Categoría: Laos

El pastel del espacio (Space Cake)

Estoy tumbado en la cama del hostal. Abro los ojos y todo da vueltas a mi alrededor. Me sorprende la claridad que entra por las ventanas aunque son las doce de la noche.

Intento incorporarme con dificultad pero al final opto por seguir tumbado. Mi cabeza da vueltas y además no deja de pensar en cosas raras. Me empiezo a dar cuenta de que me cuesta respirar. Bueno, no es que me cueste, sino que respiro muy lentamente. Una inspiración cada varios segundos que parecen eternos. Me tomo el pulso. El corazón late correctamente así que se supone que no hay problema.

Giro la cabeza hacia donde duermen mis compañeras de habitación. Parecen completamente dormidas así que no creo que se hayan dado cuenta de mis sonoras inspiraciones. En mi mente aparece la imagen de un bonito amanecer en estas islas a orillas del Mekong en el sur de Laos, mis compañeras que se despiertan tras una buena noche de descanso para encontrar mi cuerpo sin vida en la cama de al lado con una sonrisa irónica en la cara.

Desecho estos pensamientos. Me calmo. Me digo a mí mismo que no pasa nada, que finalmente el Space Cake (Pastel espacial) que me he tomado hace un rato y creí que no iba a hacer efecto ya está funcionando. Me viene a la mente mi amigo Killo en Ámsterdam, despotricando porque los ‘magic mushrooms’ (setas mágicas) que nos habíamos tomado eran un timo y no hacían efecto. Al rato el mismo Killo me entregaba su cartera porque ‘había visto’ a un hombre con una pistola y creía que se la iba a robar. Y un poco más tarde, Killo una vez más se acercaba a mí para decirme con una sonrisa de oreja a oreja ¡Jo Mon, yo quiero estar siempre así!

Me entra un escalofrío que me recorre el estómago. Este no ha estado mal, incluso da gustirrinín. Pero sigo mareado y me jode. Es más, no hay cosa que más me joda que estar mareado en la cama. Comienzo a pensar que igual si como algo dulce, algo con azúcar, se me pasan los efectos. Pero no tengo nada. Espera un momento, tengo chicle.

Abro un chicle y me lo meto en la boca. Un gran chicle púrpura parecido a los antiguos de Boomer. Y aquí estoy, tumbado en la cama de mi habitación, masticando sonoramente este pedazo gigante de chicle para ver si el azúcar ayuda a pasar el mareo. Giro una vez más la cabeza hacia mis compañeras. Siguen dormidas. Tampoco parecen oírme masticar. O quizás si me oyen y se preguntan qué hace este gilipoyas.

Pero me da igual. Todo sea que se pasen los efectos. Pero espera un momento. Me doy cuenta de que se me empiezan a cerrar los ojos por el sueño y viene a mi mente otra imagen: mis compañeras despertándose una vez más por la mañana y encontrándome en la cama de al lado con la cara morada, asfixiado. Me abren la boca con dificultad por el rigor mortis y encuentran una gran bola de chicle púrpura obstruyéndome la garganta.

Caguen la puta. Me saco el chicle de la boca y lo tiro a un lado de la cama. Vuelvo a cambiar de posición en la cama y me animo a mi mismo a tener paciencia, los efectos pasarán. En esto, una de mis compañeras se levanta al baño.

– Oye ¿Te ha hecho efecto esa mierda? pregunto.

– No sé, sí que me estaba emparanollando un poco ahí en la cama.

(Pues anda que si me ves a mi hace un momento masticando chicle como un poseso)

Abro los ojos una vez más para descubrir que ya ha amanecido. Sigo vivo. El único rastro que parece haber dejado el Space Cake es el recuerdo de la paranoia y la boca más seca que un zapato. Yo creo que a partir de ahora mejor seguir a cervezas.

I’m lying in the bed in my room. I open my eyes and everything is moving around me. I’m surprised the clarity that comes through the windows, although is twelve o’clock at night.

I try to sit up with difficulties but finally I opt to continue lying. My head is spinning and it doesn’t stop thinking about strange things. I start to realize that I can hardly breathe. Actually is not that I cannot breathe but I breathe very slowly. I take some eternal seconds for each inspiration. I take my pulse. The heart beats correctly so I guess everything is OK.

I turn my head to where my roommates are sleeping. They seem completely asleep so I don’t think they have realized my loud inspirations. In my mind appears the image of a beautiful dawn on these islands along the Mekong River in Southern Laos, my friends waking up after a good night’s rest to find my lifeless body on the bed next to them, with an ironic smile on my face.

I get rid of these thoughts and calm down. I tell myself that it’s just that finally the Space Cake I have taken a while ago and I thought it was not going to take effect is already running in my head. Suddenly comes to my mind my friend Killo in Amsterdam, complaining because the magic mushrooms we had taken were not working and we were ripped off. A while later Killo came to me and gave me his wallet because ‘he had seen’ a man with a gun and thought he was going to be robbed. And then, again Killo approached to me saying with a big smile, Hey man, I just want to be always like this!

A shiver runs down my stomach. But actually is not bad, I like it. But I still feel dizzy and I hate it. Indeed, there is nothing I hate more than been dizzy in bed. I start thinking that maybe if I eat something sweet, something with sugar, the effects may pass. But I got nothing. Wait a minute, I have gum.

I take a gum and stick it into my mouth. A huge purple gum. And here I am, lying on the bed in my room, chewing loudly this massive piece of gum to see if sugar helps pass the dizziness. I turn my face once again to check on my roommates. They are still asleep; neither seem to hear me chewing. Or maybe they hear it and wonder what this asshole is doing.

But I don’t care. I just want these fucking effects to pass. But wait a minute. I realize that I’m falling asleep slowly and suddenly another image comes to my mind: my roommates waking up again in the morning and finding myself in the bed next to theirs with my face completely black, suffocated. They open my mouth with difficulty because the rigor mortis and find a big ball of purple gum blocking my throat.

Fuck! I take the gum out of my mouth and throw it to the side of the bed. I change position in bed again and I encourage myself to be patient, the effects will pass. Then, one of my roommates gets up to the bathroom.

– Is that shit working on you? I ask her.

– Don’t know. I think I was getting little bit paranoid there in the bed, she replies.

(Well, is good you didn’t see me just a while ago chewing gum like a madman)

I open my eyes again to discover it has already dawned. I’m still alive. The only trace that seems to have left the Space Cake is the memory of paranoia and my mouth which is drier than a flip-flop. I think from now on I better just keep drinking beers.

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Durmiendo con Buda

Otra cosa no, pero tiempo para pensar me sobra. Y, pensando, el otro dia vi que la libertad de la que gozo solo se ve restringida por las propias limitaciones que el inconsciente, o vete tú a saber qué, crea. Me di cuenta, repentinamente, de que sin quererlo y aun disponiendo de suficiente tiempo (suficiente hasta donde marque el presupuesto) voy con prisa sin saber porqué.

Supongo que necesito un ancla que me ayude a fondear en el presente y disfrutar del momento ¿Y quién no?

Como el otro día cuando las circunstancias hicieron que durmiera en un templo.

20150307_220350Llegué a Vang Vieng con otras dos chicas con las que había coincidido en la carretera. Vang Vieng, si leéis un poco en internet, es un paraíso de fiesta, alcohol y tubing para los jóvenes mochileros que vienen al sudeste asiático en busca de todo ello. Yo llegue aquí por la inercia del viaje, ya que me olía que no me iba a gustar ni un pelo. Y efectivamente las sensaciones se hicieron realidad: llegar a Vang Vieng fue un proceso de crecimiento prolongado de la ira (por los borrachos y la antipatía de la gente local (imagino que lógicamente provocada por los primeros). Al final, después de una búsqueda de alojamiento de 3 horas en la que todos y cada uno de los hostales estaban completos, acabamos pidiendo refugio en un templo budista de la ciudad.

Y en ese momento lo vi como un alivio y nada más. Alivio de tener un techo que nos protegía de un cielo iluminado por relámpagos lejanos y amenazas de tormenta. Y sin embargo, estaba ahí; solo hacía falta pararse a pensar un momento, durmiendo en un templo budista, hablando o tratando de hablar con monjes laosianos que nos ofrecieron su hospitalidad. Y, finalmente, allí en el suelo, sobre un una manta y un cojín, pasamos la noche.

A las cuatro de la mañana un gong nos despertó y al rato los monjes se reunieron en un templito pequeño adyacente y se pusieron a rezar, cantando, durante una hora. Una hora que pasé ya despierto, o en algún lugar entre el sueño y la realidad, escuchando esos cantos melodiosos destinados a Buda. Y en ese momento, aunque no por completo, me di cuenta de que estaba viviendo una experiencia que sería difícil repetir. Y al día siguiente, ya completamente despierto, deseé repetirlo y dormir en más templos, y conocer más a fondo el contexto y el entorno del día a día local de todo esto.

Ahora estoy en Vientiane, echando de menos el norte de Laos pero con ganas de Sur. Aunque la humedad y el calor agarrotan las ideas y el cuerpo y solo apetece cerveza y sombra. Y bueno, también algún que otro grillo…

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Here I have enough spare time to think. And thinking, I realized the other day that the freedom I enjoy is only constrained by the limitations that my own unconscious, or who know what, creates. I suddenly realized that unwittingly and even having enough time (at least until the budget runs out) I was in a meaningless hurry. I guess I need an anchor to help me stay in the present and enjoy the moment. And who doesn’t?

Like, when the other day, the circumstances made me sleep in a temple.

I arrived in Vang Vieng with two other girls I have met before on the road. Van Vieng if you check out a little bit on the internet is a party, alcohol and tubing paradise for young backpackers who come to Southeast Asia in search for it. I got here just by the inertia of the trip as previously I thought I would not like it. And indeed my feelings came true: reaching Vang Vieng was a process of prolonged growth of anger (by drunk and unfriendly local people (I can imagine that the second is logically caused by the first one) So finally, after 3 hours looking for accommodation and not finding any place as everywhere were full, we ended up asking for refuge in a Buddhist temple in the city.  

And then I saw it as a relief, relief of having a roof over our heads for that night which was threatening with a storm. And yet I was there (just needed to stop a moment and think), sleeping in a Buddhist temple, talking or trying to talk to Lao monks who offered their hospitality. And finally, there, on the floor, on a blanket and a cushion, we spent the night.

At four o’clock in the morning a gong awakened us and then the monks gathered in a small adjacent temple and started praying and singing for one hour. An hour that I spent awake, or somewhere between dreams and reality, listening to those melodious songs for Buddha. And then, although not completely, I realized I was living a unique experience that would be difficult to repeat. And the next day, now fully awake, I wanted to repeat it and sleep in more temples and learn more about the context and environment of the local life.

Now I am in Vientiane, missing the North of Laos but heading to the south tonight. Although this wet and hot weather seize up my ideas and my body and I just want a cold beer and chill out in the shadow. And well, sometimes I also want some crickets…

Miscelanea

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Estaba en Chiang Mai (ciudad que si leísteis algunos posts atrás sabréis que no me gusto por encontrarla bastante saturada de turistas) y para salir un poco del caos del centro me fui a dar una vuelta y a callejear por una zona un poco más alejada. Caminando por el arcén de una gran avenida de repente vi un templo y entré. Era una especie de complejo en el que un camino asfaltado separaba a ambos lados dos edificios que parecían destinados a viviendas, el templo estaba al frente al final de la calzada y al lado de este había un pequeño edificio que también parecía un templo pero que en su interior contenía un museo de reliquias de antiguos monjes.

Todo estaba tranquilo y quitando un monje sentado en unas escaleras en uno de los edificios laterales, yo era el único que andaba pululando por allí. Entré en el edificio del museo y estaba echando un vistazo a las reliquias cuando de repente me percato que hay una especie de estatua sentada en una esquina en posición de meditación. Al primer vistazo me pareció un muñeco de cera, totalmente quieto y con las facciones completamente relajadas, y me di cuenta que en el otro extremo había otra más, en la misma posición y también completamente quieta. Aquí es cuando empecé a dudar si eran muñecos de cera de un realismo exagerado o si de hecho eran personas de verdad. Me quedé un rato mirando, absorto, fijándome en su pecho y esperando que este diera muestras de respiración pero tras cinco minutos, ambos monjes no parecían respirar. Aquí es cuando dando un paso al frente para situarme mejor pisé una tabla del suelo que crujió y, sobresaltado, decidí salir del museo para no perturbar la meditación de los monjes.

Todavía dudo si eran muñecos de cera o personas de carne y hueso.

2

Hace dos días subía a contracorriente el río Nam Ou, desde Nong Kiau hasta Muang Ngoi Neua. En la barca la mayoría éramos falangs (turistas). Íbamos todos bastante apretados, sentados en unas tablas en el lateral de la barca, mirándonos unos a otros. Era algo incómodo pero el trayecto era de solo una hora, así que no había mayor problema. En frente de mí iba un señor mayor, más de sesenta años, y nada más arrancar empezó a mover las piernas, visiblemente incómodo. Una vez trató de levantarse pero el conductor le avisó de que se sentara hasta que pasásemos unos rápidos. Una vez pasados el hombre se levantó y se abrió paso con cierta dificultad hasta la proa de la barca, donde un hueco en el techo le permitía ponerse de pie. Me imaginé que debido a la edad le dolerían las articulaciones y no le di mayor importancia. Pasado un rato se sentó en el mismo sitio donde se encontraba ahora y me le quedé mirando un rato. De repente se puso blanco y se desvaneció, cayéndose hacia atrás contra algunas mochilas. Un chaval local que estaba a su lado y otro turista le incorporaron con dificultad y le empezaron a masajear el pecho hasta que volvió en sí. Mientras, el conductor de la barca paró en un banco de arena y el hombre ya con algo más de color empezó a vomitar por la borda. Se reanudó el viaje pero el hombre seguía hecho polvo y a ratos volvía a ponerse pálido. Su mujer, a mi lado, impotente y preocupada decía que era diabético pero que no creía que fuera un bajón de azúcar sino un golpe de calor.

Llegamos al pueblo y el hombre se quedó en la barca mientras el chaval local iba en busca de algún médico. Pasado un rato, fui a comer a un restaurante con vistas al rio desde el cual pude ver como el hombre aún seguía tumbado en la barca, que se le llevaba de vuelta río abajo.

Más tarde, en el mismo lugar y tomando un café, empecé a hablar con una chica que estaba en la terraza y que también era española. Resultó ser una enfermera (la única del pueblo) que estaba realizando un voluntariado para una ONG. Era la chica que había tratado al señor y que había aconsejado llevársele de vuelta a Luang Prabang (1 hora en barca más 3 en minibús), pues los síntomas eran de un pequeño infarto al corazón.

La chica me contó que en el pueblo tienen poquísimos recursos, por no decir ninguno. Si la gente enferma, se muere y punto. Tampoco es un problema mayor. La muerte es una parte más de la vida. Daba la casualidad que en el pueblo llevaban tres días de celebraciones por la muerte de un paisano. La gente se extrañaba al contarle la enfermera española que en Occidente la muerte es una tragedia. ¿Pero no lo celebráis ni un solo día?, le habían preguntado.

3

Pakbeng es un pueblo del norte de Laos a orillas del Mekong. Es la parada que hace el “slow boat” que viene desde la frontera de Tailandia y llega a Luang Prabang. Tras pasar una noche allí y con un nuevo día de trayecto en el barco por delante hasta llegar a nuestro destino, una pareja inglesa que había conocido antes y un servidor, compramos una botella de Lao Lao (whisky de arroz típico de Laos, bastante fuerte) para pasar mejor el tiempo. Y sorbo a sorbo fueron pasando las horas.

Llegados a Luang Prabang nos dirigimos al centro y preguntando en los hostales nos dimos cuenta que iba a estar difícil encontrar alojamiento para esa noche, pues aún seguían las celebraciones del año nuevo chino y todo estaba lleno.

Aún esperanzados y con el buen humor por delante, decidimos comenzar un pequeño juego: por cada hostal en el que nos dijeran que estaban completos, chupito de Lao Lao. Tras dos horas de infructuosa búsqueda y con el Lao Lao a la mitad, un paisano paró su tuk-tuk (moto con remolque) frente a nosotros y nos preguntó si necesitábamos habitación. Nos montamos con él y nos llevó a las afueras de la ciudad, una zona ya sin el menor rastro de turistas, y tras una parada en otro hostal que también estaba completo, nos llevó a una especie de casa en la que al parecer tenían una habitación disponible. Toby, mi amigo inglés, se bajó del tuk-tuk para echar un ojo mientras su mujer Rachel y yo nos quedábamos esperando con las mochilas. Al rato vino y apoyándose en el lateral del tuk-tuk, sudando Lao Lao, nos dijo: “La habitación es horrible y muy cara, pero le he dicho que nos quedamos esta noche”.

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Más tarde, una vez de vuelta del centro ya con una habitación en condiciones reservada para el día siguiente, nos dimos cuenta de que el piso de arriba era un burdel. De cualquier manera, el Lao Lao desconectó mi cerebro y esa noche, a pesar de la mierda en las paredes, dormí como un tronco.

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I was in Chiang Mai (city that if you read few posts back you know that I didn’t like as it was quite saturated of tourists) and just to forget a little bit the chaos of the city center I went for a walk out of there. Walking along the side of a main avenue suddenly I saw a temple and I just went in. It was a kind of complex with an asphalt road and in the sides there were housing buildings, the temple was in the front at the end of the road and next to it was a small building that also looked like a temple but actually it contained inside a museum of relics of ancient monks.

It was quiet and apart from a monk sitting on the stairs in one of the side buildings, I was the only one who was wandering about. I went into the museum building and I was taking a look to the relics when suddenly I realized that there was a kind of statue sitting in a corner in a meditating position. At first glance it seemed like a wax statue, completely still with relaxed factions in the face, and actually I realized that in the opposite corner there was another one, in the same position and completely still too. Here is when I began to doubt whether the wax statues were made so perfectly or they were actually real people. I stood for a moment looking if their chests were breathing but after five minutes, both monks did not seem to breathe. Then I moved and stepped on a floorboard that creaked and, startled, I decided to leave the museum to avoid disturbing the meditating monks.

I still doubt whether they were wax statues or real flesh and bone people.

2

Two days ago I was in a boat going up the Nam Ou river from Muang Khiaw to Muang Ngoi Neua. On the boat we were mostly falangs (tourists). We were all sitting tight, quite uncomfortable but the ride was only an hour, so there was no major problem. In front of me was an older man, over sixty years, who as soon as the boat departed started to move his legs, clearly feeling uncomfortable. He once tried to get up but the driver told him to sit down until the boat would pass some rapids. Then the man got up and made his way with difficulty to the bow of the boat, where a hole in the roof allowed him to stand up. I figured that because of his age his legs would hurt. After a while he sat down again in the same place where he was now and I stared at him for a while. Suddenly he turned white and fainted, falling back against some backpacks. A local guy and a tourist help him to incorporate and began massaging his chest. Meanwhile, the driver of the boat stopped at a sandbar where the man began to vomit overboard. We kept going after a while but the man was knackered and sometimes turned pale again. His wife, helpless and worried, said he was diabetic but she thought it was probably a heatstroke.

We arrived at the village and the man stood in the boat while the local guy went in search of a doctor. After a while, I went to eat at a restaurant overlooking the river from which I could see the man still lying on the boat that eventually brought him back downstream.

Later on I was in the same place having a coffee and I started talking to a Spanish girl who was also there. She happened to be a nurse (the only one in the village) who was doing some volunteer work for an NGO. It was the girl who had checked on the man and had advised carry him back to Luang Prabang (1 hour by boat plus 3 hours by minibus) because the symptoms were of a small heart attack.
The girl told me that they have very few resources. If people are sick, they die, period. It is not a major problem. Death is a part of life. Actually, when I was there people were celebrating the death of someone. People were confused when the Spanish nurse was telling them that for us death is a tragedy. But don’t you celebrate a single day? they asked her.

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Pakbeng is a town in northern Laos along the Mekong River. It is where the “slow boat” stops when coming from the border of Thailand in the way to Luang Prabang. After spending a night there and a new day boat ride ahead until we would reach our destination, an English couple who I had met before and me, bought a bottle of Lao Lao (typical Lao rice whisky, quite strong) to better spend the idle time. And sip by sip the hours went by.

We arrived in Luang Prabang and asking in hostels we realized it would be difficult to find accommodation for the night, as celebrations of the Chinese New Year were still going on and everywhere was full.

Still hopeful and in a good mood, we decided to start a little game: for each hostel saying they were full we would drink a shot of Lao Lao. After two hours of fruitless search and the Lao Lao half empty, a fellow stopped his tuk-tuk (motorcycle with trailer) in front of us and asked if we needed a room. He took us to the outskirts of the city, an area with already no trace of tourists, and after a stop at another hostel which was also full, he took us to a house which apparently had a room available. Toby, my English friend, got out of the tuk-tuk to take a look while his wife Rachel and I were left waiting with our backpacks. Soon he came and leaning on the side of the tuk-tuk, sweating Lao Lao, he said: “The room is horrible and very expensive, but I told him we are taking it.”

Later on, once back from the city center and with a decent room already booked for the next day, we realized that upstairs in the house was a brothel. Either way, the Lao Lao disconnected my brain and that night, despite the crap on the walls, I slept like a baby.

Ajedrez del camino y el tiempo

    “Ley Thompson de economía del viaje: avance a toda mecha y al final todo se arreglará”
Hunter S. Thompson
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Hoy cumplo el primer mes de viaje. Es difícil darse cuenta de ello cuando aquí los días desaparecen y te levantas por las mañanas sin saber si es lunes o jueves, aunque de todas formas te da igual. Los únicos puntos de referencia temporal aquí son los días que se te acaba el visado y tienes que estar cerca de la frontera.

Una vez más el tiempo vuela y pese a unos primeros momentos de dudas e incertidumbre respecto a la naturaleza de este nuevo viaje, las buenas sensaciones vuelven y la “danza de las ideas y pensamientos” retorna por fin. Un baile de reflexiones sobre la nueva realidad que te rodea, la vida de las gentes de aquí, tu propio camino a través de todo lo que estás viendo e, irremediablemente, las viejas cuestiones sobre lo que vendrá.

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Por otro lado desaparecen varias cuestiones que suelen acompañarnos en otros lares: el ‘qué dirán’, los prejuicios estúpidos sobre nacionalidades y la impaciencia van retirándose poco a poco, como la niebla que surge al amanecer en las montañas y va desapareciendo conforme avanza la mañana para dejar un ambiente cálido que te va envolviendo. Y gradualmente solo va quedando el fluir, el dejarte llevar por lo que el camino decida. Te conviertes en una pieza en el tablero de tu propio viaje que avanza en armonía hacia la siguiente casilla y las decisiones que vas tomando, aunque no lo creas, no te pertenecen. Todo está fijado y lo que tenga que pasar, pasará.

Amaneceres y anocheceres se suceden y hoy, sea el día que sea, la luna llena brilla en el norte de Laos.

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“Thompson law of the economy of travelling: move forward at full speed and at the end everything will be fine”
Hunter S. Thompson

Today is the first month anniversary since I started this trip. It is difficult to realize it when here the days disappear and you get up in the morning not knowing if it’s Monday or Thursday, but anyway you do not care. The only time reference points here are the days that you the visa runs out and you have to be near the border.

Once again time flies and despite some initial moments of doubt and uncertainty regarding the nature of this new journey, the good feelings are already here and the “dance of ideas and thoughts” finally returns. A dance of reflections on the new reality around you, the life of the people here, your own way through everything you’re seeing and, inevitably, the old questions about what will come.

On the other hand, here several issues that accompany us in other places just disappear: what people say, the stupid prejudices about nationalities and the impatience are retreating slowly, like mist that arises at dawn in the mountains and will disappear as the morning progresses to leave a warm atmosphere in which you will be wrapped. And gradually there is only the flow, letting yourself flow over what the road decides. You become a piece on the board of your own journey that progresses in harmony towards the next square and the decisions you make, believe it or not, do not belong to your will. Everything is fixed and what has to happen will happen.

Sunrises and sunsets just happen. And today, whatever is the date, the full moon shines in northern Laos.

Escenas de Luang Prabang

“La vida es una serie de cambios naturales y espontáneos. No te resistas a ellos – eso sólo crea dolor. Deja que la realidad sea la realidad. Deja que las cosas fluyan naturalmente hacia adelante en la forma que deseen.”
Lao Tzu

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“Life is a series of natural and spontaneous changes. Don’t resist them; that only creates sorrow. Let reality be reality. Let things flow naturally forward in whatever way they like.”

Lao Tzu