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Sri Lanka (III) para terminar

Sri Lanka es el más auténtico de todos los países que he recorrido estos últimos meses, cosa que no quita para que también canse. Mucho. Esos centímetros que nos gusta llamar ‘nuestro espacio personal’ aquí desaparecen. Detalles como que en los autobuses, dejando aparte la conducción temeraria, sigue entrando gente aunque ya vaya llenísimo y no les importa ir de pie a pesar de que el viaje sea de cinco horas. Eso sí, si es que vas sentado al lado del pasillo van a apoyarse en ti sin ningún problema y te van a dar guantazos a cada rato que alguien quiera pasar. Los monjes budistas no tienen problema pues los asientos de delante siempre están reservados para ellos. La jodida religión y sus ventajas…

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Sobre los cansinos de los conductores de tuk-tuks, nada más que añadir. Paciencia con ellos.

Pero a pesar de todo, la gente de Sri Lanka es muy simpática y servicial, siempre con la sonrisa en la cara y dispuestos a ayudar (si bien muchas veces queriendo ayudar te la lían). También requiere mención especial el movimiento de cuello que aquí todo el mundo hace al hablar. Una especie de afirmación-negación que te deja perplejo y sin saber si han respondido a tus preguntas de una o la otra manera.

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P1080868Empezamos nuestro tour en Jaffna, la ciudad más septentrional del país, cuna del movimiento Tamil durante la guerra civil. La más genuina de todas las ciudades donde he estado pues el turismo aún no ha llegado. Además tuvimos la suerte de llegar cuando se celebraba un festival hindú con todos los característicos tamiles pululando alrededor de un gran templo descalzos y con sus atuendos típicos. Para hacerse una idea: fui a entrar a dicho templo para ver que acontecía pero me instaron amigablemente a quitarme la camiseta y los pantalones y ponerme una especie de falda que los hombres llevan y que yo no tenía. Al final opté por retirarme y no enseñar mi peludo pecho palomo ni las canillas.

20150907_121318Por los alrededores de Jaffna se ve mucha policía y mucho ejército pues no hace demasiado que la guerra acabó. Dimos una vuelta en una moto alquilada y fueron tres las veces que el ejército nos detuvo en carreteras cortadas y tuvimos que volver por donde habíamos llegado.

Tras Jaffna nos dirigimos a las playas de Trincomalee, al este, donde se supone es temporada alta. Había turistas y las playas, habiendo estado en el paraíso, no nos dijeron nada. Lo único a destacar allí es un bonito y colorido templo hindú frente al mar.

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De ahí a Kandy, donde ya estuve el primer fin de semana para ver el Perahera y donde hicimos noche. A las seis de la mañana aporrean a la puerta vehementemente, me levanto medio dormido para ver que pasa y me encuentro con un hombre con una bandeja llena de tazas de té. ¿Un té señor? Aquí la hora del té te jode el sueño.

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Nurawa Eliya, conocida como la pequeña Inglaterra de Sri Lanka, fue nuestro cuarto destino, al que llegamos en un tren que recorría la zona montañosa del centro-sur del país, con paisajes llenos de plantaciones de té donde paisanos y paisanas recolectaban las hojas de esa bebida que un fulano, casi tirando la puerta de tu habitación abajo, te ofrece luego a las seis de la mañana en un hotel cualquiera.

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De ahí nos dirigimos al Parque Nacional Udawalawe para hacer un safari de elefantes. Aquí algunas fotos.

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Y por último llegamos a las playas del sur para relajar los músculos de tanta tensión y de esta dura vida del viajero.

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Ahora mismo estoy de vuelta en Colombo, donde pasaré las últimas jornadas de este gran viaje por tierras asiáticas. En un par de días haré aquí recapitulación de todo ello.

Sri Lanka is the most authentic country I have been in the last few months; anyway it is also a very exhausting country. Those centimeters we like to call ‘social distance’ here are inexistent. Things like in the buses, leaving apart the reckless driving, where people is still coming in although they are always full and they do not mind to stand the whole trip even if is of five hours. Anyway, if you happen to be sit next to the corridor people will not mind to lean on you and hit your head every time someone wants to pass by. Buddhist monks don`t have those problems as the front seats are always reserved for them. Religions and its benefits…

About the tedious tuk-tuk drivers I have no more to say. You have to be really patient with them.

But despite of everything, people in Sri Lanka is very nice and helpful, always with a smile in the face and willing to help you (even most of the times they do not help at all). It is also worth mentioning the special neck movement here everybody does while speaking. A kind of positive-negative statement which leaves you puzzled, not sure if they answer to your questions in one or the other way.

We started out tour in Jaffna, the most northern city in the country, cradle of the Tamil movement during the civil war. The most genuine of the cities I have been here, as tourism has not arrived yet. In addition we were lucky enough to arrive when a Hindu festival was held with all the characteristic Tamil people wandering around a huge temple barefoot and in their typical clothes. Just for you to imagine, I was ready to enter to the temple to check it out when some people nicely urged me to take out my t-shirt and pants and wear a kind of skirt men wear and that I didn’t have. Finally I opted to step away without showing my hairy pigeon’s chest and legs.

Por los alrededores de Jaffna se ve mucha policía y mucho ejército pues no hace demasiado que la guerra acabó. Dimos una vuelta en una moto alquilada y fueron tres las veces que el ejército nos detuvo en carreteras cortadas y tuvimos que volver por donde habíamos llegado.

Around Jaffna you can see a lot of policemen and army patrols as the end of the war is not far away in time. We rented a bike and drive around and three times we had to go back as the army had closed the road.

After Jaffna we went to Trincomalee, in the east, where it was supposed to be high season. There were some tourists and the beach, after visiting paradise, where nothing special for us. The only worthy spot was a nice and colorful Hindu temple in front of the sea.

From there we headed to Kandy, where I already was during my first weekend in the country for the Perahera festival, and were we slept one night. At six in the morning someone started banging the door vehemently, so I got up and went to check what was going on. I opened the door to see a guy carrying a tray full of cups of tea. Fancy a tea sir? Here tea time fucks your sleep.

Nurawa Eliya, known as Little England, was the fourth stop in our tour. We arrived by a train through the hill country, the south-central hilly area full landscapes of tea plantations where peasants were recollecting the leaves of that drink that later some guy offers you at six in the morning while trying to destroy the door of your room.

From there we headed to Udawalawe National Park to check out some elephants. There are some photos above.

And at last we arrived to the beaches in the south where we have relaxed out of this traveler tough life.

Right now I am back in Colombo, where I am going to spend the last days of my great trip around Asia. In a couple of days I will sum up here all these experiences.