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Farangs por el Banana Pancake Trail

“Después de todo, un hombre sin hogar tiene derecho a llorar, pues todas las cosas del mundo se levantan contra él”
Los Vagabundos del Dharma, Jack Kerouac

¿Quizás es que vengo intoxicado del mundo real? Un momento ¿y cuál es el mundo real, ese en el que tengo que trabajar en algo que no me gusta y vivir una vida monótona que me amarga la existencia, o este otro en el que me levanto todas las mañanas con la única obligación de hacer lo que me dé la gana?
Y es que a lo mejor, me preguntaba, venga intoxicado de occidente, con los prejuicios inherentes que todos llevamos con nosotros y que jamás podremos llegar a dejar atrás, aunque quizás sí puede uno llegar a olvidarse de ellos durante un tiempo, como me pasa cuando viajo. Los prejuicios pues, aún circulan por mi sangre envenenada y a veces tengo días malos en los que me molesta todo el mundo y en particular esa gente caucásica de camiseta de tirantes, bañador y gorra levantada que cree que todo esto, Asia me refiero, es un parque de atracciones hecho especialmente para ellos (Banana Pancake Trail). Y no les conozco. Probablemente sea gente con inquietudes más allá de las famosas fiestas de la Luna llena. Aunque no lo demuestran mucho. De todas formas a partir de ahora me propongo a mi mismo ir poco a poco desintoxicándome y volver a la senda del Dude: Abide the style, take it easy, fuck it.

Y tras estas reflexiones personales que no puedo dejar de plasmar para que todos vean lo raro que puedo llegar a ser, os sigo contando un poco como va la senda que he decidido tomar por estas tierras.
Cayendo una vez más en una de mis muchas contradicciones y siguiendo ese Banana Pancake trail (aunque con retoques a mi gusto) del que me quejaba antes, salí de Bangkok en tren hacia P1070419Phitsanulok, una ciudad en el centro de Tailandia. Llegado aquí, la horda de guiris con la que iba en el tren desapareció rápido, camino de sitios más turísticos, y yo por mi parte decidí quedarme una noche y darme una vuelta a ver lo que se veía por allí. Poca historia exceptuando un templo bastante famoso en Tailandia con, la que dicen, la más bonita estatua de Buda del país, una conversación en inglés básico (el mío) con una niñita que estaba estudiando inglés en el colegio y un masaje tailandés, o no sé si describirlo mejor como una paliza que me dio una señorita tailandesa y tras la que llegué a la cama del hostal y perdí la conciencia.

Al día siguiente, el cuerpo como nuevo, autobús hacia Sukhothai, una ciudad a una hora con las ruinas del primer reino tailandés del siglo XIII. Se suponía que por la noche cogería directamente el autobús para venir hasta Chiang Mai, pero después de recorrer las ruinas en bici todo el día tenía las almorranas aplaudiendo y las piernas cansadas así que hice trámites y pasé la noche allí.

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Lo que nos trae hasta Chiang Mai, donde ahora mismo estoy sentado en un hostal rodeado de farangs (que viene a ser “guiri” en tailandés) rubios super guays del paraguay hablando de sus tours con elefantes y sus cursillos de buceo en Ko Tao.

Estoy planeando una jugada para los días venideros que podría salirme bastante bien antes de dejar Tailandia y cruzar a Laos. Pero eso, amigos, cual buena telenovela con un ‘Continuará’ de letras grandes al final del capítulo, ya es otra historia que os contaré en el próximo post.

“After all, a homeless man has reason to cry, everything in the world is pointed against him”
The Dharma Bums, Jack Kerouac

Perhaps it’s that I come intoxicated from the real world? But wait a moment. Which one is the real world, the one where I have to work on something I don’t like and live a monotonous life that bitter my existence, or the one where I wake up every morning with the only obligation of doing whatever I want?
So I was wondering that maybe I come intoxicated from the west, with the inherent prejudices we all carry with us and we can’t leave behind, though one can forget about them for a while, as it happens when I travel. Prejudices therefore still circulating in my poisoned blood and making that sometimes I have bad days when everything bothers me, particularly the tank tops, swimsuits and caps raised caucasian people thinking that all this, I mean Asia, is a recreation park specially made for them (Banana Pancake Trail). And I don’t personally know them. Probably they are people with concerns beyond the Full Moon parties. It doesn’t look much like it though. Anyway, from now on I intend to detoxify myself and return to the path of the Dude: Abide the style, take it easy, fuck it.

And after these personal reflections that I can’t help writing so everybody can see how weird I can be, I will keep telling you how the way I have decided to go around here is going on.
Once again contradicting myself and following this Banana Pancake Trail (with some personal changes) that I complained about before, I left Bangkok by train to Phitsanulok, a city in central Thailand. Once here, the horde of ‘farangs’ coming with me in the train disappeared quickly, in the quest for more touristic places, meanwhile I decided to spend the night and walk around to see what was going on. Not much except a very famous temple in Thailand which people say contains the most beautiful Buddha statue in the country, a basic English conversation (mine) with a little girl who was studying English at school and a Thai massage, or maybe is better described as a hard beating I got from a Thai lady, which made me lose consciousness as soon as I reached the hostel.

The next day, feeling refreshed, I took a new bus to Sukhothai, an hour trip to a town that contains the ruins of the first Thai kingdom of XIII century. I was going to catch a bus the same night to come directly to Chiang Mai, but after touring the ruins all day by bike my piles and my legs made me think it again, so I finally spent the night there.
Which brings us to Chiang Mai, where I am now, sitting in a hostel surrounded by blond super-cool farangs talking about their tours with elephants and their diving courses in Koh Pha Ngan.

I am planning a move for the days ahead that could end pretty well, before leaving Thailand and crossing into Laos. But that, my friends, as in a good soap opera swith a ‘to be continued’ in large letters at the end of the episode, it’s another story I will write about in the next post.