueblo llevaban tres días de celebraciones por la muerte de un paisano. La gente se extrañaba al contarle la enfermera española que en Occidente la muerte es una tragedia. ¿Pero no lo celebráis ni un solo día?, le habían preguntado.

3

Pakbeng es un pueblo del norte de Laos a orillas del Mekong. Es la parada que hace el “slow boat” que viene desde la frontera de Tailandia y llega a Luang Prabang. Tras pasar una noche allí y con un nuevo día de trayecto en el barco por delante hasta llegar a nuestro destino, una pareja inglesa que había conocido antes y un servidor, compramos una botella de Lao Lao (whisky de arroz típico de Laos, bastante fuerte) para pasar mejor el tiempo. Y sorbo a sorbo fueron pasando las horas.

Llegados a Luang Prabang nos dirigimos al centro y preguntando en los hostales nos dimos cuenta que iba a estar difícil encontrar alojamiento para esa noche, pues aún seguían las celebraciones del año nuevo chino y todo estaba lleno.

Aún esperanzados y con el buen humor por delante, decidimos comenzar un pequeño juego: por cada hostal en el que nos dijeran que estaban completos, chupito de Lao Lao. Tras dos horas de infructuosa búsqueda y con el Lao Lao a la mitad, un paisano paró su tuk-tuk (moto con remolque) frente a nosotros y nos preguntó si necesitábamos habitación. Nos montamos con él y nos llevó a las afueras de la ciudad, una zona ya sin el menor rastro de turistas, y tras una parada en otro hostal que también estaba completo, nos llevó a una especie de casa en la que al parecer tenían una habitación disponible. Toby, mi amigo inglés, se bajó del tuk-tuk para echar un ojo mientras su mujer Rachel y yo nos quedábamos esperando con las mochilas. Al rato vino y apoyándose en el lateral del tuk-tuk, sudando Lao Lao, nos dijo: “La habitación es horrible y muy cara, pero le he dicho que nos quedamos esta noche”.

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Más tarde, una vez de vuelta del centro ya con una habitación en condiciones reservada para el día siguiente, nos dimos cuenta de que el piso de arriba era un burdel. De cualquier manera, el Lao Lao desconectó mi cerebro y esa noche, a pesar de la mierda en las paredes, dormí como un tronco.

1

I was in Chiang Mai (city that if you read few posts back you know that I didn’t like as it was quite saturated of tourists) and just to forget a little bit the chaos of the city center I went for a walk out of there. Walking along the side of a main avenue suddenly I saw a temple and I just went in. It was a kind of complex with an asphalt road and in the sides there were housing buildings, the temple was in the front at the end of the road and next to it was a small building that also looked like a temple but actually it contained inside a museum of relics of ancient monks.

It was quiet and apart from a monk sitting on the stairs in one of the side buildings, I was the only one who was wandering about. I went into the museum building and I was taking a look to the relics when suddenly I realized that there was a kind of statue sitting in a corner in a meditating position. At first glance it seemed like a wax statue, completely still with relaxed factions in the face, and actually I realized that in the opposite corner there was another one, in the same position and completely still too. Here is when I began to doubt whether the wax statues were made so perfectly or they were actually real people. I stood for a moment looking if their chests were breathing but after five minutes, both monks did not seem to breathe. Then I moved and stepped on a floorboard that creaked and, startled, I decided to leave the museum to avoid disturbing the meditating monks.

I still doubt whether they were wax statues or real flesh and bone people.

2

Two days ago I was in a boat going up the Nam Ou river from Muang Khiaw to Muang Ngoi Neua. On the boat we were mostly falangs (tourists). We were all sitting tight, quite uncomfortable but the ride was only an hour, so there was no major problem. In front of me was an older man, over sixty years, who as soon as the boat departed started to move his legs, clearly feeling uncomfortable. He once tried to get up but the driver told him to sit down until the boat would pass some rapids. Then the man got up and made his way with difficulty to the bow of the boat, where a hole in the roof allowed him to stand up. I figured that because of his age his legs would hurt. After a while he sat down again in the same place where he was now and I stared at him for a while. Suddenly he turned white and fainted, falling back against some backpacks. A local guy and a tourist help him to incorporate and began massaging his chest. Meanwhile, the driver of the boat stopped at a sandbar where the man began to vomit overboard. We kept going after a while but the man was knackered and sometimes turned pale again. His wife, helpless and worried, said he was diabetic but she thought it was probably a heatstroke.

We arrived at the village and the man stood in the boat while the local guy went in search of a doctor. After a while, I went to eat at a restaurant overlooking the river from which I could see the man still lying on the boat that eventually brought him back downstream.

Later on I was in the same place having a coffee and I started talking to a Spanish girl who was also there. She happened to be a nurse (the only one in the village) who was doing some volunteer work for an NGO. It was the girl who had checked on the man and had advised carry him back to Luang Prabang (1 hour by boat plus 3 hours by minibus) because the symptoms were of a small heart attack.
The girl told me that they have very few resources. If people are sick, they die, period. It is not a major problem. Death is a part of life. Actually, when I was there people were celebrating the death of someone. People were confused when the Spanish nurse was telling them that for us death is a tragedy. But don’t you celebrate a single day? they asked her.

3

Pakbeng is a town in northern Laos along the Mekong River. It is where the “slow boat” stops when coming from the border of Thailand in the way to Luang Prabang. After spending a night there and a new day boat ride ahead until we would reach our destination, an English couple who I had met before and me, bought a bottle of Lao Lao (typical Lao rice whisky, quite strong) to better spend the idle time. And sip by sip the hours went by.

We arrived in Luang Prabang and asking in hostels we realized it would be difficult to find accommodation for the night, as celebrations of the Chinese New Year were still going on and everywhere was full.

Still hopeful and in a good mood, we decided to start a little game: for each hostel saying they were full we would drink a shot of Lao Lao. After two hours of fruitless search and the Lao Lao half empty, a fellow stopped his tuk-tuk (motorcycle with trailer) in front of us and asked if we needed a room. He took us to the outskirts of the city, an area with already no trace of tourists, and after a stop at another hostel which was also full, he took us to a house which apparently had a room available. Toby, my English friend, got out of the tuk-tuk to take a look while his wife Rachel and I were left waiting with our backpacks. Soon he came and leaning on the side of the tuk-tuk, sweating Lao Lao, he said: “The room is horrible and very expensive, but I told him we are taking it.”

Later on, once back from the city center and with a decent room already booked for the next day, we realized that upstairs in the house was a brothel. Either way, the Lao Lao disconnected my brain and that night, despite the crap on the walls, I slept like a baby.

Ajedrez del camino y el tiempo

    “Ley Thompson de economía del viaje: avance a toda mecha y al final todo se arreglará”
Hunter S. Thompson
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Hoy cumplo el primer mes de viaje. Es difícil darse cuenta de ello cuando aquí los días desaparecen y te levantas por las mañanas sin saber si es lunes o jueves, aunque de todas formas te da igual. Los únicos puntos de referencia temporal aquí son los días que se te acaba el visado y tienes que estar cerca de la frontera.

Una vez más el tiempo vuela y pese a unos primeros momentos de dudas e incertidumbre respecto a la naturaleza de este nuevo viaje, las buenas sensaciones vuelven y la “danza de las ideas y pensamientos” retorna por fin. Un baile de reflexiones sobre la nueva realidad que te rodea, la vida de las gentes de aquí, tu propio camino a través de todo lo que estás viendo e, irremediablemente, las viejas cuestiones sobre lo que vendrá.

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Por otro lado desaparecen varias cuestiones que suelen acompañarnos en otros lares: el ‘qué dirán’, los prejuicios estúpidos sobre nacionalidades y la impaciencia van retirándose poco a poco, como la niebla que surge al amanecer en las montañas y va desapareciendo conforme avanza la mañana para dejar un ambiente cálido que te va envolviendo. Y gradualmente solo va quedando el fluir, el dejarte llevar por lo que el camino decida. Te conviertes en una pieza en el tablero de tu propio viaje que avanza en armonía hacia la siguiente casilla y las decisiones que vas tomando, aunque no lo creas, no te pertenecen. Todo está fijado y lo que tenga que pasar, pasará.

Amaneceres y anocheceres se suceden y hoy, sea el día que sea, la luna llena brilla en el norte de Laos.

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“Thompson law of the economy of travelling: move forward at full speed and at the end everything will be fine”
Hunter S. Thompson

Today is the first month anniversary since I started this trip. It is difficult to realize it when here the days disappear and you get up in the morning not knowing if it’s Monday or Thursday, but anyway you do not care. The only time reference points here are the days that you the visa runs out and you have to be near the border.

Once again time flies and despite some initial moments of doubt and uncertainty regarding the nature of this new journey, the good feelings are already here and the “dance of ideas and thoughts” finally returns. A dance of reflections on the new reality around you, the life of the people here, your own way through everything you’re seeing and, inevitably, the old questions about what will come.

On the other hand, here several issues that accompany us in other places just disappear: what people say, the stupid prejudices about nationalities and the impatience are retreating slowly, like mist that arises at dawn in the mountains and will disappear as the morning progresses to leave a warm atmosphere in which you will be wrapped. And gradually there is only the flow, letting yourself flow over what the road decides. You become a piece on the board of your own journey that progresses in harmony towards the next square and the decisions you make, believe it or not, do not belong to your will. Everything is fixed and what has to happen will happen.

Sunrises and sunsets just happen. And today, whatever is the date, the full moon shines in northern Laos.

Mi abuela Pepita

Era una visita obligada diaria. Era el punto de encuentro. Al acabar el colegio, cada tarde vallisoletana de aquellos años 90, me iría con mi madre y mi hermana a la casa de la Abuela a merendar. Mi abuelo, en el sofá junto a la ventana, ya ciego, escuchando la televisión, entre los gritos de los nietos. Mi abuela llamándome a la cocina y preguntándome si quería el bocadillo de chorizo “¿a lo rico o a lo pobre?”, siendo a lo pobre un trozo gigante y a lo rico un trozo aún más grande.

Qué fácil es ahora para nosotros, ante cualquier problema, decir que estamos deprimidos y bajar los brazos. Mi abuela Pepita nació en el año 22, crió a siete hijos, cada uno con sus locuras, aguantó y vio crecer a 13 nietos, igual, cada uno con nuestras historias, y ha llegado a conocer a 16 bisnietos. Y ante la vida paciencia. Hasta que el cuerpo se va cansando y las piernas ya no funcionan. Y aún flaqueando las fuerzas físicas y dependiendo de los demás, ha sido el nexo que ha mantenido unida a la familia durante todos estos años.

Mi abuela ha hecho de un no tener nada, un darlo todo.

Gracias abuela. Te echaremos de menos.

Abuela

It was a daily must. It was the meeting point. After finishing school, every afternoon of those 90’s in my home city, I would go with my mother and sister to my Grandma’s house. My grandfather was sitting on the sofa by the window, already blind, trying to hear the TV over the grandchildren screams. My grandmother would call me into the kitchen and ask if I wanted the chorizo sandwich “in the rich or in the poor way?” being the poor way a giant piece and the rich way an even bigger piece.

How easy is now for us, when facing any problem, to say that we are depressed and give up. My Grandma Pepita was born in the year 22, raised 7 children, each of them whit their follies, put up with her 13 grandchildren and saw them grow, same, each of us with our stories, and has come to know 15 great-grandchildren. Living this life patiently until the body gets tired and the legs doesn’t work anymore. And even faltering the physical strength and depending on others, she has been the glue that has kept the family together for all these years.

My Grandmother made of having nothing, a giving everything.

Thanks Grandma. We will miss you.

Gracias Londres. Nos vemos

¿Cómo explicarlo? ¿Cómo intentar plasmar en papel ese estremecimiento de emoción, ese subidón de adrenalina interior, ese volver a darte cuenta de que eres libre, de que no hay ataduras, de que puedes hacer lo que te venga en gana y el momento es ahora y por ende lo vas a hacer? ¡Y qué sensación! ¡Qué jodida sensación de felicidad! La gente no se da cuenta de ello porque la monotonía y el miedo les tienen atados al sofá. Pero señores, dejadme deciros que esas cuerdas son de papel y se pueden romper fácilmente. Tan sólo es necesario algo de impulso.

Por otra parte, sobre este océano agitado de bienestar golpean algunas olas tristes de melancolía. Una vez más decir adiós, o un incierto hasta luego, a gente que ha merecido mucho la pena llegar a conocer y de volver a ver. Otra etapa más que se cierra en este viaje a todo trapo por la veintena.

Pero no me puedo parar ahora, aún no. Me niego. Quiero seguir corriendo tras ese horizonte lejano que no creo que llegue a alcanzar jamás pero que estoy disfrutando mucho persiguiendo. Cuando el sol se ponga no me conformo con ser una estrella lejana y estática, sino que preferiría que me comparen con una estrella fugaz que no se detuvo en la oscuridad. “Demasiado extraño para vivir, demasiado raro para morir”, como diría el Doctor.

En fin, voces exóticas de tierras lejanas me susurran al oído promesas de libertad y me tengo que poner guapo para la cita.

Gracias Londres. Nos vemos.

How to explain it? How to try to capture on paper that shudder of excitement, that rush of inner adrenaline, that realizing one more time that I am free, that there are no strings, that I can do whatever I want to and the time is now and thus I am going to do it? And what a feeling! What a fucking sense of wellbeing! People do not realize it because the monotony and fear tie them to the couch. But ladies and gentlemen, let me tell you that these strings are made of paper and can be easily broken. You only need some impulse.

On the other hand, there are some sad waves of melancholy breaking in this ocean of satisfaction. Say goodbye once again, or an uncertain see you later, to people whom it was really worth to meet and to see again. Another closed stage in this trip at full speed through the twenties.

But I cannot stop now, not yet. I refuse to do so. I want to continue running after that distant horizon I don’t think I’ll ever reach, but I’m really enjoying chasing. When the sun will set I will not be satisfied being just a distant and static star, but rather I would like to be compared with a shooting star that did not stop in the dark. “Too weird to live, too rare to die”, as the Doctor would say.

Anyway, exotic voices from distant lands whisper in my ear promises of freedom and I have to go and get dressed for this date.

Thanks London. See you

Polvo en un puntito azul pálido

¿Tiempo de recapitulaciones y nuevos propósitos verdad?

Más vale que nos dejemos de mierdas, compañeros y compañeras. Alguien tiene que decirlo y voy a ser yo. Sin ser quién. Sin ser nadie. En los dos minutos que tardéis en leer este post me autoproclamo en una especie de conciencia general. Me tomo esa libertad.

¿Qué cojones estáis haciendo? ¿Quién mierda creéis que sois?

La función es finita señores. El telón tarde o temprano cae. No vayáis por ahí creyendo que aún queda suficiente guión, porque no lo sabéis. Darlo todo en el jodido escenario porque el autor no dejó escrito cuando termina la historia.

Recapitulad sí, y daos cuenta.  Si pasado mañana empieza un nuevo año no es para hacer propósitos idiotas. Es para hacer propósitos de vida. Y cumplirlos. Y disfrutar. Y no hay lugar a escusas. Y Punto.

Somos jodido polvo ínfimo en un puntito de color azul pálido en el medio de la jodida nada. Que os quede claro.

Personalmente ni hago recapitulaciones ni haré propósitos. El presente irá dictando. Por lo pronto mañana me voy a Republica Checa a pasar la Nochevieja y su consiguiente resaca de 5 días.

¡Espabilad!

 —

Time to recap and to make new purposes right?

We better stop the shit, my friends. Someone has to say it, and that will be me. Even if I am nobody. In the two minutes you will take to read this I proclaim myself the general conscience.

What the hell are you doing? Who the fuck you think you are?

The function is finite my friends. The curtain falls sooner or later. Do not go around thinking that there is still sufficient script because you do not know. Give everything in the fucking stage because the author did not leave written when the story ends.

Recap yes, and realize. If the day after tomorrow starts a new year is not for idiot purposes. It is for living purposes. And make them true. And have fun. There is no place for excuses. Period.

We are fucking tiny dust in a pale blue dot in the middle of the fucking nowhere. Just to be clear.

Personally I will not recap or make new purposes. Present will say. For now I’m leaving tomorrow to Czech Republic to spend New Year’s Eve and its 5 days of hangover.

Wake up!

Echar el ancla y esperar…

Léase con esta música de fondo

Vamos caminando por un paseo que acompaña a las aguas grises y sucias de un canal. Las mismas aguas que en ambas orillas acogen pequeños barcos de formas dispares cuyas chimeneas humeantes dan cuenta de que sus huéspedes tratan de guarecerse de la humedad de estas frías tardes inglesas de invierno.

Más allá, en el otro lado del canal, tierras baldías llenas de rastrojos blancos por la escarcha se expanden hasta un horizonte adornado por torres de fábricas y cables de electricidad. Un antiguo puente de hierro hace de enlace entre ambas orillas y por las vías que alberga, gentes dispares vuelven a casa, después de una jornada más de trabajo en el caótico centro de Londres, en trenes de ventanas iluminadas que pasan chirriando, fugaces.

De repente, en una esquina del paseo, pequeño, coqueto, ajeno al tic-tac perpetuo del reloj, se levanta un edificio de cal blanca cuyo letrero nos invita a echar el ancla y esperar a que algo bueno pase, se entiende, mientras tomas un refrigerio. Entrar en este lugar, cuyo nombre y localización permanecerán secretos, solo dignos de personas que de verdad sepan apreciar sus cualidades místicas, es entrar en un rincón apartado de una memoria arcaica. Es un viaje no sé bien si al pasado o a un futuro pos apocalíptico en el que se han dejado atrás vulgaridades y sandeces innecesarias.

Una oleada de calor proveniente de una chimenea encendida acaricia tu cara, helada por el frío del exterior, dándote la bienvenida. Al momento un rollizo perro blanco viene hacia nosotros moviendo el rabo de lado a lado, alegre de que hayas decidido pararte en su morada. Un perro que a partir de ahora se ha convertido en un fiel amigo y que por ello ha sido doblemente bautizado como Pancho y Salchi. ¡Y qué dicha cuando después descubriremos que Pancho o Salchi es un experimentado prestidigitador que se gana sus merecidos tentempiés realizando elaborados trucos como el de andar a dos patas o tumbarse en el suelo y rodar!

Mientras quedamos anonadados por el ambiente y el contexto, los lugareños asiduos, indiferentes a la tremendamente irreal realidad que les rodea, beben sus cobrizas y pastosas pintas, cada uno concentrado en sus historias, sin darse cuenta de que quizás todos ellos son acólitos, dependientes unos de otros y todos a la vez de esta guarida del tiempo, de procrastinación y de serenidad.

Aquí están todos y no falta nadie. La señora con su maleta llena de gorros y bufandas de chillones colores tejidos por ella misma, que intenta reclamar nuestra atención para que compremos su mercancía y nos explica que ha intentado venderla en los mercados de la ciudad pero que en todos ellos piden pagar primero un tributo concerniente a un inútil seguro quién sabe con qué finalidad más que la de dejar a nuestra interlocutora sin beneficio alguno.

Mientras, pululando de aquí para allá hay un hombre negro que andará por los sesenta años, con su cabeza calva, sus gafas de sol y su impecable traje gris plateado, con uno de esos míticos muñequitos troll de pelos de colores y en punta pegado a la solapa.

También están los herederos de Mad Max, venidos de un futuro sumido en el caos. El primero que parece bastante mayor ya, con su barba blanca cayéndole hasta el pecho, rancio sombrero de ala ancha decorado con recortes de revistas y gabardina larga de lana. El otro con gafas de sol que también cubren el lateral de los ojos, pantalones cortos y por debajo mallas y el pelo con rastras aunque muy probablemente no sean rastras sino mera suciedad acumulada.

Testigo de todo ello desde detrás de la barra es el barman. Una especie de Rosendo de pelos largos, también rayando la edad anciana, con su nariz colorada y estriada que da cuenta de largos años de empinar el codo.

Y no falta ni mucho menos quien para nosotros es sin ninguna duda el protagonista, la estrella, la guinda de este pastel de éxtasis de los sentidos. Un hombre que parecería el más normal de todos si no fuera porque al pasar del tiempo nos damos cuenta de que no habla con nadie. ¿Será sordo? nos preguntamos, pero no, porque percibimos como se balancea al ritmo de la música, que por cierto, es una sucesión de clásicos de rock que constituye la perfecta banda sonora para todo este espectáculo. De repente vemos al paisano escribir en un papel, levantarse y ofrecérselo a uno de los otros personajes, animándolo a que lo lea y dando estridentes y sordas carcajadas al aire. Pero lo mejor está por llegar: el descubrimiento de que su negativa a hablar no es tal y que en realidad es una incapacidad. Vemos como se levanta y con su pinta en una mano y una jeringuilla morada de grandes dimensiones en la otra, se dirige a un rincón frente a nosotros, succiona un tercio de su cerveza con la jeringuilla y se lo inyecta en algún tubo conectado directamente con su estómago. Dejando claro para nosotros y para todo el mundo que la cerveza, amargo elixir de dioses, no es solo digna del sentido del gusto sino que también es un alimento que puede y debe ser administrado aún estando privado de este.

Afuera, el frío sigue arreciando, los trenes chirriantes corriendo y en fin, el tiempo, ese terco hijo de puta, sigue pasando en las calles de Londres y del mundo. Pero no hay que preocuparse demasiado, oh queridos vagabundos sedientos. Pues siempre nos quedará el consuelo de que ahí fuera, camuflados entre los banales edificios de cualquier pueblo o gran ciudad, hay lugares como este, calurosos y místicos, esperando con sus relojes detenidos a ser descubiertos solo por aquellos testigos dignos de su hospitalidad y su magia.

We are walking a road along the dirty gray waters of a canal. The same waters that on both sides of the canal accommodate small and disparate forms boats with smoking chimneys where their guests are trying to shelter from the humidity of these cold British winter evenings.

Beyond, on the other side of the canal, empty lands filled with white stubbles by frost expand to a horizon adorned with factory towers and electricity posts. An old iron bridge is the link between both banks of the canal and on its railways different people come back home after a day’s work in the chaotic central London, in trains with illuminated windows that pass creaking, fleeting.

Suddenly, in a corner of the road, small, cute, oblivious to the perpetual tic-tac of the clock, there is a white building whose sign invites us to drop a metaphoric anchor and hope for something good to happen, while taking refreshment. We enter this place, whose name and location will remain secret, worthy only to people who really know how to appreciate its mystical qualities, and we find a secluded corner of an archaic memory. A journey that I don’t know if is to the past or to a post-apocalyptic future in which vulgarities and unnecessary bullshit have been left behind.

A wave of heat from a burning fireplace caresses your face, frozen by the cold outside, welcoming you. Then a plump white dog comes towards us wagging his tail from side to side, glad because you decided to stand in his place. A dog that from now has become a faithful friend and therefore has been twice named as Pancho and Salchi. And oh what a happiness to discover that Pancho or Salchi is an experienced juggler that earn his well deserved snacks by performing tricks like walking on two legs or rolling over the floor!

While we are amazed by the environment and the context, the regulars, indifferent to the extremely unreal reality around them, drink their coppery and pasty pints, each one of them focused on their own bussiness, not realizing that maybe they are all acolytes, dependent all on each other and all at once in this den of time of procrastination and serenity.

Here they are all and nobody is missing. The lady with her suitcase full of hats and scarves brightly colored knitted by herself, trying to claim our attention to buy their merchandise and explaining how she has tried to sell it in the markets of the city but in all of them they asked her to pay a useless fee concerning an insurance who knows for what purpose more than to leave our interlocutor with no benefit.

While hovering here and there, there is a black man around sixty years old with his bald head, his sunglasses and his impeccable and bright silver gray suit, with one of these mythical troll dolls of colourfull hair attached to the flap.

There are also the heirs of Mad Max, coming from a chaotic future. The first one looks old with his white beard falling to his chest, stale brimmed hat decorated with magazine clippings and long wool coat. The other one with sunglasses that also cover the side of the eyes, shorts and leggings and hair dredges though very probably there are not dredges but merely accumulated dirt.

Witnessing all this behind the bar is the barman. A kind of long hair Rosendo(spanish rockstar), also bordering on old age, with his red and striated nose of hard tipping the elbow over the years.

And of course here is who for us is undoubtedly the star,the protagonist, the cherry on top of this cake of ecstasy for the senses. A man who seems the most normal one of all if it weren’t because over the time we realize that he doesn’t talk to anyone. Is he deaf? we ask ourselves. But no, because we perceive as he sways to the rhythm of the music, which incidentally, is a succession of classic rock songs that forms the perfect soundtrack for this show. Suddenly we see how this guy writes something on a paper, gets up and offers it to one of the other folks, encouraging him to read it with a raucous and deaf guffaw. But the best is yet to come: the discovery that his refusal to talk is not so but actually a disability. We see him getting up with his pint in one hand and a large purple syringe in the other, going to a corner in front of us, sucking a third of his beer with the syringe and injecting it into a tube connected directly with his stomach. Making clear for us and for everybody that beer, bitter elixir of gods, is not only worthy of taste but also a food that can and should be administered even when you are deprived of thi sense.

Outside there, the cold is still raging, trains are still screeching on the railway and time, that stubborn bastard, is still passing by in the streets of London and in the world. But do not worry too much, oh my dear thirsty bums. Because we will always have the consolation that out there, hidden among the banal buildings of any town or big city, there are places like this, warm and mystic, with their clocks stopped and looking forward to be discovered only by those witnesses worthy of their hospitality and magic.

Madurez

¿Qué es realmente la madurez y por qué tengo la sensación de que nunca voy a llegar ni a comprenderla ni a alcanzarla?

Falta poco para mi vigésimo octavo cumpleaños y mi cabeza aún no se hace a la idea de esa cifra. Pero es que tampoco me di o me quise dar cuenta de los demás veintitantos cumplidos, ni cuando aún eran veintipocos. Los años van pasando y en mi cabeza solo hay pájaros que aletean y me hacen volar en sueños. Es más, si volar en sueños contara como experiencia para poder pilotar aviones, hace ya tiempo que tendría las credenciales necesarias.

Por eso sigo preguntándome día tras día qué es la madurez. ¿Se puede ser maduro sin conformarse, o conformarse es esencial para alcanzar la madurez? ¿Entonces si conformarse con algo que realmente no se quiere es madurar, significa que madurar es dar un paso en pro de la infelicidad? ¿Se puede ser maduro y a la vez seguir haciendo la cosas que a uno le gustan? ¿Sí? ¿Dejar un trabajo que me da de comer y me permite pagar un alquiler para irme a viajar a cualquier lugar durante 6 o 7 meses y volver sin dinero? ¿Es madurar saber lo que quieres en la vida? ¿Y si lo que quieres es ser un vagabundo que viaje a dedo por carreteras secundarias, sigues siendo una persona madura?

Me ha dado por pensar que la madurez tiene que ver con el grado de miedo que tenemos al futuro. Cuanto mayor es el miedo a lo que está por venir, más ‘maduro’ y conservador se vuelve uno. Cuanto menos miedo, más ‘inmaduro’. ¿Entonces ser maduro conlleva ser conservador? ¿Me voy a seguir haciendo estas preguntas en cinco años o para entonces ya habré ‘madurado’?

¿Tiene alguien respuestas que me convenzan? Porque si alguien me viene a decir que madurar es conformarse, mi reacción no le va a gustar ni un pelo.

¿Hay solución para este jodido dilema?

¿Sería inmaduro decir que realmente me importa una mierda?

What is really to be mature and why I feel that neither I am going to get to understand it or achieve it?

I am counting down the days for my twenty-eighth birthday and my mind is still trying to figure out that number. But anyway I never realized about my age even when I was in the early twenties. Years go by and in my head there are only birds flapping around making me fly in dreams. Indeed, if flying in dreams count as experience to fly real planes, I would already have the necessary credentials some time ago.

That’s why I keep asking myself day after day what maturity is. Can you be mature without resigning yourself or settle down is essential to be mature? So, if resigning with something that one doesn’t really want is becoming mature, that it means that being mature is taking a step towards unhappiness? Can you be mature and yet keep doing the things you like? Yes? So it is mature leaving a job that feeds you and let you to pay the rent to go travelling anywhere during 6 or 7 months and then come back without money? Is reaching maturity knowing what you want in life? So, what if you want to be a bum traveling hitch hiking in secondary roads? Are you still a mature person?

I have started thinking that maturity has to do with the degree of fear we have of the future. The greater the fear of what is to come, the more ‘mature’ and conservative one becomes. The less fear, the more ‘immature’ one is. So reaching maturity means to be conservative? Will I keep asking myself these questions in five years or by then I will be already mature enough?

Does anyone have answers that convince me? Because if now someone comes to say to me that maturing is resigning, my reaction will not be a good one.

Is out there any solution to this fucking dilemma?

Would be immature to say that I don’t really give a shit?

I’m still here

Hoy hago un año en la bautizada como ‘perfidia’ de un exilio forzado. La duda es si de todas formas y cambiando el destino el exilio hubiera ocurrido. Probablemente sí…

Pero la perfidia aliñada de buena compañía no es tan pérfida ni mucho menos. Y uno sigue sobreviviendo a expensas de los hijos de puta de siempre en el Poder.

Y si no hay oportunidades uno se las imagina y se las crea y se muere antes de excusarse. Y punto. Basta ya de eludir las riendas de nuestro propio destino.

O bien se va uno de cerveceo y que lo den por culo a todo. ¿A quién le importa?

Todavía sigo aquí

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Today I reach a year in the so called ‘perfidy’ of a forced exile. The doubt is if anyway and no matter the destination this exile had occurred. Probably yes…

But the perfidy dressed with good company is not so bad so far. And one is still surviving despite the same son of bitches always in Power.

And if there are not opportunities one just imagines and creates them and dies before excusing himself. Period. Let’s stop avoiding the reins of our own destiny.

Or either let’s go drink beer after beer and fuck it all. Who cares?

I’m still here

Pequeña licencia

Allí estaban, recorriendo caminos que les llevaban de bar en bar, bebiendo con sorbos despreocupados en compañía de otros exiliados forzosos, olvidando las amarguras y ofreciendo sonrisas a la vida. Porque el único futuro, al menos esa noche, era el próximo lugar donde parar a calmar la sed, una sed milenaria de aventuras y desapegos y guiños y amor y sexo que se calmaría un poco más con el siguiente sorbo de cerveza.

Vagabundos en una noche iluminada, con todos los sentidos detenidos excepto el del olfato,  tan solo pudiendo y queriendo oler el atractivo perfume de los misterios desconocidos que están por venir e ignorando voluntariamente y por completo cualquier resaca de un mañana que aún no existía y quién sabe si existiría jamás. Pues no hay peor resaca que la de despertarte sabiendo que el día anterior perdiste una gran oportunidad.

Y por todo ello seguían recorriendo las calles: bebiendo, riendo, amando y olvidando en aquella ciudad que les iluminaba con sus luces brillantes, admiradora secreta de su felicidad.

There they were walking ways that took them from one bar to another, drinking carefree sips in the company of other forced exiles, forgetting the bitterness and offering smiles to life. Because the only future, at least that night, were the next place to stop and quench their thirst, an ancient thirst for adventures and detachments and winks and love and sex that would calm down a bit with the next sip of beer.

Bums in a bright night, with all their senses except the smell stopped, only being able and willing to smell the sexy perfume of the unknown mysteries to come and voluntarily ignoring completely any hangover of a tomorrow that did not exist yet and who knows if it would ever exist. Because there is no worse hangover than waking up knowing that the day before you missed a great opportunity.

And so they kept walking the streets, drinking, laughing, loving and forgetting in that city that lit them up with bright lights, secret admirer of their happiness.

El capitalismo idiota y el Pin

Hace más o menos un mes, sábado como hoy, me levantaba temprano, a eso de las 6 de la mañana, para un día más postrarme ante el capitalismo vil  e ir a currar a la jodida cafetería, la cual no me voy a molestar en nombrar. Llego dos minutos tarde y veo a mi compañera ya adentro hablando por teléfono. Llamo a la puerta y viene mi otro compañero, quien al abrirme la puerta me salta con un “David, no te lo vas creer”.

Voy hacia la parte de atrás y es cuando veo el percal: puerta de atrás destrozada, puerta de la oficina también forzada y echa mierda, oficina convertida en un lío de papeles, madera rota, archivos desperdigados por el suelo y donde debería estar la caja fuerte ahora solo hay unas marcas de óxido con su forma en el suelo.

Nos sentamos pues en la cafetería esperando a que venga la policía, que se toma su horita y media (total…ya les han robado, deben de pensar) y a nuestro manager (jefe de la tienda) y al district manager (jefe del jefe).

Lo primero que le pregunta el disctrict manager a mi compañera nada más llamarle para hacerle saber que nos han robado es que cuántos estamos ahora mismo en la tienda. Somos tres responde ella. Ah, contesta el otro, pues manda a uno de ellos para casa y así no le tenemos que pagar estas horas. [La pela es la pela]

A la hora y media llega el Agente Smith (una mano en el costado, la otra con un lápiz que se lleva a la boca). Aha, aha, pues parece que sí, que os han robado. Empieza a preguntarnos, que quien cerró el día anterior, que porqué no iba la alarma y demás historias. Incluso se dan una vuelta por el callejón de atrás del que vuelven diciendo que una vecina ha visto a tres personas en un coche azul metiendo una caja fuerte en el maletero. No debió de parecerle sospechoso porque no llamó a las autoridades, la muy corta. Mientras tanto el paisano del laboratorio se calza los guantes y empieza a sacar huellas dactilares con unos polvos negros, a lo más CSI, y el agente Smith sigue explicándonos que el trabajo es “Profesional, muy Profesional”, a lo más Pazos en Airbag.

En estas estamos hablando con los señores agentes cuando aparecen el disctrict manager y mi jefe, que ha debido de venir de empalmada porque le canta el aliento a alcohol, el muy irlandés.  Y nada más entrar, no tiene otra ocurrencia que mirar al suelo y decirme, ¿cerraste tú ayer? porque esto está sucio. Y pasa a recorrerse el lugar de los hechos clamando al cielo que ‘igual no es el momento de decirlo, pero como vengan los del QUASA (un examen que tiene que pasar la tienda anualmente, y luego vamos con esto) no vamos a pasarlo.

En fin, se van los maderos y los respectivos managers nos encomiendan a mi compañera y a mí a empezar a limpiar todo, pues ni se nos pase por la cabeza que hoy no vamos a abrir. Es más, si al final no podemos abrir os vais a quedar aquí dando café gratis a los clientes que vengan. [Y ahí ya se me hinchan los cojones, POP –POP, y me pongo malo y me cago en el capitalismo y la reputa que lo parió]. Cuando llega la hora a la que terminaba mi turno, además, me dicen si me puedo quedar un rato más limpiando… Pues no, me voy a casa a dormir y te quedas tu aquí dando café gratis si quieres. Debería de haber dicho esto, y se me hubieran deshinchado los huevos muy probablemente, pero tan solo le dije que no, que no podía que tenía planes. Y me piré.

Así quedó la cosa. A las pocas semanas estoy currando una mañana en la cafetería solo con mi jefe y llaman por teléfono diciendo que la tía del QUASA está en una tienda de un barrio cercano y que muy probablemente luego venga a la nuestra. Al oír esto mi manager se vuelve loco, o quizás locaza sería la palabra más correcta, y viene corriendo hacia mí diciéndome que tenemos que limpiar todo bien porque va a venir la señora. Y de repente coge un trapo y empieza a matar a ostiazos unas moscas pequeñitas que a veces se posan en las paredes. Esto mientras yo intento servir cafés a los clientes que entran, como si no pasase nada detrás de mí.

En estas estamos cuando viene un cliente, pide un café y al intentar pagar con la tarjeta de crédito, esta no funciona. Me inclino a decirle que puede que sea porque internet no va bien desde que nos robaron y si quiere probar otra vez, cuando de repente viene mi jefe, me quita de un empujón y me dice, ya lo hago yo, ya lo hago, tartamudeando como hace a menudo. Con semblante serio y voz irónica le digo que ya he probado y no funciona y cuando acaba la transacción me llama atrás al almacén y me dice que por qué le hablo de esa manera delante de los clientes. Y otra vez se me hinchan los huevos POP-POP, de una forma que no puede ser muy saludable, y le digo que me hace quedar como un idiota delante de la gente, que para qué viene y me empuja, que encima estoy currando desde las 7 sin descanso y me tengo que quedar más tiempo porque esta la paisana haciendo el examen a la tienda y demás. Y ahí queda la cosa.

Al día siguiente llego a trabajar y mi jefe está en la oficina hablando por teléfono pero se asoma y me tiende un papel y me dice por señas que lo abra. Es una jodida postal con un Pin en forma de taza de café en la que pone Mug Award (Premio) y en la postal me dice que me agradece lo servicial y el buen trabajo que hecho el día anterior mientras examinaban la tienda. Me río de la situación y guardo la postal en la mochila y mi jefe, que ya ha dejado de hablar por teléfono, viene a decirme que cómo es que no me pongo el jodido Pin en el delantal, que es muy importante, que no todos los días da un Pin a la gente.

[Un jodido Pin] 20140913_151943

A estas alturas ya no sabía si se estaba riendo de mí, si estas cosas le pasan a la gente de verdad o si es todo una gran conspiración del capitalismo y sus secuaces para tocarme los cojones.

Y así amigos, de bullshit en bullshit, servidor sigue pasando los días en aras de un futuro mejor.

La rabia

La rabia.

La rabia que llena el estómago hasta que te dan arcadas y quieres vomitar gritos de insultos y malas palabras a toda esa gente imbécil que camina libre por ahí. Imbécil, como el que tú fuiste alguna vez en el pasado y al que te gustaría volver para encontrarte contigo mismo cara a cara y darte un tortazo y decirte ¡Gilipollas, ¿qué cojones haces?!

La rabia, que viene un día que amanece sereno y sin nubes y de repente todo se oscurece y te dan ganas de mandarlo todo a tomar por el culo y coger del cuello a cuatro idiotas y llenarles su puta y vacía cabeza con palabras que de todas formas les van a entrar por un oído y a salir por el otro, porque en el fondo son pobres hombres y mujeres, destinados a rumiar los designios que alguien ajeno ha decidido para ellos.

La rabia, que te afianza en el suelo, cimentando los pies con principios que se hacen más fuertes que nunca.

La rabia que me dice al oído que da igual que me menosprecien, que se crean todo lo superiores que quieran, que me insulten o que se rían de mí, porque al final del día yo sigo un camino que me voy creando a cada paso, y no opto por lo fácil, por la puta senda adornada con flores pero en la que al primer paso que das te hundes en mierda, la senda que los débiles caminan y a la que quieren llevar a los demás.

La rabia, que a pesar de los días míseros en los que te preguntas qué cojones pasa con tu vida, llega para recordarte que eres un vagabundo del Dharma que se niega a seguir la demanda general. Y por tanto vas bien.

Que siga llegando de vez en cuando.

La rabia.

Anger.

The anger that fills your stomach until you get retching and want to vomit insults and bad words to all of that stupid people walking around freely. Stupid as you were once in the past and that you’d like to go back to find yourself face to face, slap you and say – You asshole, what the fuck are you doing?!

Anger, that comes one day at a cloudless dawn and suddenly everything goes dark and you want to send everything to hell and catch some idiots by their necks and fill their fucking empty heads with words that anyway they will ignore, because deep down they are poor men and women destined to follow the designs somebody else made for them.

Anger, that holds you down in the ground, consolidating your feet with principles that become stronger than ever.

Anger that whispers you that never mind whether they despise you, they feel superior, they insult you or make fun of you, because at the end of the day I am following a path that I am creating step by step and I do not choose the easy way, the other fucking path adorned with flowers but in which you sink in shit in the second you put your feet on, the path that the weak people take and want the rest of us to follow.

Anger, that despite the miserable days in which you are wondering  what the fuck is going on with your life, comes to remind you that you are a Dharma bum refusing to subscribe the general demand. So you are alright.

So, come from once in a while.

Anger.