Categoría: Viajes

Sri Lanka (III) para terminar

Sri Lanka es el más auténtico de todos los países que he recorrido estos últimos meses, cosa que no quita para que también canse. Mucho. Esos centímetros que nos gusta llamar ‘nuestro espacio personal’ aquí desaparecen. Detalles como que en los autobuses, dejando aparte la conducción temeraria, sigue entrando gente aunque ya vaya llenísimo y no les importa ir de pie a pesar de que el viaje sea de cinco horas. Eso sí, si es que vas sentado al lado del pasillo van a apoyarse en ti sin ningún problema y te van a dar guantazos a cada rato que alguien quiera pasar. Los monjes budistas no tienen problema pues los asientos de delante siempre están reservados para ellos. La jodida religión y sus ventajas…

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Sobre los cansinos de los conductores de tuk-tuks, nada más que añadir. Paciencia con ellos.

Pero a pesar de todo, la gente de Sri Lanka es muy simpática y servicial, siempre con la sonrisa en la cara y dispuestos a ayudar (si bien muchas veces queriendo ayudar te la lían). También requiere mención especial el movimiento de cuello que aquí todo el mundo hace al hablar. Una especie de afirmación-negación que te deja perplejo y sin saber si han respondido a tus preguntas de una o la otra manera.

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P1080868Empezamos nuestro tour en Jaffna, la ciudad más septentrional del país, cuna del movimiento Tamil durante la guerra civil. La más genuina de todas las ciudades donde he estado pues el turismo aún no ha llegado. Además tuvimos la suerte de llegar cuando se celebraba un festival hindú con todos los característicos tamiles pululando alrededor de un gran templo descalzos y con sus atuendos típicos. Para hacerse una idea: fui a entrar a dicho templo para ver que acontecía pero me instaron amigablemente a quitarme la camiseta y los pantalones y ponerme una especie de falda que los hombres llevan y que yo no tenía. Al final opté por retirarme y no enseñar mi peludo pecho palomo ni las canillas.

20150907_121318Por los alrededores de Jaffna se ve mucha policía y mucho ejército pues no hace demasiado que la guerra acabó. Dimos una vuelta en una moto alquilada y fueron tres las veces que el ejército nos detuvo en carreteras cortadas y tuvimos que volver por donde habíamos llegado.

Tras Jaffna nos dirigimos a las playas de Trincomalee, al este, donde se supone es temporada alta. Había turistas y las playas, habiendo estado en el paraíso, no nos dijeron nada. Lo único a destacar allí es un bonito y colorido templo hindú frente al mar.

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De ahí a Kandy, donde ya estuve el primer fin de semana para ver el Perahera y donde hicimos noche. A las seis de la mañana aporrean a la puerta vehementemente, me levanto medio dormido para ver que pasa y me encuentro con un hombre con una bandeja llena de tazas de té. ¿Un té señor? Aquí la hora del té te jode el sueño.

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Nurawa Eliya, conocida como la pequeña Inglaterra de Sri Lanka, fue nuestro cuarto destino, al que llegamos en un tren que recorría la zona montañosa del centro-sur del país, con paisajes llenos de plantaciones de té donde paisanos y paisanas recolectaban las hojas de esa bebida que un fulano, casi tirando la puerta de tu habitación abajo, te ofrece luego a las seis de la mañana en un hotel cualquiera.

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De ahí nos dirigimos al Parque Nacional Udawalawe para hacer un safari de elefantes. Aquí algunas fotos.

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Y por último llegamos a las playas del sur para relajar los músculos de tanta tensión y de esta dura vida del viajero.

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Ahora mismo estoy de vuelta en Colombo, donde pasaré las últimas jornadas de este gran viaje por tierras asiáticas. En un par de días haré aquí recapitulación de todo ello.

Sri Lanka is the most authentic country I have been in the last few months; anyway it is also a very exhausting country. Those centimeters we like to call ‘social distance’ here are inexistent. Things like in the buses, leaving apart the reckless driving, where people is still coming in although they are always full and they do not mind to stand the whole trip even if is of five hours. Anyway, if you happen to be sit next to the corridor people will not mind to lean on you and hit your head every time someone wants to pass by. Buddhist monks don`t have those problems as the front seats are always reserved for them. Religions and its benefits…

About the tedious tuk-tuk drivers I have no more to say. You have to be really patient with them.

But despite of everything, people in Sri Lanka is very nice and helpful, always with a smile in the face and willing to help you (even most of the times they do not help at all). It is also worth mentioning the special neck movement here everybody does while speaking. A kind of positive-negative statement which leaves you puzzled, not sure if they answer to your questions in one or the other way.

We started out tour in Jaffna, the most northern city in the country, cradle of the Tamil movement during the civil war. The most genuine of the cities I have been here, as tourism has not arrived yet. In addition we were lucky enough to arrive when a Hindu festival was held with all the characteristic Tamil people wandering around a huge temple barefoot and in their typical clothes. Just for you to imagine, I was ready to enter to the temple to check it out when some people nicely urged me to take out my t-shirt and pants and wear a kind of skirt men wear and that I didn’t have. Finally I opted to step away without showing my hairy pigeon’s chest and legs.

Por los alrededores de Jaffna se ve mucha policía y mucho ejército pues no hace demasiado que la guerra acabó. Dimos una vuelta en una moto alquilada y fueron tres las veces que el ejército nos detuvo en carreteras cortadas y tuvimos que volver por donde habíamos llegado.

Around Jaffna you can see a lot of policemen and army patrols as the end of the war is not far away in time. We rented a bike and drive around and three times we had to go back as the army had closed the road.

After Jaffna we went to Trincomalee, in the east, where it was supposed to be high season. There were some tourists and the beach, after visiting paradise, where nothing special for us. The only worthy spot was a nice and colorful Hindu temple in front of the sea.

From there we headed to Kandy, where I already was during my first weekend in the country for the Perahera festival, and were we slept one night. At six in the morning someone started banging the door vehemently, so I got up and went to check what was going on. I opened the door to see a guy carrying a tray full of cups of tea. Fancy a tea sir? Here tea time fucks your sleep.

Nurawa Eliya, known as Little England, was the fourth stop in our tour. We arrived by a train through the hill country, the south-central hilly area full landscapes of tea plantations where peasants were recollecting the leaves of that drink that later some guy offers you at six in the morning while trying to destroy the door of your room.

From there we headed to Udawalawe National Park to check out some elephants. There are some photos above.

And at last we arrived to the beaches in the south where we have relaxed out of this traveler tough life.

Right now I am back in Colombo, where I am going to spend the last days of my great trip around Asia. In a couple of days I will sum up here all these experiences.

Sri Lanka II (adelanto)

Estoy haciendo un tour por la isla de norte a sur. Antes de salir de Colombo cogí lo básico y no llevo ordenador, asi que en una semana os cuento en lo que probablemente será la última crónica de este viaje.

Mientras, un pequeño adelanto.

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I am doing a tour by the island from north to south. Before I left Colombo I just took the basics and I don’t carry my computer with me. So in a week I will tell you how was it, which it will probably be the last report of this trip.

Meanwhile here there are some photos.

Sri Lanka

Dije adiós a Malasia en Melaka, ciudad histórica y colonial a dos horas al sur de Kuala Lumpur. Me despedí de la buena gente y de la buena comida. Malasia ha sido una de las sorpresas del viaje.

P1080735Y ahora la última etapa de mi viaje me trae al caos de Sri Lanka.

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Este fin de semana pasado fui al Kandy Esala Perahera, el festival más importante de la isla en el que se rinde tributo al sagrado diente de Buda, que (dicen) está guardado en un templo de la ciudad de Kandy. Bajo la luna llena se celebra una impresionante y larga procesión por las calles de la ciudad en la que paisanos vestidos con trajes tradicionales bailan al son de flautas y tambores seguidos de elefantes también vestidos con túnicas y luces.

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Fui con unas amigas y para llegar hasta la ciudad cogimos un tren en Colombo. Y madre del amor hermoso. No iba lleno, iba saturado. Parecíamos ganado. Durante la primera hora estuve encajonado entre espaldas, torsos y sobacos y casi no podía mover ni los brazos. Después se aligeró un poco pero aún así las dos horas restantes también fueron, digamos, interesantes.

De momento Sri Lanka me está pareciendo a partes iguales caótica, auténtica y un poco agotadora.

En un par de días me dirigiré hacia el norte para ver la antigua zona de guerra entre los Tigres tamiles y el gobierno cingalés y las diferencias entre las dos etnias, para luego ir bajando presumiblemente por las playas del este. Veremos que depara la isla.

I said goodbye to Malaysia in Melaka, historic and colonial city two hours south of Kuala Lumpur. I said goodbye to the good people and the good food. Malaysia has been a great surprise.

And now the last stop of my trip brings me to Sri Lanka.

The last weekend I went to the Kandy Esala Perahera, the most important festival in the island in which people pay homage to the Sacred Tooth Relic of Buddha, which (they say) is held in a temple of the city of Kandy. Under the full moon is held and impressive and long procession in the streets where the locals dressed with typical clothes dance to the music of the drums and flutes, followed by elephants, also dressed up with tunics and lights.

To get there with some friends we went by train. And…oh holly fuck. It was not full. It was saturated with people. We looked like cattle. During the first hour I was stuck among torso, backs and armpits and I couldn’t even move my arms. Afterwards it was a little bit better but the other two hours still where…let’s say interesting.

So far Sri Lanka is being chaotic, stressful and little bit exhausting.

In a couple of days I will go to the north to check out the old war zone between the Tamil Tigers and the Sinhalese government and the differences between the two ethnic groups, and then I will head to south by the beaches of the east coast. Will see what this island has to show.

Bueno será recordar

Estoy cansado. No es nada malo. Tan solo cansado. Estado, más mental que físico, en algún lugar que no sé my bien como describir.

Me gustaría contar tantas cosas… Tratar de explicarlas con palabras que no encuentro y que si encontrase, de todas formas, dudo que alguien las entendiera.

Dejo un azul perfecto. Dejo un blanco-amarillento perfecto. Dejo un verde perfecto. Dejo la perfección hecha personas e instantes.

Estoy feliz, pero es una felicidad confusa. Felicidad de matices. Felicidad mezclada. Felicidad extraña.

Decía que volví a buscar preguntas sin respuesta y encontré algunas respuestas pero su certeza es banal y temporal y temo que desaparecerá o terminará escondiéndose en los pliegues que dejará el paso de los meses.

Y todo seguirá confuso y yo seguiré vagando por los rincones del mundo buscando algo que quizás no existe para mí.

Probablemente, fuera de mi mente, todo esto que escribo no tendrá mucho sentido para el que lo lea y yo seré tan solo alguien con muchos ratos libres, un vago dirán algunos, escribiendo boludeces para parecer más interesante.

Puede ser. Es algo fácil de decir y a mí ya me da igual lo que se diga.

Continúo. Me centro en esa felicidad extraña y continúo. Porque ni el cansancio es suficiente para pararme.

Pienso en el siguiente destino mientras un puntito de tierra se difumina tras la calima que deja una lluvia débil y va quedando poco a poco atrás.

Fue bueno venir. Fue bueno volver. Bueno será recordar.

I am tired. It’s not bad. I’m just tired. A state, more mental than physical, situated somewhere I don’t really know how to describe.

I would like to tell you so many things… Try to explain you with words that I cannot find and if I found, anyway, I doubt someone would understand them.

I leave a perfect blue. I leave a perfect yellowish-white. I leave a perfect green. I leave perfection made of persons and instants.

I am happy but is a confuse happiness. Happiness with hints. Well-mixed happiness. Strange happiness.

I said that I came back to look for questions with no answer and I found some, but its certainty is banal and temporary and I am afraid that it will end up banishing or hiding in the folds made by the months passing by.

And everything will be still confused and I will be still wandering by the hideouts of this world, searching for something that maybe does not exist for me.

Probably, out of my mind, all of this I am writing is not making any sense for the people that are reading it and I am just someone with a lot of free time, a bum some will say, writing bullshit to look more interesting.

It could be. Is something easy to say and I actually don’t care about what it is said.

I keep going. I focus on that strange happiness and keep going. Because tiredness is not enough to stop me.

I already think in the next destination while a small dot of land becomes blurry under the haze that a weak rain leaves and slowly I left it behind.

It was good to come. It was good to come back. And good will be to remember.

Penang

Dejamos el paraíso en ferry. Haciendo autostop llegamos a la siguiente ciudad y de ahí cogimos un bus hasta Penang.

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Y en Penang, en compañía de grandes viajeros, he pasado los últimos cinco días.

El ambiente de las ciudades coloniales te atrapa. Las horas van pasando deprisa y sin darte cuenta, pese al sofoco del clima tropical que te hace sudar a mares.

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La fealdad de Georgetown, la capital de la isla de Penang, es lo que la hace bonita, si es que esto tiene algún sentido. Calles caóticas y sucias de casas viejas repletas de ventanas de rendijas de madera abiertas para dejar pasar un aire húmedo y denso que cuando se mueve, lo hace a un ritmo cansino que no llega a refrescar.

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Entre risas, paseos, juegos de cartas y cervezas baratas (dato importante pues en Malasia el alcohol es caro) las hojas del calendario han ido cayendo, cual billetes falsos de papel en las hogueras que los habitantes chinos de la ciudad queman para pedir a sus ancestros que les brinden fortunas desde el más allá. Y ha llegado una vez más para mí la hora de partir.

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En el paraíso me dejé olvidadas algunas preguntas sin respuesta y he decidido volver para ver si las encuentro entre palmeras y corales.

PS – Creo que llevo alojado dentro un inquilino inesperado. Parece ser que antes de irme de la isla un gusano decidió resguardarse en el fresquito de debajo de la piel de un dedo del pie. Se ve su silueta y pica que jode. Mañana iré al doctor a abortar.

We left Heaven in a ferry. Hitchhiking we got to the next city and once there, we took a bus to go to Penang.

And here in Penang, accompanied by great travelers I have spent the last five days.

The atmosphere of the colonial cities is a trap that holds you in them. Hours pass by quickly despite the stiffing sensation of the tropical weather that makes you sweat buckets.

The ugliness of Georgetown, the capital of the island of Penang, is what makes it beautiful, if that makes any sense. Chaotic and dirty streets lined with old houses with wooden windows wide opened to let pass a damp and dense air that when decides to move, it does it at an slow pace that fails to refresh.

Laughing, walking, playing cards and drinking cheap beers (important fact as in Malaysia alcohol is expensive) the calendar sheets have fallen as the fake money that the Chinese people in this city burn in the streets, asking their ancestors for the good fortunes from the afterlife. And the time for me to leave has come again.

In heaven I left forgotten some questions unanswered and I have decided to return and see if I can find some answers among palms and coral.

PS – I think I am hosting an unexpected tenant in my body. It seems that before I left the island a worm decided to take shelter in the cooler part beneath the skin of my toe. I can see its silhouette and is really itchy. Tomorrow I will go to the doctor to have an abortion.

Historia de una isla

“In watermelon sugar the deeds were done and done again as my life is done in watermelon sugar”

Iba a intentar narrar las experiencias vividas en una isla de Malasia en la semana que he estado en ella. Iba a decir que me he reencontrado con ese yo que me gusta y me he reconciliado con el género humano gracias a la buena gente que he conocido. Iba a decir que he visto tortugas, peces de colores y tiburones, como llegaban tormentas y luego se iban, el mundo al revés tumbado en un kayak y un futuro que me gustaba a través de burbujas de oxígeno debajo del agua. Iba a contar muchas cosas pero hay tantos detalles y matices que lo que contara no se reflejaría bien ni en mil páginas en prosa. Sin embargo el otro día sentado en un sofá, sin otra cosa que hacer que mirar al mar, me salió esta especie de poema. Espero que os hagáis a la idea.

Oteando fijamente el horizonte
los azules del cielo y el mar ya no se distinguen uno del otro.
Las dimensiones pierden todo el sentido que algún día tuvieron
y las locuras se esconden, algo calmadas,
para aparecer solo en sueños extraños que te recuerdan
que la realidad sigue ahí fuera acechando y esperando a atacar de nuevo
con golpes de sensatez y estúpido sentido común.

Y yo quiero seguir aquí, en esta nube que todo lo envuelve.
Sin saber.
Sin querer saber.
Sin la necesidad de saber.
Tan solo estar.
Tan solo ser.
Ser una nada en la nada del todo.
Al menos un ratito más.

“In watermelon sugar the deeds were done and done again as my life is done in watermelon sugar”

I wanted to explain the experiences I have lived in an island in Malaysia in the week I have spent in there. I was going to say that I have been reunited with the self I like and I have reconciled with the mankind through the good people I’ve met. I was going to say I’ve seen turtles, colorful fish and sharks, as storms came and then went away, I saw the world upside down lying in a kayak and a future that I liked through oxygen bubbles underwater. I wanted to tell lots of things but there are so many little details and hints that couldn’t be properly explained, not even in thousand pages. Anyway, the other day sitting on a sofa, with no more to do than look to the sea; it came to my mind this kind of poem. Hope you can imagine.

Staring the horizon
the blue from the sea and the sky cannot be distinguished anymore one from the other.
Dimensions loose all the meaning they had once
And craziness hides, little bit chilled,
to only appear again in weird dreams that remind you
that reality is still out there stalking and waiting to hit again with punches of
judgment and stupid common sense.

And I just want to be here in this cloud that covers everything.
Not knowing.
Not wanting to know.
With no need to know.
Just being here.
Just being.
Being nothing in the nothingness of everything.
At least for a little while.

Kuala Lumpur

P1080498Comida india, damas y caballeros. Quizá a muchos les resulte algo sin importancia pero para mí supone uno de los factores que contribuyen a eso que llamo mi estado de felicidad pasajera y sin duda es uno de los mejores detalles de volver a estas latitudes del Sudeste asiático.

P1080499Estoy en Kuala Lumpur y lo que creí que iba a ser un cambio radical (pasar del orden y limpieza japonesas al caos malayo) está siendo más suave de lo esperado, gracias entre otras cosas a la comida, a los precios normales y a la simpática gente de este país.


Aquí en Kuala Lumpur se junta un popurrí de chinos, malayos, indios y extranjeros, pequeñas y coloridas casas coloniales y altos rascacielos, Little india, Chinatown y barrios de negocios, ruidos de un tráfico caótico, monorraíles que ‘vuelan’ sobre la ciudad y lejanos y exóticos cantos del almuédano llamando a la oración. Todo bien mezclado en lo que podría parecer un insoportable lío pero que en vez de eso me resulta una atractiva delicia. 

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También hay lugar para un parque bastante curioso de pájaros y pájaras que al igual que la gente, me han parecido bastante campechanos y sociables.

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De cualquier manera, desde hace unas semanas el cuerpo me viene pidiendo un poco de playa, de relax y apartar a un lado ciudades grandes, así que esta noche me voy a Pulau Kapas, una pequeña isla en la costa este que largo tiempo atrás me fue recomendada por amigos.

No sé el tiempo que estaré allí, así que a la vuelta ya si eso os cuento que tal.

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Indian food, ladies and gentlemen. Perhaps many of you don’t find this important but for me it is one of the factors contributing to what I call my state of temporary happiness and definitely one of the finer details of returning to these latitudes of Southeast Asia.

I’m in Kuala Lumpur and what I thought would be a radical change (changing the Japanese tidiness for the Malaysian chaos) is actually being softer than expected, thanks among other things to the food, the normal prices and the friendly people I’m finding in this country.

Here in Kuala Lumpur there is a mix of Chinese, Malay, Indian and foreigners, small and colorful colonial houses and high skyscrapers, Little India, Chinatowns and business districts, noisy chaotic traffic, monorails ‘flying’ over the city and distant and exotic chants of the muezzin calling to pray. All well blended in what might seem an intolerable mess but instead I find an exotic treat.

There is also a nice Bird park which I have visited this morning and I have found lots of (same as Malayan people) hearty and sociable birds. Just saying.

Anyway, my body has been asking me for a change for a few weeks. It wants beach, relax and push aside large cities, so tonight I’m going to Pulau Kapas, a small island in the east coast that long ago was recommended by friends.

Don’t know how long I’m going to be there, so when I will be back in the civilization I will tell you how is it, and so on.

Kioto y los bajos fondos de Osaka

Lo mejor de Kioto es el paseo del río. Sentarse con una cerveza y contemplar las horas del crepúsculo y con ellas a toda esa gente que viene de sacar fotos a los innumerables templos de la ciudad. Y una vez la noche ha llegado, retirarme a mi hostal caminando en soledad por las calles de Gion con la secreta esperanza de ver a una Geisha de camino a una casa de té. Aunque finalmente esa visión se queda en mi imaginación. Mejor así. En mi imaginación todo tiene un deje romántico del que el mundo se está olvidando conforme los tiempos avanzan.

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Por el día asistí al Gion Matsuri, una especie de semana santa a la japonesa mezclada con la cabalgata de los reyes magos.

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20150724_220132Y no faltó la fricada oportuna. Llegar por la noche al hostal y encontrarme con un coreano friki, camiseta metida en el pantalón y este subido más allá del ombligo, jugando con escarabajos gigantes en la habitación. En estas que estoy mirando la lucha encarnizada de los insectos cuando veo un milpiés repugnante corriendo a todo correr por la cama del friki, a lo que le pregunto si también es suyo. El friki, emocionado, lo coge y empieza a jugar con él, permitiendo al bicho asqueroso (y venenoso) correr por su brazo mientras me responde que no es suyo, que debe de ser otro residente de la habitación.

¿Por qué? ¿Por qué no puedo tener un día completamente normal?

 

Ahora mismo me encuentro en Osaka, tumbado en la cama y arropado en la decadencia de días que me sobran.

Ayer salí a dar una vuelta y terminé en los bajos fondos de la ciudad y en su barrio rojo. Nada que envidiar al de Ámsterdam. Calles oscuras iluminadas con faroles típicos japoneses de papel llenas de casas con portales abiertos en las que muchachas de buen ver (de muy buen ver) disfrazadas, unas de enfermeras, otras de sirvientas, te miran con pupilas que esconden mundos de placeres prohibidos. Miradas peligrosas para las almas de baja autoestima. Geishas del siglo XXI. A su lado, ancianas de caras arrugadas ofrecen a los transeúntes los servicios de sus protegidas.

Un poco más allá hay calles sotechadas repletas de ‘bares’ bastante sospechosos en los que ancianos, probablemente cansados de la soledad, aparcan sus penas sentados en taburetes oxidados, bebiendo sake mientras atienden a las cándidas palabras de las muchachas jóvenes que sirven las rondas detrás de la barra. En algunos garitos se ve al anciano cantando viejas canciones de karaoke, micrófono en mano, mientras que en otros son las mozas de barra las que cantan ante las miradas lascivas de los clientes.

 

Para mí ya es hora de salir de esta nube rara que envuelve Japón y que me hace no estar seguro de sí fue una buena idea el haber venido. Mañana tengo un vuelo de vuelta al sudeste asiático…

The best of Kyoto is the river walk. To sit down there with a beer and to watch the twilight hours with all those people coming back with their cameras full of pictures of the many temples of the city. And once the night has come, I go to my hostel walking alone through the streets of Gion in the secret hope of seeing a Geisha in her way to a tea house. But that vision finally remains in my imagination. Better that way. In my mind everything has a romantic touch that the world is forgetting with the time passing by.

During the day I saw the Gion Matsuri, kind of a mixed parade between a carnival and the Easter.

And of course I could not miss the rarity of the day. Arriving at night to the hostel I met a geek Korean, shirt tucked in his pants and this turned up beyond the navel, playing with giant beetles in the room. I was looking at the fierce struggle of the insects when suddenly I saw a disgusting centipede running at full speed on the geek’s guy bed. So I asked him if it was also his pet. Then the guy, excited, picked the centipede up and started playing with it, allowing the nasty (and poisonous) bug run down his arm and saying to me, “no, is not mine, it must be another resident of the room”.

Why? Why I cannot have a completely normal day?

Right now I am in Osaka, lying in bed, wrapped in the decay of left over days.
Yesterday I went for a walk and ended up in the slums of the city and its red light district, which has nothing to envy to Amsterdam. Dark streets lit by traditional Japanese paper lanterns full of houses with open halls where good-looking girls (really good-looking) disguised, some as nurses, some as maids, look at you with eyes that hide a world of forbidden pleasures. Dangerous glances for the souls of low self-esteem. Geishas of XXI century. Beside them, old women of wrinkled faces offer to the nightwalkers the services of their protégée.

A little further there are roofed streets filled with quite suspicious ‘bars’ in which elderly men, probably tired of loneliness, forget their sorrows sitting in rusty stools, drinking sake while attending the candid words of the young girls serving rounds behind the bar. In some bars you can see the old men singing karaoke songs from the past, microphone in hand, while in others the bar girls sing before the lascivious looks of the customers.

For me it’s time to get out of this rare cloud that envelops Japan and makes me to be unsure about if coming here was a good idea. Tomorrow I have a flight back to Southeast Asia…

Hiroshima

The human race… So it goes.

El otro día me senté en el banco de un parque a comer y me quedé mirando, absorto, el mítico edificio semiderruido con la cúpula esquelética metálica de Hiroshima, tratando de imaginar cómo sería aquella gran explosión atómica que se llevó por delante la ciudad y a todas aquellas personas. Y no pude.

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P1080360Visité el museo memorial de la paz de la ciudad donde te explican bastante explícitamente todo lo que ocurrió aquel 6 de Agosto de 1945 y aún así no me acaba de entrar en la cabeza como sería estar aquella mañana allí. Tampoco me explico, por más que le doy vueltas, por qué una persona, pongamos el paisano que soltó la bomba desde el Enola Gay, obedece y con ese acto de obedecer a algún otro hijo de puta, mata a miles de personas.

¿Quién es más hijo de puta, el que manda o el que no se lo piensa y obedece?

Al día siguiente crucé a Miyajima, una isla popular en cuanto a turismo se refiere en la que la mayor atracción es su santuario con su puerta Tori construida en el mar. Una isla llena de ciervos campando a sus anchas mezclándose con la gente.

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En un principio elegí ir a la isla sin saber que era tan turística. Miré en internet y encontré un camping por 300 yen la noche, que vienen a ser dos euros y pico, y decidí ir y acampar para ahorrar pasta. Así pues llegué a la isla, hice un trekking de unas dos horas por un bosque bastante elegante hasta la cima del monte Misen, desde el que se supone hay unas bonitas vistas, pero al llegar estaba todo nublado. Y después de bajar me acerqué al camping.

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Llego y me encuentro con una pequeña playa rodeada por campos de césped cortado al ras en el que manadas de ciervos pastan y duermen la siesta tranquilos y en el horizonte se pueden ver las montañas frondosas que rodean Hiroshima. Todo bastante decente hasta que voy a la caseta a preguntar dónde puedo acampar y me mandan a un pinar escondido como a 500 metros detrás de la playa, sin vistas, sin césped, sin ciervos y con muchos niños tocando los cojones. Así pues a mi mente viene en negrita y en mayúsculas la siguiente frase: ¡LO DAN POR CULO!

Lo que me trajo una noche más al friquismo de dormir en un internet café. Ya expliqué un poco el otro día en qué consisten estos establecimientos. Te dan una especie de cabina de oficina cerrada por todos los lados menos por el techo, con un ordenador y un sofá o colchoneta a elegir y pagas por horas. Es una forma barata de pasar la noche y además hay todas las bebidas gratis que quieras (no alcohólicas) y todos los comics que quieras leer, eso sí, en japonés.

Mucho friki. En la cabina de mi izquierda un paisano roncando. En la de mi derecha solo oigo clics de ratón a velocidades enervantes y de vez en cuando algún gritito en japonés, de lo que deduzco a un friki nivel experto jugando a algún juego de ordenador. En algún otro lugar indeterminado de la sala se oye a otro paisano sorbiendo fideos. Vamos, una velada encantadora.

Mañana marcho a Kyoto, a donde llego por la noche, y a la hora de reservar todos los hostales estaban llenos. No me queda otra que darme al friquismo una noche más. Y tal.

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The human race… So it goes.

The other day I sat down on a park bench for lunch and I stared, absorbed, the mythical half-ruined building with the skeletal metallic dome of Hiroshima, trying to imagine how it would be to be there when the atomic explosion that swept away the city and all those people happened. And I couldn’t.

I visited the memorial museum of peace in the city where they explain quite explicitly everything that happened that August 6, 1945 and still my imagination cannot evoke it. Nor can I explain to myself, though I really try, why a person, say the guy that dropped the bomb from the Enola Gay, obeys and with that act of obeying to some other motherfucker, he kills thousands of people.

Who is worse, the one who commands or the one who doesn’t think and obeys?

The next day I crossed to Miyajima, a popular island as far as tourism is concerned, in which the main attraction is its sanctuary with the Tori gate built in the sea. It’s an island full of deer roaming freely and mingling with people.

At first I chose to go to the island without knowing it was so touristy. I looked online and found a campsite for 300 yen a night, something like two euro, and decided to go camping there and save some money. So I came to the island, I made a trek of about two hours through a nice forest to the top of Mount Misen, since it was supposed to be a beautiful view, but actually was all clouds on arrival. And then I went down to the campsite.

I arrived there to find a small beach surrounded by green fields in which herds of deer graze and sleep peacefully and on the horizon you could see the lush mountains that surround Hiroshima. All pretty decent until I went to the booth to ask where I could camp and the guy there sent me to a pine forest 500 meters away from the beach with no view, no lawn, and no deer and with many children fucking around. So it came to my mind in bold and capital letters the following sentence: FUCK IT!

What brought me to another freakish night sleeping in an internet cafe. The other day I explained a little bit how these establishments work. You get a kind of cabinet office closed on all sides except for the roof, with a computer and a couch or mattress to choose and pay for hours. It is a cheap way to spend the night and there are all the free drinks you want (non-alcoholic) and all the comics you want to read (in Japanese).

Lots of geeks. In the cabin to my left was a guy snoring. To my right I just could hear mouse clicks at unnerving speed and occasionally a little scream in Japanese, from what I deduced an Expert level geek playing any kind of computer game. In another unspecified location I could hear a guy slurping noodles stridently. Well, a fantastic evening.

Tomorrow I’m off to Kyoto, where I will arrive at night and at the time of booking all hostels were full. So I have no other chance than spending one more freakish night. And so on.

Hormigas

Vago por ciudades que no conozco observando a gentes dispares caminar a mi lado. Y cuanto más camino y observo más convencido estoy de que todo esto no tiene ningún sentido y somos una plaga de animalillos asustados sin ninguna razón de ser.

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Y de repente una mirada me hace dudar.

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I wander around cities I don’t know, observing disparate people walking at my side. And the most I walk and observe, the most I am convinced that all this doesn’t make any sense and we are a plague of little scared animals without any purpose.

And suddenly a woman’s glance makes me wonder.

Mis días en el legendario Monte Fuji

El lunes dejé Tokio temprano a la mañana para coger un autobús que me trajo hasta Fujinomiya, una ciudad cerca de las faldas del legendario Monte Fuji. Llegué atontado, como de costumbre por las mañanas, y al bajarme del bus me fui directo hacia la oficina de información sin darme cuenta de que me dejaba la mochila con las cosas que han constituido mi vida durante los últimos meses. Un ¡hostias! a tiempo justo antes de que el autobusero arrancara y sin mayores problemas.

Ya en la oficina de información, nada más llegar, me pasan un Ipad con la opción de elegir entre varios idiomas. Elijo el español y al momento me sale la cara de un paisano que por el acento era argentino y que traduciría mis preguntas al japonés para la mujer de la oficina.

La eficiencia japonesa me soluciona todas mis dudas, previa traducción del argentino, y decido hacerme un plan para pasar los siguientes días a la sombra del Fuji. Al parecer el tiempo va ser bueno durante los dos días siguientes pero el miércoles por la tarde viene un temporal. Así pues decido acampar una noche en un lago e intentar la subida al Fuji el martes.

Lago Tanuki

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Compro provisiones (Onigiris, fruta, pan, jamón, sardinas y unos kitkat sabor a tarta de queso) y tomo el autobús hacia el lago Tanuki. Y llego. Y gozo. Gozo con las vistas, con la postal que se hace real ante mis ojos y paso la tarde comiendo, paseando y leyendo con la silueta solitaria del Fuji en el horizonte.

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A la mañana siguiente me despierto a las 6:30 de la mañana (dato importante pues no volvería a dormir hasta 27 horas después) y paso la mañana como la tarde anterior, leyendo un poco y soñando despierto hasta que a las 12 cojo un bus de vuelta a Fujinomiya.

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El plan es dejar la mochila grande y la tienda en una taquilla de la estación y hacer tiempo hasta las 5 de la tarde para coger el bus que me lleve hasta la 5ª estación del Fuji, a 2400 metros, desde donde empezaré la subida al monte por la noche para hacer cima por la mañana y ver el amanecer.

Subida

Dos cafés después, con los nervios bailando al ritmo de la cafeína, salgo de la cafetería y el monte ha desaparecido tras unas nubes grises con muy mala pinta. Y me cago en todo. Pero al final es una falsa alarma, la noche sería clara. (Así que aprovecho estas líneas para retirar ese me cago en todo). Cojo el bus donde conozco a una pareja de checos que también van a subir. Llegamos y los checos deciden subir del tirón, pero yo creo que es demasiado pronto ya que la subida serán unas seis horas y amanecerá sobre las 4:30 de la mañana. Y mayormente no quiero pasar las horas muertas jodido de frío en la cima. Así pues espero y me voy aclimatando a la altura y a las 21:30, después de conocer a un pamplonés que también sube, comenzamos la ascensión.

Empezamos a tal ritmo (los pamploneses son de monte) que pensamos, optimistas, que igual hasta se puede hacer cumbre en la mitad de tiempo. Y… los cojones. Después de la séptima estación (refugio) el camino se va empinando y el Fuji nos mira como diciendo “lo lleváis claro”.

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Al final, seis horas después, hecho mierda y con un ligero dolor de cabeza que amenaza mal de altura hacemos cumbre. Y ahora a esperar al sol naciente.

Y gozo.

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Bajada

Después de un par de horas en la cima nos encaminamos hacia abajo. Y ¡ay amigo! las bajadas son jodidas. A estas horas llevo 24 horas sin dormir, estoy hecho mierda, la cabeza me sigue retumbando y las rodillas me duelen un copón. Y en esto voy pensando cuando paso a unos japoneses que van subiendo y el hombre me dice señalando a una mujer que está sentada tomándose un respiro – ¡88 años, tiene 88 años! Nos cuenta que es la novena vez que la señora sube hasta arriba. Le aplaudo y le doy la mano. Y me siento viejo a mis 28 años.

Dos horas después, más jodido aún y además con la urgencia de las aguas mayores llamando a la puerta (que por cierto, debido al cansancio ni pude tener éxito en tal menester) llegamos a la quinta estación y de ahí una hora de bus en estado de duermevela hasta Fujinomiya.

Vagabundeo

Tengo un bus hacia Osaka a las 22:20 de la noche y son las 11 de la mañana. Además no he dormido en unas 27 horas, estoy empapado en sudor y huelo mal. Pero servidor es previsor y ayer eché un ojo a un internet-café, que en Japón ofrecen cuartitos por horas con tu sofá, tu ordenador, tus bebidas gratis y por un par de euros más también te dejan darte una ducha. Elegantes los japoneses. Y allí me voy a pegarme una ducha y a dormir la siesta.

Ahora mismo termino estas líneas en una cafetería cerca de la estación. He dejado el internet-café porque solo pagué por cinco horas. Aún me quedan tres horas de vagabundeo. La cafetería está llena así que no creo que me digan nada por quedarme aquí sin consumir más que un café (estoy hasta la picha de apoquinar pasta por todo).

Esta noche marcho hacia Osaka.

El Fuji ya forma parte de mi aventura, parte de mi vida y parte de mi pasado. ¿A dónde irán a parar todas estas memorias? Puede que solo el monte, solitario en esta isla del amanecer, conozca la respuesta.

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On Monday I left Tokyo early in the morning to catch a bus that took me to Fujinomiya, a city near the foothills of legendary Mount Fuji. I got stunned as usual in the mornings, got off the bus and went straight to the information office without realizing I left behind my backpack with the things that have been my life for the past months. A “shit!” just in time before the bus driver left the station and there were no major problems.

In the information office upon arrival, a woman gave me an Ipad with the option in the screen to choose between several languages. I chose Spanish and suddenly appear the face of a guy with Argentinean accent and translates my questions in Japanese for the women of the office.

Japanese efficiency solves all of my doubts and then I decide to plan to spend the next few days on the slopes of Fuji. Apparently the weather will be good for the next two days but Wednesday afternoon is going to rain. So I decide to camp overnight on a lake and try to climb to Fuji on Tuesday’s night.

Tanuki Lake

I buy supplies (Onigiri, fruit, bread, ham, sardines and a cheescake flavored kitkat and take the bus to Tanuki lake. And I arrive. And joy comes. I enjoy the views, a postcard that becomes real in my eyes and I spend the afternoon eating, walking around and reading with the lonely figure of Fuji on the horizon.

The next morning I wake up at 6:30 am (important fact because I would not sleep until 27 hours later) and spend the morning as the previous evening: reading a bit and daydreaming until 12PM when I catch a bus back to Fujinomiya.

The plan is store my big backpack and my tent and make some time until 5 in the afternoon to catch the bus to Fuji’s 5th station, at 2400 meters altitude, from where I will start the trekking during the night so I can make it to the top to check out the sunrise.

Going up

Two coffees later and my nerves dancing to the rhythm of caffeine, I leave the coffee shop and realize the Mount has disappeared behind some gray clouds that look really bad. But in the end it is a false alarm, the night would be clear. I take the bus and meet a couple of Czechs who also will go up the mount. The Czechs arrive and decide to go straight away, but I think it’s too early since the trekking will take about six hours and the sunrise will be around 4:30 AM. And basically I don’t want to spend idle hours fucking cold at the top. So I wait there, acclimating myself to the altitude and at 21:30, after meeting a guy from Pamplona who is also going up, we start the trekking.

We started at such a rate (Pamplona men are Mount men) we think optimistically that we can arrive to the summit in half the time. And… no fucking way. After the seventh station (shelter) the path gets steeper and Fuji looks at us as if to say “you wish”.

Finally, six hours later, tired as fuck and with a slight headache threatening to become in altitude sickness we reach the summit. And now we just have to wait to the rising sun.

And joy comes again.

Going down

After a couple of hours walking around the summit, we head down. And oh my friends! Going down hurts. At this time I’ve been 24 hours without sleep, I’m broken, my head is killing me and my knees tremble. And there I am with my sorrows when I pass some Japanese people who are going up and the man tells me, pointing to a woman sitting taking a break, “88 years old, she is 88 years old! And that it was the ninth time that the woman was reaching the top. I applaud and shake her hand. And me, 28, I feel old.

Two hours later, broken as fuck, I arrive at the fifth station and then an hour long bus trip in a slumber state back to Fujinomiya.

Wandering

I have a bus ticket to Osaka at 22:20PM and now is 11AM. I also have not slept in about 27 hours, I’m drenched in sweat and I smell bad. But thanks I am a foresighted person yesterday I took a look at an internet cafe which in Japan offer small rooms paying per hour with a couch, a computer, all the free drinks you want and for a couple Euros more they let you take a shower too. How cool are Japanese! And there I’m going to take a shower and a nap.

Now I’m finishing these lines in a cafe near the station. I left the internet cafe because I only paid for five hours. I still have three hours of wandering. The cafe is full so I hope they don’t realize I am staying here forever consuming just a coffee.

Tonight I go to Osaka.

Mount Fuji is already part of my adventure, my life and part of my past. Where are all these memories going? May only this lonely mountain on this island of the dawn know the answer to that question.

Tokyo en blanco y negro

Gracias a Murakami y Sofia Coppola, en mi mente Tokyo siempre fue una ciudad melancólica. También tiene su parte de circo pero esa la dejaremos para más adelante.

Poco más que contar. Como de costumbre he estado caminando la ciudad durante los últimos cinco días y mañana marcho hacia el monte Fuji con la intención de subir hasta arriba. Y tal.

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Thanks to Murakami and Sofía Coppola, in my mind Tokyo always has been a melancholic city. There is also the crazy part, but will leave that for later.

Not much to say. As usual I have been walking around the city during the last five days and tomorrow I am leaving to the Fuji mount. I will try to reach the summit next week. And so on.

Por allí enfrente sale el sol

Susurros. Voces que vienen a la mente desde algún remoto lugar. Temblor que comienza en los tobillos y me sube por todo el cuerpo. Y ahí está, una vez más, la carretera, tan sensual y atractiva como siempre, haciendome señas con el dedo para que me acerque. Y yo tengo que hacer caso. No queda otra. Soy un esclavo de la libertad que me proporciona

Sobre Seúl, ahora que me voy, tan solo parafrasearé a Kundera. 

” …No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos…”

Y ahora, el camino lógico al seguir la luna toda la noche me lleva hasta un sol naciente que promete más aventuras. Japón, ahí vamos.

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Whispers. Voices that come to my mind from some remote plances. A tremor that begins at my ankles and goes up throughout my entire body. And there it is, once again, the road, so sensual and sexy as usual, beckoning with her finger for me to come. And I have to go. There is no other way. I am a slave of the freedom she gives me.

About Seoul, now that I am leaving, I will just paraphrase Kundera:

“…it is not necessity but chance which is full of charm…”

And now, the logical way after following the moon all night takes me to a rising sun that promises more adventures. Japan, here I go.

Una tarde interminable

Empiezo a currar a las cinco de la tarde. Hoy toca recepción. A priori espero un día tranquilo. Viene un grupo grande de gente y dos o tres personas más. Lo demás será sentarse en frente del ordenador y esperar a que pase la tarde.

Me preparo el cafelito, tuerzo el cuello hasta que oigo los cracks de rigor, me siento frente a la pantalla y comienzo la jornada con las noticias (el mundo sigue igual de jodido que ayer).

He de confesar que normalmente cuando estoy currando pongo el CCTV, que vienen a ser las cámaras de seguridad en los pasillos del hostal, y observo a la fauna que se hospeda con nosotros cual documental de la dos.

En esto que de repente veo movimiento. Un grupo grande de coreanos se aproxima. La manada se para, observa el edificio y acto seguido entra directamente en los pasillos sin pasar por la recepción, la cual está en el sótano y a la que se entra por una puerta a parte en cuya entrada hay un letrero luminoso con las palabras “RECEPTION”. Pues bien, ningún miembro de la manada capta el mensaje luminoso y yo me digo a mi mismo – “les va a ir a buscar su puta madre, ya lo encontraran”.

Sigo pendiente del monitor cuando para mi sorpresa en la entrada secundaria aparece otro personaje que pronto se une a la manada en busca de ese santo grial que ahora es la Recepción, donde mientras tanto un dios cabrón que todo lo ve (que viene a ser un servidor) se está descojonando mirando la confusión que reina en el lugar.

El nuevo paisano se da una vuelta por todos los pisos y finalmente baja hasta la planta baja, sale del edificio, se para frente a la puerta de la recepción con el letrero, mira al edificio otra vez y se vuelve a encaminar hacia él. Mientras en la recepción se oye un sonoro ¡Uuuuui!! (soy yo).

Pasados como 5 o 7 minutos la cosa deja de ser divertida y me digno a salir de la recepción en busca de la manada y, como una especie de mesías, les muestro el santo camino para que se registren. El grupo coreano ocupa seis habitaciones. Una ya no la quieren y tampoco quieren pagar hasta mañana, imagino que para negociar el precio con el dueño. Pues vale.

Una vez registrado el grupo le toca al otro paisano. Un americano. Comienza bien la cosa… “Vengo de Ucrania…bueno…de Crimea…y estoy un poco confundido con el idioma….
¿me entiendes si hablo rápido no?…” (- _ -) Me dice que tiene una reserva. Lo compruebo y veo que no. Lo compruebo tres veces más y nada. Me dice que sí, que ha reservado para cuatro noches en una habitación individual y que el total de la reserva es de 50 dólares. Le digo que nones, que ese es el precio por una noche y que me enseñe e email de confirmación, que por supuesto no tiene. Me empieza a regatear y me dice que es mochilero y que le haga un buen precio. Le digo el precio para una habitación compartida de 6 camas. Le digo que le voy a hacer el 10% de descuento. Pero no se lo hago. El dios cabrón hace lo que quiere.

Bueno, parece que vuelve la normalidad a la tarde. Me vuelvo a sentar y mi paz solo se ve alterada por algunas coreanas de la manada que vienen a preguntar por platos, vasos, servilletas, tijeras… Cada cosa de una vez. Lo último que me piden es una carpa, pues están haciendo una barbacoa en la azotea y está empezando a llover. Algún otro dios cabrón riéndose en alguna parte.

Y en esto que llega otro individuo coreano a la recepción, huésped desde hace ya varios días, y mi sentido arácnido se pone en alerta y me dice “este te va a tocar los cojones”. Y efectivamente. (El otro día subí a la azotea a tomarme una cerveza y este elemento estaba allí, algo mamado. Me empezó a preguntar que de dónde era y qué hacía aquí. Al contestarle que estaba trabajando por alojamiento y comida en el hostal va y, mientras se empieza a partir el culo, me salta “entonces eres un esclavo. Jajaja.” No sé bien que cara de mala hostia debí de poner, porque tras quedarme mirándole fijamente sin decir nada, el imbécil este se dejó de reir secamente y me dijo que no, que estaba bromeando. Pues vale.)

En fin, que primero va y me pregunta que cómo se usa la máquina de café (lo cual ya le expliqué). Botón de ON y botón de Café. Luego se pone a cocinar unos noodles y, al intentar echar agua caliente, se confunde y da al botón de echar hielos. Y ahora hay hielos por todas partes. Luego va y me pregunta que si puede encender la televisión. Le paso el mando, la enciende, pone el volumen alto, se sienta 1 minuto a verla y luego se va a un ordenador y empieza a mirar algo en internet. Le digo que si no la va a ver la apago. Vale. La apago. Se va. Vuelve a los 5 minutos. Me vuelve a pedir encender la tele. La enciende y esta vez sí que se queda un rato más largo viéndola.

Intento abstraerme del pelmazo. Viene un nuevo huésped. Brasileño. Le registro y le llevo a la habitación. Vuelvo y han venido otras dos coreanas simpáticas. Las registro también y las llevo a la habitación.

De camino de vuelta a la recepción veo que el cubo de la basura de mi habitación está afuera en el pasillo, cerrado con la tapa y con una nota encima “he vomitado en el cubo. Lo siento”. Me acuerdo que hay una americana en mi habitación que lleva todo el día en la cama.

Vuelvo a la recepción. El pelma sigue viendo la tele. Ahora vuelve otra vez el brasileño. Que si le puedo cambiar de habitación porque no le funciona el agua caliente. Me acuerdo que había algún problema en todo el segundo piso y que no está arreglado. Le digo que se espere y lo arreglo. Llamo al jefe y nos tiramos un rato para dar con el problema pero al final lo arreglamos.

Al volver a la recepción las dos coreanas que acaban de registrarse nos esperan. Que si se pueden cambiar de habitación que hay como arenilla en una de las camas. Parece ser que ha caído del techo. Nada, sin problema, a las coreanas majas lo que quieran.

Vuelvo a la recepción. Estoy hablando un poco con el jefe cuando aparece la americana de mi habitación con un ojo morado (ayer se fue de fiesta con un señor llamado ‘Tequila’ y debió de volver con hambre porque se comió el lavabo con la cara). Nos dice que cree que tiene que ir al hospital porque está vomitando sangre… Al final llama a una amiga que tiene un conocido que es médico (o algo así, porque yo a estas alturas ya estoy muy perdido) y este le dice que se calme y se vaya a descansar otro rato. Se vuelve a la cama.

Yo creo que ya por hoy es suficiente. Me quiero ir a la cama pero el cuerpo me pide una cerveza. Abro el frigorífico y encuentro una litrona que ayer unos huéspedes se olvidaron en el congelador y que esta mañana cambié de sitio. La abro y algún misterioso efecto químico ajeno a mis conocimientos hace que empiece a salir cerveza a raudales y ponga el suelo perdido. Lo limpio, me sirvo un vaso con brumos de hielo y me dispongo a empezar a escribir estas líneas cuando aparece un holandés mamao. “Deiviiiiddd, how are youuuuu mi amigo?…” Y me empieza a contar como ha sido su día… Cuando acaba se marcha, no sin antes ofrecer compartir conmigo sus alitas de pollo y decirme que me vaya de fiesta con él porque es su última noche. Le digo que no.

Son las 12 de la noche. Ya debería haber cerrado la recepción pero quiero terminarme la cerveza. Me dispongo a dar otro sorbo de birra cuando aparece un español que vuelve al hostal tras pasar dos días en la playa. No sabe que debe registrarse en el otro edificio y, por supuesto, tampoco sabe dónde está el otro edificio, así que me toca dejar la cerveza ya por imposible, cerrar la recepción y acompañarle bajo la lluvia. Por el camino nos encontramos con el holandés que también le ofrece irse de fiesta con él. Le dice que sí.

Ahora mismo estoy ya en la cama, terminando de escribir esto. La americana se encuentra mejor. No ha vuelto a vomitar sangre. En mi litera de arriba duerme un mexicano, pero ahora mismo no está. Esta tarde me dijo que se iba de fiesta. Tiene un vuelo a las 7 de la mañana así que estoy seguro de que va a volver borracho perdido haciendo ruido, hará la maleta y se irá. Y por su puesto en ese proceso me despertará y me cagaré en todo.

Eso si no ha salido con un señor llamado Tequila…

I start working at five in the afternoon. Today it’s reception work. A priori I expect a quiet day. It just has to come a large group of people and two or three other guests. I will spend the rest of the time in front of the computer, waiting the afternoon to pass.

I prepare my coffee, I twist my neck until I hear some ‘cracks’, I sit down in front of the screen and start the day with the news (the world is just as fucked up as yesterday).

I must confess that sometimes while working I check the CCTV in the corridors of the hostel, and observe the behavior of the guests walking in the corridors as if I would be watching a wildlife documentary.

Suddenly I see movement. A large group of Korean people approaches to the reception. The herd stops, looks at the building and immediately enters directly into the hall without going through the reception, which is in the basement and in the entrance there is a big illuminated sign with the words “RECEPTION “.

Well, it looks like no member of the herd find the luminous message and meanwhile I say to myself – “shit, I am not going to take them in.”

I am still looking to the screen when, to my surprise, in the secondary entrance it appears another new guest who soon joins the herd in the search of the Holy Grail that now has become the reception, where an evil god who sees everything (which is me) is laughing while looking all the confusion that reigns in this place.

The new guy checks every floor with no luck and finally comes down to the ground floor and out of the building, stands in front of the reception door with the sign and walks away from the it and inside the building again. Meanwhile the evil god is still laughing.

After about 5 to 7 minutes the thing ceases to be fun and I make the effort and leave the desk in search of the herd and, as a kind of messiah, I show them the holy path to the check in. The Korean group occupies six rooms. They no longer need one of them and they want to pay tomorrow morning. I guess this is to negotiate the price with the owner. Well, okay.

Once I check in the group now is the turn for the other guy. An American … And he starts being weird. “I come from Ukraine, well, actually Crimea … and…well … I’m a little confused with the language … Do you understand me if I speak fast … “? (- _ -) He says he has a reservation. I check it and see he has not. I check it three times more, just in case, and he has not. Then he says he booked for four nights a single room and that the total reservation is $ 50. I almost say to him that that is bullshit as that price in that room is just for one night. I ask him for the reservation email. He has not. Then he starts to haggle and tells me that he is a backpacker and asks me to give him a good price. I tell him the price for a 6 bed dorm. I also tell him I will give him a 10% discount. But I do not. The evil God…

Well, it seems the afternoon returns to normality. I sit down again and my peace is disturbed only by some of the herd members that are coming to ask for plates, glasses, napkins, scissors … but not everything at once. The last thing they ask me is a canopy because they are doing a barbecue on the roof and it’s starting to rain. I imagine another evil god laughing somewhere.

And here it comes another Korean guy to the reception, a guest for several days already, and something inside myself tells me “this guy is going to break your balls”. And indeed he does. (The other day I went up to the roof to have a beer and this guy was there, drunk. He asked me what I was doing here. In told him that I am working for accommodation and food and he just began to laugh his head off and then he told me “then you are a slave, hahaha.” I’m not sure how my face was at that moment but I just kept starting very serious at him, and the idiot quickly stopped laughing, apologized and told me he was just joking. Well, okay.)

Anyway, first he asks me how to use the coffee machine (which I already explained to him the other day). Switch it ON and press coffee button. Then he starts to cook some noodles and try to pour some hot water in the pot but he gets confused and pushes the ice button. So now there is ice everywhere. Then he asks me if he can turn the TV on. Ok. He turns it on, watches it for one minute and then goes in front the computer and starts looking something in the internet. I tell him I am turning it off if he is not going to watch it, which I do. He leaves and after 5 minutes comes back and asks me to turn the TV on again. Well, okay.

I attempt to abstract myself from him. Then here comes a new guest, a Brazilian guy. I check him in and led him to the room. When I come back there are two new and nice Korean girls to check in too which they do.

On the way back to the reception I see the trash bin of my room in the corridor, with the lid on and on top a note that says “I vomited in the bin. Sorry “. I remember that there is an American girl in my room that has been all day in bed.

Back in the reception, the tedious Korean guy is still watching TV. Now it comes back the Brazilian guy. He asks me if he can change his room as the hot water is not working there. I remember there was a problem in the entire second floor and it has not been fixed yet. I tell him to wait so I will fix it. I call my boss to help me and after a while we finally do it.

When I return to the reception the two Korean girls who just checked in are there. They ask me if they can change their room as there is some grit on one of the beds. It looks like is falling from the ceiling. No problem. Nice Korean girls will have whatever they want.

I come back to the reception. I’m talking now a little bit with my boss when the American girl from my room appears with a black eye. (Yesterday she went partying with a man called ‘Tequila’ and when she came back she found the sink to close to her face.) She says she thinks she has to go to the hospital because she is vomiting blood. Shit. She finally calls a friend who knows a doctor (or something like that because, to be honest, right now I am already very lost) and he tells her to calm down and go rest again. So she goes back to bed.

I already think it is enough for today. I want to go to bed but my body asks me for a beer. I open the refrigerator and find one bottle that some guests forgot yesterday in the freezer and I changed this morning to the fridge. I open it and a mysterious and unknown chemical effect makes the beer start to come out crazily so now everything is full of beer. I clean it, pour myself a glass with ice included and I am about to start writing these lines when a drunk Dutch suddenly appears. “Deiviiiiddd, how are you my friend? …” And he starts telling me how was his day… He finishes his story and leaves, but before he offers to share some chicken wings with me and asks me to go partying with him tonight, which I refuse.

Now is 12 AM. I should have closed the reception already but I want to finish my beer. I am about to take another sip of beer when a Spanish guy, returning to the hostel after spending two days at the beach, comes back to check in again. He actually should go to our other building but he doesn’t know it and, of course, he doesn’t know how to get there neither. So I just leave my beer, close reception and go walk with him under the rain. Along the way we meet the drunk Dutch who also offers to go partying to the Spanish guy. He accepts.

Right now I’m already in bed, finishing these lines. The American girl feels better. She has not vomit blood again. In my top bunk should be sleeping a Mexican guy, but he is not there. This afternoon he told me he was going to party today. He has a flight at 7 AM so I’m sure he will come back drunk and making noise, will take his backpack and leave. And of course in the process he will wake me up.

That will happen only if he didn’t go partying with a man called ‘Tequila’…

Vamos a generalizar…

Ha llegado la hora de generalizar. Sí, eso que a nadie gusta pero que al final todos terminamos haciendo. Y si hace unos meses era yo mismo quien escribía esto: “…con los prejuicios inherentes que todos llevamos con nosotros y que jamás podremos llegar a dejar atrás, aunque quizás sí puede uno llegar a olvidarse de ellos durante un tiempo, como me pasa cuando viajo. […]”. Soy ahora yo mismo otra vez quien se dispone a despotricar de manera zafia y variada sobre las diferentes nacionalidades que me he ido encontrando por el camino.

Pero esto no son prejuicios. Esto son hechos, amigas y amigos. Hechos objetivos desde mi punto de vista que he ido recolectando de primera mano, muchas veces teniendo por el camino que aguantar a la más atroz de las calañas que forman parte de ese degenerado género humano que habita este planeta.

Y aquí vamos.

Vamos a empezar por los estadounidenses (no hay americano que valga, ni que el puto continente les perteneciese). Los estadounidenses no se callan la puta boca. Estaba yo hace escasos minutos sentado en la azotea del hostal leyendo apaciblemente bajo los últimos rayos de sol de la tarde cuando han aparecido un yanqui y un australiano y se han puesto a dialogar, rompiendo mi paz interior. No habría mayor problema, pero es que los estadounidenses siempre que hablan lo hacen para referirse a ellos mismos y lo guays que son allá en América, cosa que me rompe las pelotas.

Había el otro día un ‘pelos’ en bata aquí en la recepción (nada que ver con el gran Lebowski), con las uñas pintadas y maquillaje a medio desmaquillar (la noche anterior había aparecido vestido de mujer porque iba a una fiesta de drag queen a dar el cante, pero vamos a obviar todo esto). Pues bien, estando yo en la recepción a eso de las diez de la mañana dedicándome a mis asuntos, sin molestar a nadie, apareció el susodicho con las susodichas pintas y con su voz de jodido barítono para empezar a hablar con otro yanqui durante dos horas sobre lo interesante que era su puta vida allí y sus putos estudios en una de las más guays universidades de esa jodida tierra prometida que todo el mundo piensa que es California. Dios, que mala hostia me levantó.

O estando otro día concentrado en unos datos que tenía que meter en el ordenador, una paisana oriunda de Chicago tuvo la feliz idea de bajar a la recepción a contar a todo el mundo que aparecía lo guay que era por haber hecho una ruta en bici por Corea durante cuatro días y lo bien que se sentía de estar ya en la treintena, con la misma energía física de cuando era una jodida veinteañera pero con más seguridad en sí misma y patatín y patatán, la muy pedante. Y así con todos eh, tooodos y cada uno de los personajes que pasaron por la recepción aquel día se fue a la cama con ese nuevo conocimiento vital.

Pasemos a los vietnamitas. Ya os podréis imaginar mi opinión al respecto. Odio a los jodidos vietnamitas. Ruidosos, usureros con aires de superioridad, gitanos del sudeste asiático que me timaron y tocaron los cojones una y otra vez en mi visita a su país. Esta mañana había un grupo de vietnamitas en la recepción del hostal. Tenían un problema y es que se habían presentado en el aeropuerto con su viaje ya comprado a Japón, pero una de ellos no tenía el visado necesario, cosa que no se habían parado a pensar debido a esos aires de superioridad que les da el ser súbditos del tío Ho Chi Minh. No me he dignado a dirigirles la palabra. No me he interesado ni lo más mínimo por su problema. Por muy ruin que todo esto pueda sonar, aún tengo las cicatrices de esa guerra personal con Charlie demasiado frescas como para que alguno de ellos me parezca simpático o al menos no me parezca un hijo de puta.

Por su parte, han sido dos los malayos con los que he coincidido aquí en el hostal. Ha dado la casualidad de que ambos roncaban como osos y para más inri, las dos veces dormían en la litera encima de mí. Ambas noches me dejé los nudillos dando guantazos al colchón para que dejasen de roncar. De las malayas con velo mejor no hablamos. Pero hay un dicho español, eres más feo que un callo…

Los chinos. Los chinos son extraños y como turistas, cuando van en manada, son las personas más odiosas que te puedas echar a la cara. Son vietnamitas elevados a la enésima potencia. Por mi cabeza había pasado la posibilidad de visitar China en verano, pero después de informarme con opiniones varias, creo que no sería capaz de lidiar con los chinos en su propio país.

Conozco a gente rusa y algunos son incluso amigos. Cosa que no quita que los rusos sean unos bordes. El humor ruso está fuera de mi rango de comprensión e incluso diría que del rango de comprensión de muchos otros europeos. Y es que tiene sentido que Putin sea su presidente. Como tiene sentido que Berlusconi lo fuera de los italianos. Y no digo más.

Pero no preocuparse, también hay opiniones y generalizaciones buenas en este texto que puede que me cueste alguna que otra amistad.

Hasta el momento sólo puedo decir buenas palabras sobre los coreanos. También hay que tener en cuenta que pasar de Vietnam a Corea del Sur fue para mí, como en la Divina Comedia de Dante Alighieri, pasar del infierno directamente al cielo.

Los ingleses. Después de mi estancia en Londres he llegado a entender e incluso puedo decir que me gustan los ingleses.

Respecto a los franceses hace ya mucho que cambié de opinión y pasaron de desagradarme bastante a gustarme. Y las mujeres francesas no tienen pelos en los sobacos. Bueno, haberlas las habrá, pero yo creo que es más una leyenda urbana de la España franquista…

He tenido la suerte de que la mayoría de españoles con los que me he cruzado durante este viaje han sido vascos. Y los vascos son sanotes, son gente campechana y honesta. Los vascos molan mucho.

Y los colombianos me siguen pareciendo de lo mejor. Sin duda.

Espero que nadie se tome a mal las opiniones personales de este texto exagerado, humorístico y sarcástico. Excepto por los vietnamitas, que me dan igual y se pueden ir al carajo.

The time has come to generalize. Yes, that that nobody likes but ultimately all end up doing. And if a few months ago it was me who wrote this: with the inherent prejudices we all carry with us and we can’t leave behind, though one can forget about them for a while, as it happens when I travel. […] “. I am now myself again who is about to rant in a very boorish and varied way about all the nationalities I’ve been meeting on the road.

But these are not prejudices. These are facts, my friends. Objective facts from my point of view I have been collecting firsthand, often having to put up with the most atrocious kind of the degenerate human race who inhabits this planet.

And here we go.

Let’s start with Americans (people from USA, which I will call American in English, although they do not fucking own the continent). Americans wouldn’t shut the fuck up. A few minutes ago I was sitting on the roof of the hostel reading peacefully under the last rays of sun in the afternoon when have appeared a Yankee and an Australian to start talking, breaking my inner peace. There would be no big deal, but is that Americans do always talk about themselves and how cool they are there in America, which pisses me off.

There was the other day a ‘deadbeat’ in a robe here at the reception (nothing to do with the big Lebowski), with painted nails and still some makeup in his face (the night before he had appeared dressed as a woman because he was going to a drag queen party to stick out like a sore thumb, but let’s ignore these). Well, when I was at the reception at about ten o’clock in the morning dedicating myself to my own business without disturbing anyone, appeared the aforementioned with his look and his fucking baritone voice to start talking with another Yankee for two hours about how interesting was his fucking life and his fucking studies there in one of the coolest universities of that fucking promised land that everybody think is California. Bloody hell!

Or another day when being focused on some data that had to get into the computer, a Chicago-born compatriot of the deadbeat had the bright idea to go down to reception to tell everyone how cool she was because she had made a route by bike through Korea for four days and how good it felt to be in her thirties, with the same physical energy when she was in her fucking twenties but with more self-confidence and a so pedantic on. And so with all the people, each one of the bloody persons who passed by the reception that day went to bed with this new vital knowledge.

And now let’s go with the Vietnamese. And you can imagine my opinion here. I hate the fucking Vietnamese. Loud, condescending usurers, gypsies from Southeast Asian that ripped me off and broke my balls again and again on my visit to their bloody country. This morning there was a group of Vietnamese at the reception of the hostel. They had a problem. They went to the airport with an already purchased journey to Japan, but one of them did not have the necessary visa, probably because of these airs of superiority given to them by the fact of being subjects of uncle Ho Chi Minh. I have not deigned to talk to them. I have not had the slightest concern about their problem. However mean that all this may sound, yet I have the scars of that personal war with Charlie too fresh for some of them to seem sympathetic to me or at least don’t seem as motherfuckers.

On their behalf, there have been two Malaysians I have met here at the hostel. It has happened that both were snoring like bears and to make matters worse, both times they slept in the bunk above me. Both nights I graze my knuckles punching the mattress above me so that they would stop snoring. Of Malaysian women with veil we better shouldn’t talk. But there is a Spanish saying that starts with, you’re uglier than…

Chinese. The Chinese people are strange and as tourists, when they go in hordes, are the most hateful people you could face. They are Vietnamese elevated to the nth power. Lately I was thinking to visit China in the summer, but after gathering various opinions, I think I would not be able to deal with the Chinese people in their own country.

I know Russian people and some are even friends, which does not prevent the Russians to be boor people. Russian humor is out of my range of understanding and I would even say out the range of understanding of many other Europeans. And it makes sense that Putin is their president. As it makes sense that Berlusconi was the President of the Italians. And I say no more.

But don’t you worry; there are also good reviews and generalizations in this text that may cost me some friends.

So far I only can say good words about Korean people. Coming from Vietnam to South Korea was for me like in the Divine Comedy of Dante Alighieri to pass from Hell straight to Heaven.

The Brits. After my stay in London I have come to understand and I can even say that I like the Brits.

Regarding the French, it has been long since I changed my mind and went from dislike them to like them a lot. And the French women do not have hairy armpits. Well, some may have, but I think it’s an urban legend from the time of Franco…

I’ve been lucky that most Spaniards with whom I have come across during this trip were Basques. And Basque people are wholesome, cheerful and honest. The Basques are cool a lot.

And Colombians still seem to me the best. Definitely.

I hope nobody will take these opinions as a personal offense, as they are kind of exaggerated and sarcastic. Except for the Vietnamese, whom I don’t care and they can go and fuck themselves.

Un vistazo al pasado

Estoy sentado en una terraza con vistas a la Seúl Tower, sin saber muy bien, como de costumbre, cuáles han sido los pasos ya caminados que me han traído hasta aquí.20150524_141729

Un rayo de sol me hace parpadear y de repente me encuentro en Valladolid, en la facultad de Filosofía y Letras, una tarde de hace ya más tiempo del que querría imaginar. En la mesa conmigo hay un grupo de chavales de esos que un buen día la vida pone en el mismo camino que el tuyo y por lo que después hay que estar agradecido.
 
Haciendo el imbécil y jugando al mus. Así recuerdo los días de facultad ahora que estoy aquí otra vez sentado con ellos. Lo demás es secundario.
 
Entre las trampas de Seno y Escorial y los órdagos a pares y a juego se van sucediendo comentarios sobre fútbol y mujeres mayormente y también se van haciendo cábalas: quién será el que llegue mas lejos en este mundo del periodismo para el que se supone nos estamos preparando entre raciones de bravas y juegos de cartas o quién será el primero del grupo en casarse y por ende, quién va a ser el que más se va a emborrachar en la boda o qué tipo de espectáculo (…) se preparará para la virtual despedida de soltero.
 
Fijo la vista en la ventana por un instante y cuando vuelvo a la realidad estoy de nuevo en el presente. Joder. Lo que daría por estar un ratito más allí sentado riéndome con las interminables bobadas que en el futuro acabaremos echando de menos.
 
Pero estoy aquí otra vez, viéndolo todo desde la distancia en el espacio y el tiempo con una perspectiva demasiado extraña.
Veo a todos esos simpáticos imbéciles haciéndose mayores, tropezando (sin que tropezar connote algo negativo) o escogiendo azares dispares que no habíamos previsto aquellas lejanas tardes.
 
Lo veo como si estuviesemos todos en una gran autopista, destino a un futuro que nadie conoce, cada uno en un carril, corriendo todos a diferentes velocidades y parando a veces en la misma estación de servicio para encontrarnos y ponernos al día. Es como si yo observara todo esto desde el arcén de esa autopista, por el que avanzo caminando, poco a poco, saltándome el guardarrail de vez en cuando para echar una ojeada fuera de la carretera. Y desde este arcén a veces no entiendo y muchas otras envidio a esos chavales de antaño que sin darnos cuenta se han ido convirtiéndo en hombres.
 
Y me pregunto con inquietud a dónde nos lleva esta calzada y que más sorpresas nos depara, mientras espero con anhelo la siguiente estación de servicio donde volver a encontrarnos.

I am on a terrace overlooking the Seoul Tower, without really knowing, as usual, how I ended up here.

A ray of sun makes me blink to suddenly find myself in Valladolid, in the Faculty, an evening more time ago than I would like to imagine. At the table with me there is a group of kids from those who one day life puts in the same way as yours and you have to be grateful for it.

Making stupid things and playing mus. So is how I remember those days right now that I’m here sitting with them again. Everything else is secondary.

While Seno and Escorial are trying to cheat on us and the game is going on, we talk about football and women mostly and we also speculate about who will become an important person in this world of journalism for which it is assumed we are preparing ourselves between patatas bravas and card games, or who will be the first of the group to marry and therefore who will be the more drunk at the wedding or what kind of show (…) will be prepared for a virtual bachelor party.

I stare to the windows for an instant and when I come back to the reality I am already back in the present. Fuck. I would give a kidney to be there a little while laughing with all those silly things that we will miss in future.
But I’m here again, seeing everything from the distance in space and time with a really strange perspective.
I see all these nice assholes getting older, stumbling (connoting nothing negative) or choosing disparate ways we had not expected back then in those afternoons.

I see it as if we were all on a major highway, bound for a future that no one knows, each in a lane, all running at different speeds and stopping sometimes in the same service station to meet and catch up. It is as if I observe all this from the side of the highway, where I go by, walking slowly, skipping the guardrail occasionally to glance off the road. And from the side of the road sometimes I do not understand and many others I envy those kids of yesterday who inadvertently have become men.

And I wonder anxiously where is this road taking us and which kind of surprises are still coming, while I look forward to arrive to the next service station where we can meet again.

Sedentarismo Vol. 17,6º

11267342_959457397431717_757541635_nEntre Soju y Makgeolli sigo viviendo este impasse sedentario en Seúl. No ha pasado nada cómico o dramático excepcional que me diera material para el blog, por ello se explican estas largas pausas sin escribir nada.

Mi horario ha cambiado últimamente y tengo más tiempo libre para irme a indagar por ahí, así que pronto espero tener nuevas e interesantes historias que contar. Mientras tanto aquí dejo algunas fotos.

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PS – Calculando el presupuesto restante hasta mi vuelta a Europa, he tenido que planear mis siguientes (sí, plural) destinos tras Corea. Ya tengo unos cuantos billetes de avión en el bolsillo. Una vez deje Corea (todavía me queda algo más de un mes aquí) voy a tener que inventarme algo para seguir el plan de manera barata (porque no me va a dar para muchos lujos). Así pues, una vez más la Ley Thompson de economía del viaje va a ser mi guía: “avante a toda mecha y al final todo saldrá bien.”

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Among Soju and Makgeolli I keep living this sedentary impasse in Seoul. It has not happened anything exceptional neither comic nor dramatic to write about, that’s why this long pauses without writing anything.

My schedule has changed lately so I have more free time to wander around, so hopefully soon enough I will have new interesting stories to tell. Meanwhile here there are some photos.

PS – Calculating my remaining budget until I get back to Europe, I have had to plan my next destinations (yes, plural) after Korea. I already have some flight tickets in my pocket. Once I leave Korea (I still have more than a month here) I will have to invent a way to make my plans real in a cheap way (because my budget is not a luxury one). So, once again, I will have to follow the Thompson Law of the economy of travelling: “move forward at full speed and at the end everything will be fine”.

Las noches de Seúl

Y se cumplieron los tres meses de viaje en un lugar que a priori no estaba en las expectativas. Y como las expectativas normalmente llevan a la decepción, pues mejor así.

Los días en Seúl pasan rápido y sigo sin haber visitado gran parte de la ciudad. Al menos durante el día. Las noches son otra cosa (que se lo pregunten al chaval sueco que el otro día aparecíó dormido en el baño de una de las habitaciones. Está de más decir que estaba completamente borracho).

P1080004Las noches aquí en la capital coreana son interminables. El otro día, sin comerlo ni….bueno, beberlo si que se bebió, estuve en la zona de Hongdae, una zona universitaria conocida por ser zona de marcha y de artistas callejeros. Y nos dieron las diez y las once… entre un club donde la música estaba a volúmenes rompe tímpanos (al día siguiente me costaba oír), con coreanos por aquí y por allá arrimando cebolleta, y un karaoke en el que terminamos la noche cantando Bohemian Rhapsody como si no hubiera un mañana.P1080009

Antes de eso estuve cenando “Chimek”, que no es otra cosa que pollo frito acompañado de cerveza, sumandole un poco de Soju (bebida alcoholica tradicional hecha de arroz) e improvisando un picnic frente a las bonitas vistas del Bampo Bridge, el puente-fuente más largo del mundo, en el que hacen espectáculos con chorros de agua, música y luces.

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Poco más. Sigo disfrutando de la comida coreana, sobre todo del Kimchi y del sedentarismo temporal antes de seguir rumbo a otros destinos que por el momento tendrán que esperar.

Seguiré informando.

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So suddenly I have just passed the three month border of this trip, in a place that at first was not in my expectations. But expectations usually lead to disappointment, so I can’t complain then.
The days here in Seoul pass quickly and I haven’t visited much of the city yet. During the day, I mean. The night is different (you can ask the Swedish guy who the other day appeared sleeping in the toilet of a room, obviously completely fucked up).

The nights here in the Korean capital are endless. The other day, without planning it I just ended up going with some other people to Hongdae area, a university district known as nightlife area with lots of street performers. And we forgot about time in a club where the music was loud as hell (the next day it was hard to hear anything), with Koreans here and there scrubbing their hips with some ladies, and in a karaoke where we ended the night singing Bohemian Rhapsody as if there were to be no tomorrow.

Before that I was having “Chimek” for dinner, which is nothing but fried chicken accompanied by beer, plus some Soju (traditional korean alcoholic drink made from rice) and improvising a picnic in front of the amazing views of the Bampo Bridge, the world’s longest bridge-fountain, which makes shows with water jets, music and lights.

Not more to say. I continue enjoying Korean food, especially Kimchi and also the temporary sedentary lifestyle before moving towards other destinations that for the moment will have to wait.

I will keep reporting.

Y por casualidad, Corea del Sur

Pues eso. Dos o tres días antes de salir de Vietnam estuve barajando posibilidades para un nuevo destino. En un principio tenía un vuelo reservado para principios de Mayo de vuelta desde Hanoi hasta Ho Chi Minh City ya que la idea era volver a cruzar a Camboya e intentar trabajar en algún hostal de las playas del suroeste del país.

Pero también barajaba otras opciones secundarias; planes B, C, D y bueno, en mi mente bipolar siempre hay muchos planes…

Una vez llegado a Hanoi y después de toda la mañana de puteos varios con la moto, al llegar al hostal me encontré con un email que me contestaba positivamente respecto a uno de mis planes secundarios.
Y así pues, raudo y veloz y sin pensarlo ni un segundo (pensar mucho es perjudicial), me metí en internet y reservé el primer billete que ví para Seúl, Corea del Sur, desde donde escribo estas líneas.

P1070966Un gran cambio. De la incivilidad gitanesca vietnamita que tanto he odiado, sigo y seguiré odiando probablemente durante bastante tiempo, pasé a la civilización y tecnologías coreanas, a la seguridad, a la simpatía y al respeto por los semejantes, sin que el hecho de ser turista se convierta en la razón principal para querer destriparte.

P1070962Estoy trabajando en un hostal de Itaewon, la zona más occidental (en el sentido de que es dónde se ven más extranjeros) de Seúl. El cansancio acumulado no me ha dejado visitar gran cosa aún y además que estos días he estado aprendiendo el noble oficio de llevar una recepción de hostal y el de hacer camas (ironías del destino, yo nunca hago mi cama). Trabajo a cambio de alojamiento y de comida, y por cierto, esta última, la comida coreana, está cojonuda. Y probablemente también saque algun dinero extra con algún otro trabajillo aquí en el hostal. Nada serio ni ilegal, no hay porqué preocuparse.

Estaré aquí un tiempo asi que en mis días libres intentaré ir escribiendo e informando de mis peripecias por estos lares.

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PS – La zona donde está el hostal esta muy cerca de la zona de fiesta. Ayer por la mañana un chaval coreano, super mamado, sin ánimo de hacer mal y tan solo bastante perjudicado por los licores y los humores de la noche, se coló en una de las habitaciones donde dormían otros huéspedes, no hizo ascos en vomitar en zapatos, mochilas y maletas alrededor y se quedó placidamente dormido en una cama. Cosas que pasan…

That’s it. Two or three days before leaving Vietnam I was shuffling possibilities for a new destination. Initially I had booked a flight for early May back from Hanoi to Ho Chi Minh City, since the idea was going back across Cambodia and try to work in a hostel near the beaches in the Southwest.

But I also had in mind other back-up plans; B, C, D plans, as in my bipolar mind there are always many plans …

Once arrived to Hanoi and after the bad morning with the bike, I got back to the hostel and found an email that answered positively about one of those back-up plans.

And so, quickly and without thinking about it for any second (thinking too much is bad), I went online and booked the first ticket I saw for Seoul, South Korea, where I’m writing these lines.

A big change. From the gypsy Vietnamese incivility I hated, I keep hating and I will probably hate for quite some time, I came to the nice Korean technological civilization, to the safety and to the sympathy and respect for peers, as here being a tourist doesn’t mean a reason to be ripped off.

I am working in a hostel in Itaewon, the westernmost part (in the sense that is where there are more foreigners) of Seoul. The accumulated tiredness has not allow me to visit much of the city yet, plus these days I have been learning the noble art of leading a hostel reception and making beds (ironically, I never make my bed). I work in exchange for accomodation and  food, and indeed the Korean food is damn good. And I will probably make some extra money with some other little works here at the hostel. Nothing serious or illegal, no need to worry.

I’ll be here for a while so on my days off I will try to write and report about my adventures around here.

PS – The area where the hostel is, is very close to the party area. Yesterday morning, a young korean guy, not aiming evil but just really fucked up by the spirits and moods of the night, sneaked into a room where other guests were sleeping and did not hesitate to vomit on the shoes, backpacks and suitcases he found around, to then fell asleep peacefully in a bed. These things happen …